Saturday 15 de August de 2026

PERSONAJES | Hoy 08:02

Minerva Casero: "“La actuación era algo que no pude evitar porque estaba dentro de mí”

Actriz desde la infancia y hoy protagonista de Anastasia, el musical, convirtió una herencia familiar en una elección consciente. Habla de la pasión, la disciplina y la constancia que sostienen un oficio en el que también hay que aprender a confiar y soltar.

Hay profesiones que se eligen y otras que parecen estar esperando desde antes de que podamos nombrarlas. Para Minerva, la actuación pertenece un poco a esos dos mundos. Creció en una familia en la que el arte era parte de la vida cotidiana (su papá es el actor y humorista Alfredo Casero y su mamá, la artista plástica Marisa Rogel), pero nunca sintió ese legado como una obligación. Con el tiempo, aquello que había recibido se convirtió en una decisión personal, en una manera de habitar el mundo y en un oficio construido a fuerza de trabajo.

Minerva Casero
Vestido (Bomparola) y botas (DeMaría)

Su presente la encuentra al frente de Anastasia, el musical, un proyecto que reúne interpretación, canto, movimiento y una exigencia física sostenida. En escena encarna a la joven rusa Anastasia Romanov atravesada por la pérdida, la búsqueda de identidad y la necesidad de avanzar aun cuando el pasado pesa demasiado. Lejos de pensar la actuación únicamente desde la inspiración, Minerva vuelve una y otra vez sobre una palabra menos romántica, pero decisiva: entrenamiento.

En su forma de hablar del oficio conviven la pasión y la disciplina, la herencia y la autonomía, la búsqueda de excelencia y la capacidad de soltar. No idealiza la vida de una actriz ni desconoce su dificultad. Para ella, la magia no aparece de repente: se construye cada día y así lo deja entrever en esta producción de fotos en la ciudad más linda del mundo.

“Necesitamos observar otros cuerpos, otras pieles y otras formas de relacionarse. Creo que existe una tendencia general a evadir la vejez, como si no tuviera nada bueno, interesante o atractivo para aportar”

-La historia de Anastasia está atravesada por la búsqueda de identidad, el dolor y la fortaleza. ¿Cómo conectás ese recorrido con tu propia voz?

-Su historia es mucho más fuerte que la mía, claramente (risas). Es una persona que no conoce o no recuerda su verdadera identidad, y su camino consiste en encontrarse a sí misma y descubrir quién fue. Está atravesada por la angustia de todo lo vivido y olvidado, pero también por la incertidumbre de no saber quién es. Por suerte, mi vida no se parece en nada a eso. Sin embargo, creo que todos atravesamos nuestros propios caminos de héroe. Todos tenemos viajes, dificultades y situaciones que debemos superar. Hay algo de ella que me enternece y con lo que puedo sentirme identificada: su capacidad de continuar hacia adelante con fuerza y decisión. También conecto con su deseo y con su esperanza. Anastasia utiliza el pasado como motor para emprender un viaje hacia un lugar nuevo, pero no queda perdida en él. Es una persona que mira hacia adelante, y eso me gusta mucho.

Minerva Casero
Chaqueta (Min Agostini), falda (Maydi), botas (Gianni Di Paolo).

-Es un personaje que requiere actuación, canto, movimiento y una gran carga emocional. ¿Cómo hacés para sostenerlo en cada función?

-Hay algo muy concreto: el entrenamiento. Gracias a los años de trabajo y a los proyectos tan diferentes que hice, aprendí el ejercicio de actuar una y otra vez, más allá del cansancio o de lo que esté sucediendo en mi vida personal. También aprendí a sostenerlo físicamente durante mucho tiempo.

Después de las funciones aparece un agotamiento importante, pero el cuerpo se regenera. Al principio tenía que recordar cada marca, todo lo que debía hacer y el momento exacto de la música. Hoy mi cuerpo ya sabe cuándo tengo que entrar, cuándo puedo respirar un poco más o en qué momento puedo tomar agua. Creo que no hay nada más mágico que la constancia y la persistencia. Uno trabaja durante muchísimo tiempo y, un día, sucede. Hay algo maravilloso en hacer las cosas una y otra vez. Para mí, esa es la única forma de aprender verdaderamente un oficio.

“Mi papá es muy exigente, incluso consigo mismo, y siempre tuvo una búsqueda muy fuerte de la excelencia. Pero, al mismo tiempo, me enseñó que en algún momento hay que soltar”.

-Empezaste a actuar desde muy chica y creciste en una familia atravesada por el arte. ¿Cuándo sentiste que esa profesión heredada también era una elección propia?

-No sé si alguna vez dejó de ser una profesión heredada, pero tampoco la sentí como una obligación. Me parece algo muy lindo y honorable. Lo llevo conmigo. Mi familia viene conmigo y yo voy con mi familia de alguna manera. Me encantan las familias que desarrollan un conocimiento o una experiencia y transmiten ese oficio entre generaciones, incluso cuando alguno decide tomar otro camino. Antiguamente, la actuación también se enseñaba de padres a hijos. Eso me da ternura porque conserva un aspecto tradicional que me parece valioso.

Al mismo tiempo, nunca me sentí atada a hacer algo que no quisiera. Tuve muchísimas posibilidades, pero la actuación era algo que no pude evitar porque estaba dentro de mí, no por una imposición externa.

Cuando te convertís en una persona adulta, las decisiones empiezan a ser tuyas. Los proyectos que elegís, la manera en la que trabajás, los aciertos y los errores también son propios. Nunca sentí que haber llegado hasta acá fuera una carga, pero tampoco sentí que estuviera sola. Conviven las dos cosas.

Minerva Casero
Chaleco bordado, bermuda y botas (Kosiuko), cinturón (DeMaría) y accesorios (Romero hecho a mano).

-¿Qué aprendizaje de tu familia te acompaña cuando construís un personaje o salís a escena?

-Siempre me dieron mucha autonomía. Me permitieron hacer mi propio camino, cometer errores y probar. Mi papá es muy exigente, incluso consigo mismo, y siempre tuvo una búsqueda muy fuerte de la excelencia. Pero, al mismo tiempo, me enseñó que en algún momento hay que soltar. Hay días mejores, peores, extraordinarios y otros más mediocres. No hay que aferrarse a la obsesión por el resultado. Hay que confiar en el trabajo realizado y aprender a soltarlo con cierta tranquilidad. Es algo que todavía estoy aprendiendo.

El teatro es un gran ejercicio para eso. Todas las funciones son la misma función y, al mismo tiempo, cada una es completamente distinta. Yo estoy diferente, el público cambia y todo lo que sucede alrededor también. Mi papá siempre me decía: “Los errores son los que uno ve”. La manera en la que los demás perciben las cosas es incontrolable.

“Nunca me sentí atada a hacer algo que no quisiera. Tuve muchísimas posibilidades, pero la actuación era algo que no pude evitar porque estaba dentro de mí, no por una imposición externa”.

-La actuación permite desarrollar una carrera durante toda la vida, aunque los personajes cambien. ¿Sentís que todavía faltan historias protagonizadas por mujeres de distintas edades?

-La carrera de una actriz puede durar toda la vida, aunque el lugar que ocupa va cambiando. No es que nos retiremos, pero interpretamos diferentes personajes según la etapa que atravesamos. Siento que existen limitaciones, aunque también creo que a partir de los 30 empiezan a aparecer algunos de los mejores papeles protagónicos para mujeres.

El problema tiene mucho que ver con las historias que se eligen contar. Se narran muchísimas historias vinculadas con la juventud. Una vez vi Alguien tiene que ceder, con Diane Keaton y Jack Nicholson, una comedia romántica protagonizada por dos personas de alrededor de 60 años, y pensé: ¿por qué no existen más películas así?

El amor sucede en cualquier etapa de la vida. También necesitamos observar otros cuerpos, otras pieles y otras formas de relacionarse. Creo que existe una tendencia general a evadir la vejez, como si no tuviera nada bueno, interesante o atractivo para aportar. Sin embargo, hay actores y actrices que, con el paso de los años, desarrollaron y maduraron un oficio impresionante. Es un verdadero placer verlos actuar. 

Minerva Casero
Vestido y cuello (Valentina Schuchner) y collar (Curatoría). 

 

at Federico Velenski

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