Que Argentina sea uno de los países con mayor porcentaje de mujeres emprendedoras y que cada vez más mujeres ocupen cargos de poder no es algo azaroso. Es el resultado de una lucha por la igualdad y del desarrollo de nuestras habilidades naturales enfocadas en lograr el éxito de nuestros proyectos.
Lo veo a diario: las mujeres estamos enfocadas en capacitarnos, en nutrirnos, en hacer equipo para lograr un objetivo en común que es ser líderes.
Contamos con las herramientas necesarias; somos expertas en manejo de crisis y en adaptarnos a los cambios. Esto es una consecuencia positiva de las situaciones y presiones sociales, económicas y políticas que hemos vivido. Contamos con la habilidad de manejar procesos de cambio y tolerar incertidumbres y ambigüedades, fundamental para el éxito de cualquier empresa.
Las mujeres poseemos un mayor desarrollo de la inteligencia emocional; y sabemos construir muy buenos equipos de trabajo en los que sabemos que la motivación es fundamental. Por eso, hoy en día hay algunas organizaciones que prefieren a las mujeres para ciertas posiciones. En general son compañías que han experimentado los beneficios del liderazgo femenino y tienen fuertes políticas internas de apoyo a la diversidad de género.
Para entender este fenómeno es importante destacar las características que determinan el liderazgo femenino
Somos empáticas: sociables, expresivas y cercanas, lo que brinda mucho potencial a la hora de lograr compromisos, sea con los objetivos de la organización o en un proyecto en particular.
Somos cooperativas: esto hace que el trabajo en equipo sea más natural, siendo activas en la inclusión y conteniendo a las personas. También nos preocupamos porque los procesos sean ordenados y sanos.
Somos multitasking: contamos con la capacidad innata de pensar y actuar en muchas direcciones o temas al mismo tiempo. Esto es una ventaja a la hora de tomar decisiones y enfrentar crisis.
Conducción horizontal: el liderazgo femenino es inclusivo. Alentamos la participación y compartimos la información con aquellos a quienes conducimos. Tendemos a crear y fortalecer las identidades de grupo.
Somos emocionales: tenemos en cuenta el lado “humano” de las personas y generamos altos niveles de empatía.
Sabemos adaptarnos: somos innovadoras, con un firme sentido de la calidad, centrado en la persona, flexible, comunicativo y persuasivo.
Ese touch creativo, esa capacidad de liderar con solidaridad, con cooperación, tejiendo lazos afectivos y amorosos, es algo que las mujeres estamos destinadas a aportar en las organizaciones, en nuestros negocios y en el hogar.
Por Alejandra Leguizamón, experta en temas de emprendedurismo digital y fundadora de la comunidad de mujeres emprendedoras más grande del país, "Mamá Emprende"
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