domingo 26 de enero de 2020

MODA | Hace 3 semanas

Conocé el curioso origen monárquico de los vestidos de novia blancos

El blanco no siempre fue el color para vestirse de novia y una vez más la reina Victoria de Inglaterra tiene la “culpa”.

Todo tiene un principio. A veces damos como adquirido que lo que conocemos siempre ha sido así desde el comienzo de los tiempos y la mayoría de las veces ese pensamiento no corresponde a la realidad. Es justo lo que ocurre con la tradición de vestir de blanco en el día de la boda. Hasta el siglo XIX el color predominante para las celebraciones eclesiásticas entre la realeza era el rojo, hasta que llegó la primera gran influencer de la historia: la reina Victoria de Inglaterra.

La soberana británica, una de las más longevas de todos los tiempos, hizo dos grandes aportes al mundo de la moda y las dos son extremas y antagónicas, pero adecuadas cada una para su momento. La primera fue poner de moda el blanco en la moda nupcial y la segunda, que el look total black fuera utilizado para el luto. Ambas tradiciones siguen vigentes a día de hoy lo que demuestra el poder de atracción y el gran carisma de la reina que dio nombre a toda una era: la victoriana.

Según las crónicas reales, Su Graciosa Majestad vistió en lo que describiría como “el día más feliz de mi vida” un vestido blanco confeccionado con seda satinada color crema de Spitalfields. Era un vestido de  cintura estrecha y adornos de encaje, algo que sigue siendo de la predilección de muchas novias en occidente a día de hoy. Las demás cortes europeas, siempre con un ojo en la inglesa, empezaron a imitar a la reina Victoria, y no hubo reina y emperatriz que no la imitara.

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Sin embargo, la popularidad a gran escala solo llegó después de la II Guerra Mundial. La boda de Grace de Mónaco- nacida Gracia Patricia Kelly- en 1956 con el príncipe Rainiero dio la vuelta al mundo y ayudó a afianzar el blanco como color matrimonial. A partir de entonces, y con el surgir de muchas publicaciones de moda y de sociedad cuyo público objetivo era predominantemente femenino, la clase media empezó a tener acceso a las fotografías de las bodas de los miembros de la realeza y de las celebridades.

El blanco ya era el color de las novias occidentales. Solo faltaba conquistar el resto del mundo. Una vez más el mundo miró a Gran Bretaña en 1981. Carlos, príncipe de Gales, contraía matrimonio con una jovencísima Diana Spencer, quien portaba unos de los trajes de novia más espectaculares de todos los tiempos, confeccionado por David y Elizabeth Emanuel. Más de 750 millones de personas vieron a la real pareja darse el “sí, quiero” y de esa manera el blanco se convirtió en una tendencia mundial. Y después de todo, aún hay quien sigue dudando de la utilidad de una monarquía.

 

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