Thursday 20 de June de 2024

PERSONAJES | 11-12-2023 10:34

Estela de Carlotto: “No aceptamos un disimulo de democracia”

La búsqueda de los desaparecidos durante la última dictadura la convirtió en un símbolo de lucha y resistencia. A 40 años del retorno de la democracia, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo habla de su incansable labor por encontrar a los nietos que faltan, de su legado y del avance de los discursos negacionistas.

"¿Quién está buscando a su nieto, o tiene a su hija o nuera embarazada?”, preguntó un día de 1977 una Madre de Plaza de Mayo que, como cada jueves, circulaba en ronda frente a la Casa de Gobierno con un pañuelo blanco atado en la cabeza para reclamar por su hijo o hija desaparecido. Era una madre que buscaba, pero también era una abuela. Esa pregunta gestó de forma espontánea una de las asociaciones de lucha por los derechos humanos más relevantes del mundo.

Seis meses después de ese encuentro, el 22 de octubre de 1977, se fundó la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo y comenzó una lucha colectiva que continúa hasta hoy. Estela de Carlotto se sumó unos meses después. Buscaba a su hija Laura y a su nieto. Esta maestra de escuela y ama de casa de La Plata, que hoy tiene 93 años, dedicó su vida a la búsqueda de las 500 niñas y niños desaparecidos (la cifra es estimativa ya que las Fuerzas Armadas nunca dieron datos para saber la cantidad y el paradero de esos bebés robados) y se convirtió en una referente sobre derecho a la identidad en todo el mundo.

En 46 años de historia, las Abuelas de Plaza de Mayo profesionalizaron su búsqueda y por muchos años, junto a otros organismos de derechos humanos, fueron el motor de la lucha contra la impunidad. Por relatos de sobrevivientes, Estela pudo saber que Laura tuvo a su hijo en condiciones indignas, engrillada y encapuchada, que solo la dejaron estar con su bebé algunas horas y que dos meses después la asesinaron.
La espera más personal de Estela terminó el 5 de agosto de 2014 cuando fue restituida la identidad del nieto #114, el suyo: Ignacio Montoya Carlotto.

Estela de Carlotto
Documentos fotográficos de la lucha de las Abuelas en Plaza de Mayo frente a la policía montada. 

-En estos años de lucha, ¿pensaste en algún momento que no lo ibas a encontrar?
-Nunca. Siempre estuve convencida de que lo iba a recuperar, pero no sabía cuándo. Una vez caminando por una plaza me encontré un muñequito muy chiquito, era como un nene que me hizo acordar inmediatamente a él, sin conocerlo, claro. Me lo guardé porque fue una señal muy fuerte para mí. Desde ese día me dije que nos íbamos a volver a ver. Pasaron 36 años y finalmente sucedió. 


-¿Cómo lograste construir el vínculo con él?
-Fue muy bueno el encuentro y tenemos una hermosa relación. Cuando se presentó para hacerse los análisis de ADN, porque sospechaba que podría ser hijo de desaparecidos, llamó a la CoNaDI -la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad en donde trabaja mi hija Claudia-, le dieron un turno para sacarse sangre y mientras la enfermera lo atendía me vio en la televisión y dijo: “Si llegara a ser nieto desaparecido, quiero que mi abuela sea Estela” (risas). Y así fue. Él es un músico excelente. Cada día nos queremos y conocemos más, vive lejos (Olavarría a 300 kilómetros de Buenos Aires) pero con los medios de comunicación modernos está siempre cerquita. 

“Todas las cosas que digo y hago, a veces con cierto enojo, pero no con agresión, son parte de mí, siempre fui de ayudar al que perseguían”. 


-Ignacio es músico y vos siempre dijiste que tenés vocación de artista frustrada…
-(Interrumpe y ríe). Sí, así es. De joven me gustaba cantar, bailar, hacer obras de teatro en la escuela, también enseñarles a mis alumnos bailes criollos. No me da miedo estar arriba de un escenario, no sé lo que es el pánico escénico, es más me siento muy a gusto como si estuviera en mi casa con amigos. 


-¿Creés que tu experiencia como docente te ayudó a tender puentes en la lucha? 
-No, creo que lo que más me ayudó fue ser Estela, la misma de siempre, la que soy desde muy chiquita. Todas las cosas que digo y hago, a veces con cierto enojo, pero no con agresión, son parte de mí, siempre fui de ayudar al que perseguían. Recuerdo que a una compañerita de escuela de 5to. grado que tenía el pelo muy enrulado casi mota la burlaban mucho y yo siempre me enojaba con mis compañeros y les explicaba que no tenían que hacerla sufrir. Fui de proteger al que tenía necesidad que lo protegieran y luchar cuando tenía que luchar porque existía una injusticia. 

Estela de Carlotto
Estela en un espacio de la sede de Abuelas de Plaza de Mayo.


-¿Te fue difícil siendo mujer?
-Y bueno… El gobierno de facto nos decía viejas locas y que nos íbamos a cansar de caminar por la plaza. Estábamos locas, pero locas de amor, locas de dolor… A un hombre jamás le hubieran dicho algo así. En ese momento sólo queríamos tener noticias de nuestros nietos. 


-¿Sentiste miedo en algún momento?
-El primer día que fui a la Plaza de Mayo, porque estábamos rodeadas de armas, caballos, policías y camiones hidrantes. No quería ir y las que estaban más acostumbradas me animaban para sumarme, me tomaron del brazo y empecé. “Dame el brazo y no tengas miedo que no nos va a pasar nada”, fue siempre nuestra frase de bienvenida cuando llegaba alguna abuela nueva a la familia. Hoy creo que somos 10 abuelas en todo el país, no quiero ni pensarlo porque me pone triste.

 

“Hay gente que todavía está en la oscuridad, pero por suerte en su mayoría no sucede. Si hay alguien que me ofende, como es el caso de esta señora, pido que Dios la ayude algún día a tener un criterio menos rencoroso y malo”. 


-¿En qué te cambió lo que te pasó?
-En nada, puse en práctica lo que siempre fui. Soy paciente, educada, tranquila, pero cuando me provocan reacciono, no con brutalidad, sino con acción. No dejo pasar nada, tengo ese carácter.


-¿En algún momento pensaste en bajar los brazos?
-Sí, en una oportunidad al principio, no recuerdo bien el porqué, pero llegué a mi casa y le dije a mi marido que no iba más a la plaza. Algo me había molestado, me había dolido. Mi esposo me dijo que siga porque me convenció de que me necesitaban. Él fue un gran apoyo en mi vida y en mi lucha.


- Ya lograron restituir la identidad de 133 nietos, pero aún faltan alrededor de 300, ¿cómo imaginás el futuro de la búsqueda?
-Felizmente esa tarea la han tomado los nietos y los hermanos de los que siguen buscando, y me parece maravilloso porque tienen una visión moderna y están preparados para usar los nuevos recursos. Son chicos muy sanos y siempre nos consultan por todo a las dos abuelas que seguimos en la Comisión Directiva. Cuando nosotras no estemos más, ellos van a seguir luchando para encontrar a los que faltan.

Estela de Carlotto
Estela con una foto del reencuentro con su nieto, Ignacio. 


-¿El premio Nobel de la Paz sigue siendo un reconocimiento pendiente para Abuelas de Plaza de Mayo?
-Sería un honor enorme recibirlo, significaría un reconocimiento mundial por el trabajo que hicimos estos 46 años, pero bueno, yo irónicamente digo que cada nieto recuperado es como un Nobel. No hay mejor premio que sumar un nieto a la lista. 


-¿Cómo vivís este momento político del país con el avance de la derecha y los discursos negacionistas?
-Aprendimos que no vamos a permitir un nuevo golpe de estado claro o oscuro, porque a veces los políticos por el poder en sí mismo se vuelven tiranos, así que ni siquiera queremos un disimulo de democracia, deseamos una con todas las letras y para siempre. Hay gente que todavía está en la oscuridad, pero por suerte en su mayoría no sucede. Si hay alguien que me ofende, como es el caso de esta señora que habló sobre mí (N. de la R.: se refiere a la electa vicepresidenta Victoria Villarruel), pido que Dios la ayude algún día a tener un criterio menos rencoroso y malo. Eso no me afecta, me da lástima que todavía estén en la oscuridad. Lo que sigue es la lucha, vamos a seguir a ultranza buscando a los nietos que faltan. 


-¿Cómo es tu vida hoy?
-Estoy muy activa y lúcida, en cuanto pierda la mente me tendré que quedar en mi casa (risas). Tengo casi 93 años, dificultad para caminar y muchas ñañas propias de la vejez, pero mi juventud interna todavía está intacta y se nutre de los jóvenes que son parte de Abuelas. Como soy presidenta de la asociación, siempre tengo cosas por hacer, también estoy mucho tiempo en mi casa en el barrio Tolosa de La Plata, me gustan las plantas, llevo una vida sencilla con mis hijos y nietos y, además, viajo mucho, pero realmente me canso y los médicos me aconsejan parar un poco. 


-¿Alguna vez pensaste qué pensaría tu hija de lo que lograste?
-Laura me conocía muy bien y a las compañeras de secuestro les dijo: “Mi mamá no les va a perdonar lo que me están haciendo y los va a perseguir mientras viva”. Ella sabía que su sufrimiento se había hecho carne también en mi persona. Y así fue, tal como ella imaginó. 

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