El 30 de julio se celebra el Día Mundial del Cheesecake, una fecha que funciona como excusa para volver sobre la historia y las diferentes versiones de un postre que atravesó épocas, culturas y tradiciones gastronómicas.
Aunque no existe un registro concluyente sobre el origen de la celebración, la fecha se consolidó internacionalmente como el día dedicado a esta torta elaborada, en sus formas más conocidas, con queso crema, azúcar, huevos y una base de galletitas o masa.
Del mundo antiguo a las mesas contemporáneas
La relación entre el queso y la pastelería es mucho más antigua que el cheesecake moderno. En Grecia y Roma existieron preparaciones como el plakous y la llamada placenta cake, elaboradas con capas de masa, queso y miel. No eran iguales al postre que conocemos actualmente, pero pueden considerarse parte de una larga tradición de tortas dulces hechas con queso.
Con el paso del tiempo, esa idea inicial se transformó de acuerdo con los ingredientes y las costumbres de cada lugar. Hoy conviven versiones horneadas y sin cocción, bases de galletitas de vainilla o chocolate, coberturas frutales y combinaciones con caramelo, café, cítricos o frutos secos.
La variante más reconocida probablemente sea el cheesecake estilo Nueva York, de relleno firme y cremoso, cocción lenta y sabor intenso a queso. Sin embargo, parte de su vigencia está justamente en la capacidad de incorporar ingredientes locales y adaptarse a nuevas tendencias sin perder su identidad.

¿Qué tiene que tener un buen cheesecake?
El equilibrio es una de sus principales características. La base debe aportar estructura y una textura crocante, pero sin dominar el relleno. La crema de queso necesita mantenerse suave y consistente, mientras que la cobertura puede sumar acidez, dulzor o contraste.
Los frutos rojos continúan siendo el acompañamiento clásico porque su acidez compensa la untuosidad del queso. El dulce de leche aporta una lectura argentina más intensa, mientras que el pistacho se convirtió en una de las reinterpretaciones más frecuentes de los últimos años.
Para celebrar la fecha, seleccionamos tres propuestas diferentes para probar en Buenos Aires y sus alrededores, sin limitar el recorrido a la receta tradicional.

La Vicente López: el clásico estilo Nueva York
En La Vicente López Restaurant, el cheesecake mantiene una estructura cercana a la versión New York. Se prepara con una base de galletitas artesanales y un relleno de queso Crematto y crema, cocinado a temperatura suave durante un período prolongado para alcanzar una textura pareja y cremosa.
Puede acompañarse con compota casera de frutos rojos, para quienes prefieren el contraste más tradicional, o con ganache de pistacho italiano, una alternativa que incorpora mayor intensidad y una nota ligeramente tostada.
Hierro: dulce de leche y pochoclos caramelizados
La propuesta de Hierro Nordelta lleva el cheesecake hacia sabores reconociblemente argentinos. Sobre una base crocante de galletitas se dispone un relleno horneado preparado con queso crema, crema doble y dulce de leche repostero.
La presentación se completa con salsa de dulce de leche y pochoclos caramelizados, que suman textura y un contraste entre lo dulce y un sutil matiz salino. Es una versión más intensa y alejada de la delicadeza frutal del cheesecake clásico.

Ciro: entre los frutos rojos y el pistacho
En Ciro, el postre aparece en dos interpretaciones. La clásica combina una base crocante de galletitas, crema de queso y una cobertura abundante de mermelada casera de frutos rojos.
La segunda versión está dedicada al pistacho y se elabora sin cocción. Parte de una base de galletitas Oreo y suma una crema de queso, chocolate blanco, crema y trozos de pistacho. El final incorpora pistachos picados y crema batida, en una combinación más contemporánea y de mayor contraste.
at redacción Marie Claire
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