jueves 29 de septiembre de 2022

MODA | 15-03-2022 08:02

Nueva York, París, Londres y Milán: todo lo que pasó en las últimas semanas de la moda

¿Qué ocurre cuando la confianza de un futuro que está en nuestras manos se rompe? ¿Cuándo ni las mejores inteligencias artificiales que se han creado pueden salvarnos de lo errático? En un mundo como el nuestro, lo impredecible destruye a las masas, así que nos atajamos… no importa a que, mientras lo conozcamos.

La aparición del Covid-19 desestabilizó cualquier verdad que creímos haber tenido y el 2021 fue tan solo una víctima más de ese evento que abatió a la sociedad tanto a nivel económico como social. Hoy en día los efectos pospandemicos se ven reflejados hasta en las últimas colecciones que presentaron los diseñadores para la temporada de otoño/invierno 2022 en las diferentes capitales de la moda, entre ellas: Nueva York, Londres, Milán y París.

Desde las firmas más reconocidas hasta aquellas emergentes, tuvieron dos puntos en común durante sus presentaciones. Por un lado, el hedonismo salvaje de querer aplacar la tristeza con color, textura y una necesidad insaciable de celebración; como así también la otra cara de la moneda mucho más temerosa e insegura, con tipologías maxi y cubritivas, que gritan el paso prohibido hacia el espacio personal.

NUEVA YORK

Después de dos años con espectáculos híbridos, cortometrajes, videojuegos y muchas redes sociales, el calendario de la Semana de la moda se completó otra vez, siendo Nueva York la encargada de dar la bienvenida. Brandon Maxwell, Helmut Lang, Carolina Herrera y Michael Kors fueron algunos de los que aprovecharon la oportunidad de volver a los desfiles convencionales, pero se destacaron por no tirarse de lleno al vacío.

El futurismo orgánico fue el protagonista con sus paletas de colores acromáticas y de tonos neutros, los volúmenes cobraron importancia y la multifuncionalidad de las prendas fueron el objetivo principal de estas colecciones, sin embargo, un leve ánimo por ir más allá se dejó ver entre líneas. Acentos de colores prepotentes aparecieron en piezas específicas, pero siempre con una mano adelante y otra atrás; apenas revelando un escote, algunos brillos o un volado de más.

 

Desfiles

 

LONDRES

El formato que eligió Londres nos lleva al otro extremo para estremecernos, fue a por todo y no dejó que se le escapara nada. Empapado de géneros lánguidos y adherentes o rígidos y voluminosos, texturas táctiles y visuales fueron solo más de los detalles que nos ofrecieron Simone Rocha, Bora Aksu, Labrum London y Toga en sus obras de energía en estado puro.

Pero la verdadera estrella fue el incesante fetiche a los tonos rojizos y rosados que estallaron durante el espectáculo de Richard Quinn, combinándolo en estampados digitales y siluetas que yuxtaponen la suavidad y la fortaleza de lo femenino, generando un recorrido visual que no desemboca en otro concepto que no sea lo audaz.

 

Desfiles

MILÁN

Milán se presentó como un caso aparte para robarse todas las miradas, donde sus versiones más cubritivas no fueron exactamente sinónimo de lo inadvertido; creando así su propia guía de cómo sobrellevar una pandemia que aún no termina, pero haciéndola fashionista.

Se destacaron una serie de siluetas cautivadoras para cualquier público, desde maxi abrigos hasta minivestidos de fiesta. Los recortes insinuantes que dejan ver la piel fueron programados para el invierno y se dejaron impregnar por el brillo vanguardista, cortesía de Alberta Ferretti, Ambush, Bottega Veneta, Missoni y algunos más que se sumaron a la causa reveladora.

El debate de las dos caras unidas por los tonos enérgicos fueron el foco de atención, materializando la tensión hedonista a partir de la exploración de arquetipos que fueron diseccionados y reconstruidos en otro orden. Desfilaron colores ácidos, tejidos artesanales y texturas añadidas que de alguna manera no desentonaron en ningún momento, sino más bien reforzaron la idea que Glenn Martens de Diesel compartió con Tim Blanks de BoF la temporada pasada: “el objetivo de los espectáculos físicos es traer un poco de drama”.

 

Desfiles

 

PARÍS

Con Paris, podemos decir que el calendario cierra volviendo a su antigua gloria. La elegancia suprema se refleja en el punto exacto de la intersección entre lo reprimido y lo salvaje; permitiéndonos avanzar hacia eso que venimos denominando la nueva “normalidad”.

Los elementos geométricos cobraron gran importancia, siendo el medio por el cual todos los conjuntos se elevaron. Lo cubritivo se reveló de los tonos neutros para incorporar acentos de color, los estampados se dejaron para la noche y la mezcla de texturas para el día. Todo en su justa medida.

El resultado final nos declara que ni las vacunas ni las mejores vitaminas son capaces de evadir el hecho de que la naturaleza tiene el poder de generar un antes y un después en nuestras vidas. Nos encontramos al servicio del universo y como si fuera poco, la moda se encarga de aminorarnos la situación.

Es en ese momento donde lo ciclotímico juega a nuestro favor, otorgándonos el libre albedrío sobre la comodidad de su usuario, entendiendo los tiempos psicológicos y emocionales que conlleva la vuelta a la normalidad, como a su vez la necesidad urgente de ser quien fuimos.

La narrativa de Nueva York y Londres tiende a implicar muchas preocupaciones sobre el futuro de la industria, volviendo a un ritmo ansioso e incierto. Pero los padres de la moda, Milan y París vuelven para tranquilizarnos; las marcas más importantes están en una buena racha colectiva y sin desesperar, se hacen cargo de la situación.

La moda es historia, un testimonio vivo que no abandona ningún escenario y el Covid-19 no iba a ser la excepción. Hoy nos encontramos en aquel punto, donde convergen lo mejor de dos mundos.

 

Desfiles

 

Arte: Catalina Deza

at Mélanie Read

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