A pocos kilómetros de la ciudad, el imponente castillo de espíritu francés emerge como un espejismo en medio de la llanura. Un refugio donde el tiempo parece detenerse y donde la moda encuentra un nuevo modo de narrarse, bajo la luz dorada de la pampa.
Entre romanticismo europeo y esencia argentina
Atravesar su pórtico es aceptar una invitación a otro tiempo. El legado de amor que dio origen a este lugar se percibe en cada detalle, desde sus vitrales hasta sus maderas nobles. Inspirado en la arquitectura europea, el castillo se alza como un escenario donde lo normando, lo gótico y lo barroco conviven en armonía.

Un nuevo lenguaje de moda
Fue precisamente esa atmósfera cinematográfica la que convirtió a este espacio en el escenario ideal para una producción que propone un cambio de mirada. Aquí, la moda dialoga con el entorno: lo clásico se cruza con códigos contemporáneos, y cada prenda encuentra su lugar en un equilibrio entre estructura y libertad.
Siluetas que habitan el paisaje
Bajo el lente de Valentina Marozzi, los vestidos flotan y las siluetas se vuelven protagonistas. El estilismo de Ash Mateu articula este nuevo lenguaje donde la seda se reinventa y el romanticismo se proyecta hacia la temporada.
Cada look fue pensado en relación con el espacio, generando una conexión orgánica entre arquitectura, naturaleza y cuerpo.

El lujo de la pausa
Al caer la tarde, el paisaje se transforma. Los pastizales dorados y la luz tenue crean un marco que potencia las transparencias y los detalles.
Más que una producción, la experiencia se convierte en un manifiesto: la verdadera sofisticación reside en la armonía con el entorno y en la capacidad de detener el tiempo, aunque sea por un instante.
at redacción Marie Claire
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