Durante el Mundial 2026, los estadios, los túneles, las concentraciones y hasta los aeropuertos se transformaron en escenarios de moda. Antes de que empezaran los partidos, los futbolistas ya estaban comunicando algo a través de sus prendas: identidad, pertenencia, personalidad y, en algunos casos, una estudiada indiferencia frente a las reglas tradicionales del vestuario deportivo.
La relación entre fútbol y moda no es nueva, pero alcanzó otra dimensión durante esta Copa del Mundo. Las principales marcas deportivas ampliaron sus propuestas con colecciones pensadas para usar fuera de la cancha, mientras diseñadores, firmas independientes y casas de lujo encontraron en las selecciones y sus figuras una plataforma cultural de alcance global.
Desde el lujo silencioso de Lionel Messi hasta la extravagancia de Erling Haaland, estos fueron los diez momentos en los que la indumentaria consiguió competir por la atención con el resultado de los partidos.
1. Erling Haaland y el inesperado mapache que se volvió viral
Erling Haaland volvió a demostrar que su estilo personal se construye lejos de cualquier manual. Después de la eliminación de Noruega frente a Inglaterra, el delantero regresó a Oslo con un tote Sicily de Dolce & Gabbana, perteneciente a la colección masculina Spring 2027 de la firma italiana.
Sin embargo, el bolso quedó rápidamente en segundo plano. Haaland también llevaba un mapache embalsamado, comprado en una tienda del oeste estadounidense en Dallas. El objeto, bautizado comercialmente como Whiskey Raccoon, terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos más inesperados y comentados del torneo.
Más que un accesorio convencional, la elección funcionó como una extensión del humor y la excentricidad que el futbolista suele mostrar fuera del campo. Haaland no intentó pasar inadvertido: transformó su llegada en una escena de moda surrealista.
2. Lionel Messi y el poder de un bolso Hermès
En el extremo opuesto apareció Lionel Messi. En una de sus llegadas durante el Mundial, el capitán argentino eligió un conjunto relajado y lo acompañó con un bolso Hermès, una pieza que condensó su manera de vincularse con la moda: discreta, funcional y sin gestos estridentes.
El accesorio se integró al look sin convertirse deliberadamente en el centro de la escena. Sin embargo, su presencia confirmó una tendencia que atravesó todo el torneo: las carteras y los bolsos de alta gama dejaron de ser patrimonio exclusivo de las celebridades del entretenimiento para incorporarse definitivamente al vestuario masculino de los futbolistas.
Hermès fue una de las maisons más visibles en las llegadas de las grandes figuras, dentro de una estética que reemplaza los logos evidentes por materiales, formas y códigos reconocibles para quienes conocen la moda.

3. Lumumba Vea, el hincha que convirtió la quietud en un símbolo
Uno de los personajes más inolvidables del Mundial fue Michel Kuka Mboladinga, conocido como Lumumba Vea. El hincha de la República Democrática del Congo permanecía inmóvil durante los partidos, vestido con traje y corbata y con un brazo levantado.
Su postura reproduce la estatua de Patrice Lumumba, líder de la independencia congoleña y primer ministro del país en 1960. La elección de la ropa, los colores y el gesto corporal convirtió cada una de sus apariciones en una performance cargada de significado político, histórico y emocional.
En un torneo dominado por los estímulos permanentes, Lumumba Vea consiguió destacarse haciendo exactamente lo contrario: quedándose quieto. Su imagen recordó que la moda también puede funcionar como memoria colectiva y como una herramienta para narrar la historia de un país.
4. La selección congoleña y una llegada atravesada por la identidad
La República Democrática del Congo también produjo uno de los ingresos más estilizados de la competencia. Los jugadores llegaron vestidos con trajes negros clásicos, camisas blancas y corbatas oscuras, pero incorporaron una banda cruzada con estampado de leopardo.
El motivo hacía referencia a uno de los símbolos más reconocibles del país y se repetía en bolsos y accesorios. El conjunto se completaba con un broche dorado en forma de leopardo que sostenía una perla.
La propuesta encontró un equilibrio entre formalidad e identidad nacional. No se trataba simplemente de vestir a todos los integrantes de la selección de la misma manera, sino de construir una imagen colectiva que pudiera ser reconocida inmediatamente. El gesto adquirió todavía más importancia en el regreso del país a un Mundial después de más de cinco décadas.
5. Los botines rosados que dominaron la cancha
El rosa fluorescente fue uno de los colores indiscutidos del torneo. Desde los primeros encuentros, futbolistas de distintas selecciones aparecieron con botines fucsias, magenta y rosa eléctrico, que contrastaban con el verde del campo y podían reconocerse incluso en los planos más abiertos de las transmisiones.
Nike impulsó el color a través de su colección Breakout, mientras que adidas presentó tonalidades cercanas al rojo solar y al rosa intenso dentro de su propuesta Road to Glory. Otras marcas también acompañaron el fenómeno, hasta transformar el tono en un código visual compartido.
La tendencia terminó desarmando definitivamente cualquier asociación rígida entre el rosa y un género determinado. En el Mundial 2026, el fucsia fue sinónimo de velocidad, visibilidad y rendimiento.

6. Thrasher x Argentina: cuando el fútbol se encontró con el skate
Una de las colaboraciones más inesperadas fue la unión entre adidas Originals, la selección argentina y Thrasher, la revista que se convirtió en un emblema global de la cultura del skate.
La camiseta combinó negro y azul con una estética que se alejaba del diseño tradicional de la indumentaria de fútbol. El resultado fue una pieza pensada para circular tanto en las tribunas como en la calle, conectando dos universos que comparten códigos de pertenencia, comunidades apasionadas y una fuerte relación con la cultura urbana.
La colaboración confirmó una de las estrategias más visibles del Mundial: las camisetas ya no se presentan únicamente como indumentaria deportiva, sino como prendas de moda capaces de sobrevivir al torneo y formar parte del guardarropa cotidiano.
7. Francia, Jacquemus y Nike: una nueva interpretación del uniforme
La colección Les Bleus by Jacquemus, desarrollada junto con Nike y la selección francesa, fue otra de las alianzas más comentadas. Simon Porte Jacquemus trasladó su sensibilidad mediterránea y su mirada sobre los códigos franceses al universo deportivo.
La propuesta incluyó camperas para el himno, conjuntos de entrenamiento, camisetas prematch para adultos y chicos, una camiseta de arquero y una versión de las zapatillas Nike Cryoshot. El azul, el blanco y el rojo aparecieron reinterpretados mediante líneas limpias, proporciones contemporáneas y referencias al diseño vintage.
La colección también rindió homenaje a Sport dans la Ville, una organización francesa que trabaja con jóvenes a través del deporte. Más que intervenir una camiseta, Jacquemus construyó un guardarropa completo alrededor de la selección.

8. L’Haitiana, la colección que celebró la cultura de Haití
La diseñadora Stella Jean presentó L’Haitiana, una cápsula inspirada en Haití que llevó los colores y símbolos de su selección hacia un terreno más cercano a la moda de autor.
La propuesta incluyó tres versiones de la camiseta haitiana, reinterpretadas como polos y vestidos remera. Las prendas combinaron texturas trabajadas, colores intensos y materiales vinculados con la tradición visual del Caribe.
La campaña, ambientada junto a una pileta y construida con una estética retro, se alejó de la solemnidad habitual de las fotografías deportivas. El resultado mostró que la identidad de una selección puede expresarse más allá de la réplica exacta de su camiseta oficial.
9. Ghana y una camiseta que convirtió el folklore en diseño
La camiseta local de Ghana para 2026 fue otra de las piezas destacadas. Sobre una base blanca, el diseño incorporó una trama inspirada en las historias y los símbolos que rodean al kente, el tradicional tejido ghanés.
La estrella negra, emblema de la selección, ocupó un lugar central, mientras que los detalles en los colores nacionales aportaron contraste. El diseño combinó referencias culturales con las exigencias técnicas de una prenda deportiva contemporánea.
Además, la versión réplica fue confeccionada con al menos un 95 % de materiales textiles reciclados dentro del programa RE de Puma. La camiseta consiguió contar una historia local sin renunciar a la innovación deportiva.

10. Gabriela Hearst y los uniformes de Uruguay fuera de la cancha
El cierre llegó de la mano de Gabriela Hearst, quien diseñó los uniformes oficiales que la selección uruguaya utilizó fuera del terreno de juego.
La diseñadora trabajó con lana merino uruguaya recuperada y confección italiana, uniendo materias primas vinculadas con su país de origen con una construcción precisa y contemporánea. La propuesta puso el foco en la calidad, la durabilidad y la trazabilidad de los materiales.
En lugar de buscar una imagen deportiva evidente, Hearst construyó un vestuario sobrio que podía existir también fuera del contexto del Mundial. La alianza mostró cómo una selección puede representar a su país no solo mediante los colores de su camiseta, sino también a través de sus oficios, sus materias primas y su tradición productiva.

at redacción Marie Claire
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