Monday 28 de September de 2026

MODA | Hoy 15:43

Milán Fashion Week Primavera-Verano 2027: las tendencias que marcaron la semana

Después de varias temporadas atravesadas por cambios de dirección creativa, Milán parece haber encontrado un nuevo ritmo. De Prada y Fendi a Gucci, Bottega Veneta y Giorgio Armani, las colecciones Primavera-Verano 2027 hablan de una moda más libre, donde el cuerpo, las proporciones y los códigos históricos de cada casa encuentran nuevas formas de expresión.

Milán Fashion Week Primavera-Verano 2027 deja una temporada que parece haber encontrado su propio ritmo entre la precisión y el instinto. Después de varias temporadas atravesadas por cambios de dirección creativa, las colecciones comienzan a hablar con mayor claridad. No desde una tendencia única, sino desde una manera distinta de relacionarse con la ropa, con el cuerpo y con los códigos que durante décadas construyeron la idea del estilo italiano.

La falda ocupa uno de los lugares centrales. Prada decidió llevar esta idea hasta sus últimas consecuencias con una colección de 63 looks construidos alrededor de esta prenda, que exploraron desde siluetas lápiz hasta plisados, transparencias, cuero, pedrería y volúmenes inesperados. Las faldas estuvieron acompañadas por prendas tan distintas como suéteres, camisas y pequeños tops, demostrando cómo una misma pieza puede cambiar por completo dependiendo de aquello que se coloque alrededor.

 

Milán Fashion Week

 

Al mismo tiempo, la ropa interior comenzó a perder esa frontera que normalmente la mantiene debajo del resto del guardarropa. Fendi la llevó hacia la superficie con encajes, transparencias y capas ligeras, mientras otras colecciones recurrieron a bras, bralettes y prendas mínimas para construir siluetas donde el cuerpo forma parte de la composición. No como un recurso aislado de sensualidad, sino como otra manera de modificar las proporciones y hacer que una prenda cotidiana adquiera una nueva lectura.

El volumen también encontró nuevas proporciones. Bottega Veneta trabajó con abrigos y chaquetas amplias, enfrentándolos con piernas más estrechas y líneas slim. Así, el oversize deja de sentirse pesado y comienza a funcionar como una cuestión de equilibrio. Jil Sander, en tanto, introdujo pliegues, superficies arrugadas y formas que conservan una precisión casi arquitectónica, aun cuando parecen haber perdido parte de la rigidez tradicionalmente asociada al minimalismo.

 

Milán Fashion Week

 

La monocromía aparece también como una herramienta para mirar la ropa de otra manera. Cuando varias piezas comparten un mismo tono, las diferencias empiezan a encontrarse en las proporciones, las texturas y los materiales. El color deja de competir con la construcción y permite que una manga, un hombro, una pierna o una superficie de flecos adquieran protagonismo. Algo especialmente visible en Bottega Veneta, donde los distintos acabados parecen cobrar vida con el movimiento.

Y el movimiento fue otra de las constantes de la semana. Flecos, transparencias, capas ligeras y superficies capaces de reaccionar al cuerpo aparecieron en distintas colecciones. Etro llevó sus códigos bohemios hacia vestidos vaporosos y tejidos que acompañan el desplazamiento, mientras Bottega Veneta convirtió los flecos en una parte fundamental de su lenguaje, trabajándolos en diferentes materiales hasta hacer que la ropa pareciera continuar más allá de su propia silueta.

 

Milán Fashion Week

 

La sensualidad regresó con una actitud distinta. Gucci apostó por siluetas más estrechas, cuero y botas altas, recuperando una energía vinculada con la historia más provocadora de la casa. Prada dejó pequeños tops y bralettes contrastar con sus faldas; Fendi llevó el lenguaje de la lencería hacia el exterior y Dolce & Gabbana volvió a mirar hacia Sicilia desde una perspectiva de encaje y piel. Distintas interpretaciones que coinciden en algo muy concreto: el cuerpo vuelve a ocupar espacio dentro de la moda italiana.

Pero la sensualidad no fue el único territorio donde apareció una nueva libertad. También cambió la manera de entender la sofisticación. Max Mara mantuvo su precisión característica desde una perspectiva relajada; Marni trabajó con prendas conocidas de la casa para alterarlas, estirarlas y llevarlas hacia combinaciones inesperadas, mientras Jil Sander permitió que la imperfección formara parte de una estética que durante mucho tiempo había dependido de la limpieza absoluta.

 

Milán Fashion Week

 

La sofisticación empieza así a convivir con algo más espontáneo: una camisa puede parecer recién sacada del armario, una chaqueta puede perder su simetría perfecta y un vestido puede conservar su elegancia incluso cuando deja ver las marcas de su construcción.

Marni encontró una de las expresiones más claras de esta actitud. Meryll Rogge continúa construyendo su relación con la casa a partir de sus códigos existentes, trabajando con shift dresses, car coats, estampados, joyería de gran escala y botas para conseguir que la identidad de Marni avance sin necesidad de abandonar aquello que ya la hacía reconocible.

Incluso la relación entre la moda y la ciudad estuvo presente durante la semana. Moschino convirtió el debut de Loris Messina y Simone Rizzo al frente de la casa en una nueva declaración de intenciones, mientras Vogue World: Milano llevó el Made in Italy a la Galleria Vittorio Emanuele II. Artesanía, moda, sastrería, referencias cinematográficas y tecnología se encontraron en un espectáculo pensado alrededor del trabajo artesanal y el valor del gesto humano en tiempos de inteligencia artificial.

La moda dejó por momentos el espacio controlado de la pasarela para encontrarse con las personas, con la calle y con la historia de la ciudad.

Giorgio Armani cerró la semana desde la idea de evolución. Bajo la dirección creativa de Silvana Armani, la colección volvió sobre códigos fundamentales de la casa —sastrería fluida, hombros definidos, siluetas alargadas y superficies iluminadas por reflejos— para demostrar que preservar una identidad no necesariamente significa mantenerla intacta.

 

Milán Fashion Week

 

Después de una semana en la que tantas casas parecieron buscar nuevas maneras de relacionarse con sus propias identidades, Milán Primavera-Verano 2027 termina hablando de libertad. Pero de una libertad concreta: visible en una falda que puede convertirse en el centro de un guardarropa, en una prenda interior que sale a la superficie, en un abrigo amplio acompañado por una pierna estrecha, en unos flecos que se mueven con cada paso o en una silueta perfectamente construida que acepta una arruga.

La moda italiana parece menos interesada en imponer una fórmula y más dispuesta a dejar que cada prenda encuentre su propia manera de ser llevada.

Galería de imágenes

Accedé a los beneficios para suscriptores

  • Contenidos exclusivos
  • Sorteos
  • Descuentos en publicaciones
  • Participación en los eventos organizados por Editorial Perfil.

En esta Nota

Comentarios