En un contexto donde crear proyectos propios también implica leer las señales y animarse a tomar decisiones, Mariela Ivanier encontró en un gesto cotidiano el impulso para dar un paso decisivo. Una noche, al regresar a su casa, el reloj de una antigua relojería —cerrada durante años— volvió a funcionar justo frente a su ventana. La escena, acompañada por una luna intensa y un brindis improvisado en la vereda, terminó de definirlo todo: era el momento.
Tu decisión de abrir Colección Rivarola aparece atravesada por una escena muy simbólica. ¿Cuánto lugar le das hoy a la intuición en tus decisiones profesionales y creativas?
Creo profundamente en la intuición. Durante muchos años trabajé desde la estrategia y la planificación, que siguen siendo fundamentales, pero aprendí que hay momentos donde algo se ordena de otra manera. Esa noche sentí claridad. No era solo una oportunidad: era una señal de que estaba lista para dar ese paso.
Así nació “Colección Rivarola- El local”, un punto cultural que conjuga sensibilidad, experiencia y una mirada profundamente personal sobre el arte y sus modos de circulación. Inaugurada el 26 de marzo, la propuesta se aparta de los formatos tradicionales para dar lugar a un modelo basado en la colaboración, la pasión y el deseo de compartir.
Ubicada en el emblemático Pasaje Rivarola —un rincón singular de la ciudad con apenas ocho edificios—, la iniciativa recupera un local con carácter y lo abre a nuevas dinámicas culturales. Más que un punto fijo, se concibe como una plataforma para comunicar y compartir arte, donde galerías, artistas y proyectos pueden desarrollar sus ideas en un entorno que potencia la visibilidad y el cuidado de cada propuesta: “El local se mantiene abierto a distintos formatos y proyectos que quieran elegirlo como sitio de encuentro. Recibo propuestas que fomentan un diálogo continuo con el arte. Quiero que cada iniciativa encuentre aquí su lugar y se conecte con el público. Desde el montaje hasta la iluminación y la coordinación de comunicación, todo está pensado para acompañar el despliegue creativo”.
En un contexto donde muchos proyectos culturales buscan escalar o volverse masivos, elegís crear un lugar más curado y colaborativo. ¿Qué tipo de experiencias o vínculos te interesa habilitar desde ese lugar?
Me interesa generar cercanía. Que quienes participan —artistas, galerías, público— sientan que hay un cuidado real detrás de cada propuesta. No busco lo masivo, sino lo significativo. Me importa que cada proyecto tenga identidad, que haya un diálogo genuino y que se construyan vínculos que perduren en el tiempo.
La inauguración estuvo marcada por la muestra Alegato de lo sutil, con obras de Mariana Jasper y Debbie Staiff, curada por Ana Stjerne de la galería Valk.
“El poder transformador de estas obras radica en su capacidad de invitarnos a contemplar lo pequeño, a descubrir la belleza en el detalle y a encontrar la sutileza de lo cotidiano”, señala Stjerne, quien propone una mirada que conecta “lo visible con lo invisible”, encuentra “poesía visual” en formas y contraformas, y cómo puede tener un gran impacto en nuestra vida.
Desde esa sensibilidad compartida, Jasper explica: “Trabajo con la fuerza de lo mínimo que, en la reiteración, crece y construye nuevas formas. En mi caso es un pequeño gesto del dibujo (unos signos mínimos que se ven de cerca) que van creciendo hasta crear tules gigantes o variando en colores desde la calma hasta crear incendios”. En diálogo, Staiff agrega: “Trabajamos sobre lo que se ve y lo que no se ve a simple vista, en la mínima escala como forma de expresión”, y destaca el cruce entre técnica y percepción: “Una técnica como el bordado permite que la sutileza se exprese de otra forma, sobre todo cuando la práctica ya forma parte del cuerpo”.
La exposición dialoga con el espíritu de “Colección Rivarola- El local”, proponiendo una mirada atenta a lo delicado, lo íntimo y aquello que, aunque no siempre evidente, construye sentido y transforma. Según Mariana Gallego del Santo, la encargada del montaje, “la disposición invita a un vínculo cercano, en una escala donde lo pequeño, al multiplicarse, intensifica la experiencia. Pone en diálogo la horizontalidad de los dibujos y la dispersión de los amuletos, construyendo una narrativa compartida que afina la mirada y vuelve sensible el recorrido”.
Con más de 30 años de trayectoria en comunicación, estrategia y gestión cultural, Mariela combina en este proyecto su experiencia profesional con una pasión sostenida por el coleccionismo y la creación. Desde su consultora VERBO y a través de iniciativas como los encuentros “Té de Colección”, ha generado espacios donde la expresión artística se vuelve cercana, cotidiana y compartida, integrando comunicación estratégica y sensibilidad cultural en cada proyecto. Más allá de su amor por el arte, cuenta con una sólida trayectoria en gestión comunicacional, incluyendo la coordinación de estrategias ante situaciones de crisis.
Esa misma lógica atraviesa “Colección Rivarola- El local”: un proyecto que no solo exhibe, sino que también vincula, impulsa y construye comunidad. En la intersección entre lo profesional y lo intuitivo, Mariela Ivanier reafirma su manera de habitar y acercarse al arte, donde lo experimental, lo colaborativo y lo significativo se convierten en protagonistas.
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