Jina Khayyer pensaba que su nombre era bastante inusual. Pero en septiembre de 2022, ese nombre se convirtió en un grito colectivo para no olvidar a Mahsa Jina Amini, la joven kurda de 22 años asesinada por la policía de la moral. Ella no lo sabía, pero en kurdo Jina significa “fuente de vida”. Khayyer nació en Alemania hace 51 años, en una familia de origen iraní, y desde 2014 no volvió a pisar su país.
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Un libro hecho con las manos
De aquel impacto nació En el corazón del gato, publicado por Iperborea: una primera novela escrita y compuesta íntegramente a mano, que combina memorias, dibujos, recetas y relato familiar.
Es un libro que reúne registros muy diferentes —lo personal y lo político, la cocina y la historia, la ilustración y la prosa— porque la memoria de un país lejano no puede reconstruirse con una sola herramienta. Los dibujos aparecen en los márgenes de las páginas, las recetas se convierten en mapas afectivos y la escritura manual transforma el acto de escribir en un gesto físico, incluso antes de volverse narración.
Todo contribuye a mantener vivo un vínculo que la distancia geográfica y la historia interrumpieron. En este libro, la memoria no solo se cuenta: se cocina, se dibuja y se conserva.
Iperborea, En el corazón del gato
Iperborea, En el corazón del gato

La geografía de un gato
El título nace de una imagen que cualquiera que haya observado un mapa de Irán puede reconocer: visto desde arriba, el contorno del país recuerda a un gato agazapado. La oreja izquierda toca la frontera con Turquía, la derecha roza Azerbaiyán, el lomo se extiende hacia Afganistán y Turkmenistán, y el vientre descansa sobre el golfo de Omán.
En el pecho late el desierto, uno de los más calurosos del planeta. Al frente se encuentra Irak. Pero “en el corazón del gato” también remite a algo más difícil de cartografiar: un centro emocional al que solo se llega aceptando la posibilidad de resultar herida.
Es el lugar donde Khayyer guarda a las mujeres de su familia: tres generaciones, historias entrelazadas y vidas dedicadas a navegar entre libertades conquistadas y libertades revocadas.
Llevar un ejemplar de Vogue a Teherán
Uno de los episodios más reveladores de la novela gira en torno a una revista. En Irán, un ejemplar de Vogue escondido en el equipaje de una turista puede ser suficiente para provocar una detención.
No se trata de un detalle pintoresco: es la medida exacta de hasta qué punto el espacio de la feminidad —la imagen del cuerpo, el acceso a la moda, el derecho a mirar y a ser mirada— se convirtió en un territorio de control político.
Tres generaciones, una sola historia
Su hermana Roya nació en Teherán en la década de 1960, durante un período que su madre describía como una época de relativa apertura. Las mujeres habían obtenido el derecho al voto en 1963 y podían estudiar, graduarse y trabajar. Había médicas, abogadas, profesoras universitarias e incluso ministras.
Entre ellas se encontraba Farrokhroo Parsa, la primera mujer en ocupar el cargo de ministra de Educación, ejecutada en 1980 por el nuevo régimen.
Con la Revolución Islámica, todo cambió: la vestimenta se convirtió en una cuestión ideológica y los cuerpos de las mujeres volvieron a ser un territorio de negociación pública. La familia se trasladó a Europa. Tiempo después, Roya regresó, se casó con un iraní y tuvo una hija, Nika.
Jina visitó Irán por primera vez en el año 2000, cuando tenía 25 años. Ya en el avión experimentó una sensación de extrañeza: debía cubrirse, ocultar su silueta y medir cada gesto. Criada en otro lugar, llevaba consigo una libertad que allí no podía exhibir. Su hermana, en cambio, había aprendido a existir dentro de esos límites.
El de Khayyer es un libro sobre la distancia, pero no sobre la resignación. Es la historia de alguien que no puede regresar y elige no olvidar: reconstruye a través de las recetas el aroma de una cocina que ya no existe de la misma manera, dibuja a mano los rostros de quienes permanecieron y reúne las voces de mujeres que se transmitieron la resistencia como se transmite una receta.
“Intentan enterrarnos”, escribe. “No saben que somos semillas.”
Este artículo se publicó originalmente en MC Italia.
at redacción Marie Claire
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