El esperado debut de Demna en Gucci marca un punto de inflexión para la casa italiana. Más que una colección, Otoño/Invierno 2026 funciona como declaración de principios: rescatar los códigos históricos de la marca y filtrarlos a través de una mirada contemporánea, audaz y profundamente identitaria.
En una locación monumental atravesada por referencias escultóricas que evocan el Renacimiento florentino, el diseñador construyó un relato donde pasado y presente dialogan sin nostalgia. La inspiración en Botticelli se traduce en siluetas escultóricas, drapeados calibrados y un vestido blanco etéreo que remite a la Venus clásica, reinterpretada con materiales tecnológicos y acabados actuales.
Pero si el Renacimiento aporta solemnidad, los años ’90 y los primeros 2000 introducen actitud. Regresan los cinturones con doble G, las gafas máscara, las medias logadas y una sensualidad explícita que mira sin pudor al archivo tomfordiano. El mítico G-string dress reaparece reinterpretado, cerrando el desfile con una Kate Moss que condensa nostalgia y provocación en partes iguales.
La paleta oscila entre blancos y negros rotundos y tonos saturados como rojo y azul, mientras los tejidos laminados, cristalizados y ultra stretch refuerzan esa estética super-fashion que hizo de Gucci un objeto de deseo global. Costuras visibles, transparencias medidas y aplicaciones de espíritu couture revelan la voluntad de conjugar espectáculo y savoir-faire artesanal.
Los accesorios —botas puntiagudas, bolsos rígidos ladylike, riñoneras múltiples y calzado técnico— se perfilan como futuros best sellers. La logomanía reaparece no como recurso nostálgico, sino como símbolo identitario. La icónica estampa Flora resurge como metáfora de renacimiento y síntesis.
“Gucci debe convertirse en un sentimiento”, afirmó el diseñador. La frase resume la ambición de este nuevo ciclo: trascender el producto para instalar una narrativa cultural. En su visión, la Gucciness no es solo un conjunto de códigos estéticos, sino un estado emocional hecho de drama, deseo, contradicción y memoria.
Entre archivo y vanguardia, Gucci vuelve a posicionarse como espejo de su tiempo. Porque en esta nueva etapa, el lujo no es solo lo que se lleva: es la forma en que se siente.
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