Thursday 2 de April de 2026

SOCIEDAD | Hoy 08:58

Día del Autismo: el costo invisible de encajar en mujeres dentro del espectro

En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una mirada necesaria sobre el “maquillaje social” en mujeres dentro del espectro. Por Dilivan Querales, de Fundación Brincar.

Podría decirse que encajar suena, en principio, a algo deseable. A pertenecer, a moverse con naturalidad en un mundo compartido. Pero ¿qué pasa cuando encajar deja de ser una posibilidad y se convierte en una exigencia constante?

En el caso de muchas mujeres autistas, esa exigencia toma la forma de lo que hoy se conoce como masking o maquillaje social: un conjunto de estrategias aprendidas para ocultar, compensar o disimular rasgos propios con el objetivo de responder a lo que el entorno espera. No se trata de un recurso ocasional, sino muchas veces de una práctica sostenida durante años.

Existe un patrón que se repite: diagnósticos tardíos después de largos períodos de sobreesfuerzo invisible. No porque los rasgos no hayan estado presentes, sino porque muchas lograron —o necesitaron— adaptarse lo suficiente como para no ser identificadas dentro del espectro.

El punto, entonces, no es la existencia del masking, sino su costo. Sostener una adaptación constante puede implicar un trabajo cotidiano agotador: ensayar respuestas antes de hablar, imitar gestos o tonos de voz, forzar contacto visual incómodo o permanecer en entornos sensorialmente abrumadores sin expresar malestar. Todo eso, todos los días.

Con el tiempo, ese esfuerzo deja marcas. Ansiedad, agotamiento y burnout aparecen como consecuencias frecuentes, junto con una distancia creciente respecto de la propia forma de percibir el mundo. Cuanto más efectivo es el camuflaje, más invisible se vuelve el malestar.

En este proceso, el género no es un detalle. A las mujeres se nos enseña desde temprano a anticiparnos, a no incomodar, a leer al otro. En ese marco, no sorprende que muchas desarrollen estrategias de adaptación más sofisticadas, ni que eso contribuya a retrasar los diagnósticos.

La evidencia empieza a confirmar lo que durante años fue experiencia cotidiana: las mujeres presentan mayores niveles de camuflaje social, lo que impacta tanto en sus trayectorias diagnósticas como en su salud mental.

Hablar de maquillaje social no es sumar una etiqueta más, sino cambiar la mirada. Dejar de enfocarnos solo en cómo las personas se adaptan y empezar a preguntarnos qué tipo de entornos estamos construyendo.

Cuando aparecen espacios más informados, flexibles y disponibles a escuchar, el esfuerzo individual deja de ser la única respuesta posible. Y eso puede cambiarlo todo.

Nombrar el masking es también abrir una puerta: a diagnósticos más tempranos, a acompañamientos más ajustados y a vidas que no estén organizadas alrededor del esfuerzo por parecer. Quizás no se trate de dejar de encajar, sino de ampliar la idea misma de lo que significa hacerlo.

at redacción Marie Claire

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