El termómetro marcaba esa humedad pegajosa que solo Miami sabe producir cuando llegué a Collins Avenue. El asfalto devolvía el calor como una plancha, el aire acondicionado de los taxis ya no alcanzaba y el aire, espeso, se metía en cada respiración antes de bajar del auto. Fue en ese punto exacto de agotamiento —cuando el cuerpo empieza a pedir tregua y la cabeza solo piensa en sombra— que crucé la entrada de The Palms Hotel & Spa y todo cambió de temperatura, literal y emocionalmente.
No exagero si digo que el ingreso funciona como un umbral. Afuera, la Miami Beach turística y acelerada, de bocinas y sol a pleno; adentro, un jardín tropical que parece devorar al edificio de líneas Art Decó. Las hojas de palmera tapan el sol, el lobby respira frescura natural bajo una araña de luces que cuelga del techo como una cascada dorada, y hasta el ruido de la ciudad se apaga de golpe. Entendí ahí por qué el hotel se define a sí mismo bajo el concepto de "total well-being, inspired by nature": no es un eslogan, es lo primero que el cuerpo percibe.
Lo que hoy es un refugio de bienestar nació en 1940 como una joya del Art Decó, diseñada por el reconocido arquitecto Roy F. France. Pasó por varias vidas —resort de invierno que prometía "el encanto de una isla tropical" en los años 50, Miami Beach Ocean Resort en 1992, The Palms South Beach en 2001— hasta renacer en 2010 como The Palms Hotel & Spa, la versión inspirada en la naturaleza que hoy recibe a viajeros de todo el mundo. Caminar por sus jardines es, de alguna manera, caminar por ocho décadas de historia de Miami Beach sin perder ni un poco de sofisticación. Es, además, un hotel familiar: lleva más de 30 años operado por la misma familia, algo poco frecuente en una avenida dominada por grandes cadenas.
Subir a la habitación fue otro respiro. Ventanales de piso a techo que se abren al Atlántico, una ducha tipo lluvia que imita la de un spa y una paleta de colores en tonos arena y celeste que replica, puertas adentro, el paisaje que se ve afuera. No hace falta salir para sentir que uno está frente al mar: la vista panorámica hace todo el trabajo. Ahí entendí por qué The Palms tiene el sello AAA Four Diamond y por qué integra la colección Preferred Hotels & Resorts, que agrupa a más de 600 hoteles de lujo independientes en el mundo.
Frente al mar, la pileta se convirtió en mi primer refugio real: chaise longues blancas, sombrillas a rayas turquesa y un tiki bar con techo de paja que sirve cócteles clásicos a metros de la arena. El océano Atlántico, apenas unos pasos más allá, completaba el paisaje. Ahí entendí la otra frase que el hotel repite en su comunicación: "slow luxury". Nada apura. Se almuerza sin mirar el reloj, se nada sin agenda, se cruza del agua salada a la pileta y de la pileta a una hamaca bajo las palmeras, en ese ida y vuelta perezoso que en Miami parece casi un lujo prohibido.
Para el mediodía más caluroso, elegí Essensia, el restaurante insignia del hotel, reconocido por Slow Food Miami desde 2011 por su cocina natural y de proximidad. Un ceviche fresco, servido en una terraza con vista a los jardines tropicales y la pileta, fue la mejor respuesta posible al clima: liviano, sabroso, con productos de Florida cuando la temporada lo permite. Más tarde, ya con la tarde cayendo, un pulpo a la parrilla en la barra de Essensia, con cócteles de autor de por medio, terminó de convencerme de que la cocina acá no busca impresionar con etiquetas de moda, sino con honestidad de producto.
Por la tarde, el calor se combatió de otra forma: en The Palms Spa by AVEDA, entre cabañas de bambú escondidas en la vegetación y rituales ayurvédicos con productos de origen botánico. El silencio ahí adentro es casi absoluto, apenas roto por agua corriendo y algún pájaro. Las clases diarias de yoga y meditación, gratuitas para los huéspedes, terminaron de bajar el ritmo cardíaco que Miami suele acelerar. No hace falta ser un gran practicante: alcanza con sentarse en el jardín al amanecer, con la humedad todavía baja, para entender por qué el hotel insiste tanto en el bienestar como eje central de la experiencia.
Sustentabilidad como columna vertebral
Lo que más me quedó grabado, sin embargo, no fue solo el confort. Fue descubrir que detrás de cada detalle hay una política ambiental concreta y sostenida en el tiempo. El hotel sostiene desde 2010 su programa "Inspired by Nature", certificado con 4 Green Keys, miembro de Beyond Green —la colección global de los hoteles más sustentables del planeta— y con la distinción Florida Green Lodging. Las pajitas son de pasta, las llaves de las habitaciones son de madera reutilizable, un tercio de los inodoros reutiliza agua gris y el programa de reutilización de toallas ya ahorró miles de litros de agua. El 95% de la iluminación del hotel es LED, hay sensores de movimiento en las áreas de servicio y hasta estaciones de carga para autos eléctricos.
En números, la magnitud sorprende: más de 40.700 dólares donados a organizaciones sin fines de lucro desde 2020, 70.000 libras de compost desviadas de relleno sanitario desde noviembre de 2024, 12.000 botellas de vidrio recicladas desde abril de 2025 y 35.000 cucharitas descartables evitadas gracias a un sistema de reutilización. Desde 2010 organizan limpiezas bianuales de playa que sumaron más de 3.800 libras de residuos marinos recolectados, con 1.600 voluntarios pasando por la arena. No es sustentabilidad de vidriera: son números que se actualizan, se publican y se sostienen en el tiempo, articulados con organizaciones como Surfrider Foundation Miami, The Everglades Foundation, Coral Restoration Foundation y Save the Manatee Club, esta última fundada en 1981 por el propio Jimmy Buffett.
Otro de los puntos fuertes del hotel es su rol como puerta de entrada a una Miami menos postal. A pocos minutos de Collins Avenue laten barrios como Little Havana, capital cultural y política de la comunidad cubana; Little Haiti, con su comercio y su música creole; y Overtown, la histórica "Harlem del Sur", donde tocaban los músicos de jazz en los años 30. The Palms conecta a sus huéspedes con esa Miami profunda a través de paquetes temáticos —como Culture Crusaders o History & Heritage— que incluyen recorridos guiados y donaciones a instituciones como el Haitian Heritage Museum o el Dade Heritage Trust. Es, en definitiva, una forma de viajar con propósito sin que eso implique renunciar a la comodidad.
Cuando el sol empezó a bajar sobre Collins Avenue y el cielo se tiñó de ese naranja quemado típico de Miami Beach, entendí que mi crónica de la ciudad no iba a ser sobre el calor, sino sobre cómo esquivarlo con estilo. The Palms Hotel & Spa no vende solamente una habitación frente al mar: vende una forma de habitar la ciudad más intensa de Estados Unidos sin perder la calma, ni el compromiso con lo que la rodea. Salí de ahí con la piel bronceada, el cuerpo liviano y la certeza de que el verdadero lujo, en Miami, es poder bajar un cambio.
Accedé a los beneficios para suscriptores
- Contenidos exclusivos
- Sorteos
- Descuentos en publicaciones
- Participación en los eventos organizados por Editorial Perfil.

Comentarios