Una de las experiencias más desconcertantes después de salir de un vínculo que te hacía daño es esta: lo extrañás. Y eso puede generar una vergüenza enorme, porque desde afuera parece incomprensible.
Si te hacía daño, ¿cómo podés extrañarlo?
La respuesta no tiene nada que ver con debilidad, ni con amor mal puesto, ni con que algo esté fundamentalmente roto en vos. Tiene que ver con la neurociencia.

Cuando el afecto y el daño se alternan de manera impredecible —cuando hay momentos muy buenos mezclados con momentos muy malos— el cerebro desarrolla algo que se llama vínculo traumático. Es el mismo mecanismo que vuelve adictivos a los juegos de azar: la incertidumbre sobre cuándo llega la recompensa mantiene al sistema de búsqueda permanentemente activo.
Lo que extrañás no es necesariamente a la persona real. Es el alivio. Es la versión de esa persona que aparecía en los buenos momentos. Es la intensidad emocional a la que te acostumbraste. Y eso puede sentirse exactamente igual que el amor. Pero no lo es.

El duelo por un vínculo abusivo tiene capas que otros duelos no tienen. Está el dolor de la pérdida. Está el enojo por el daño. Está la vergüenza de haber permanecido tanto tiempo. Y también está el extrañar algo que, al mismo tiempo, te hacía mal.
Todo eso puede existir a la vez. Y todo eso es válido.
Nombrar lo que duele no es glorificarlo. Es el primer paso para procesarlo.
Laura Müller —psicóloga, terapeuta de parejas y sexóloga (MN 42210)— es autora de Niebla, una guía para reconocer el abuso emocional y recuperar la claridad, con workbook incluido. Más información en su cuenta de Instagram: @lic.laura.muller.
at Laura Müller.
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