En su nueva edición, Tecnomoda volvió a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa cada vez más a la industria: qué lugar ocupa la tecnología en una moda que ya no se limita a la pasarela ni a la tienda física. Organizado por Tiendanube, el encuentro celebró su segunda edición el pasado jueves 13 de agosto y reunió a más de 800 asistentes entre marcas, diseñadores, especialistas, referentes del ecosistema tecnológico, prensa y creadores de contenido.
Durante más de cinco horas hubo charlas, networking, demostraciones en vivo, activaciones y desfiles. El eje estuvo puesto en mostrar cómo las herramientas digitales empiezan a integrarse al negocio de la moda y, al mismo tiempo, modifican la manera en que las marcas se presentan frente a sus públicos.

Hoy una vidriera ya no termina en la puerta de un local. También puede ser un feed de Instagram, una tienda online, una acción en vivo o una experiencia pensada para circular después en redes. Ese cambio obliga a las marcas a pensar no sólo en qué venden, sino también en cómo construyen su universo y cómo acompañan a un consumidor que se mueve con naturalidad entre distintos canales.
En ese escenario, el e-commerce, los datos, las herramientas de gestión y la personalización dejan de funcionar como recursos complementarios. Para muchas marcas ya forman parte de su estructura cotidiana y permiten ordenar procesos, ampliar audiencias y conocer mejor el comportamiento de sus clientes.Sin embargo, la tecnología por sí sola no alcanza. En moda, una operación eficiente puede facilitar el crecimiento, pero difícilmente pueda reemplazar una identidad clara o una mirada creativa reconocible.

Sobre ese cruce giró buena parte de la programación de Tecnomoda. Entre los oradores estuvieron Catalina Greloni, consultora de moda y Head de Marketing en Giesso; Joan Cwaik, divulgador tecnológico, y Eva Hughes, exdirectora de Vogue México y Latinoamérica y vicepresidenta del Instituto Marangoni.También participaron referentes de Tiendanube como Franco Radavero, gerente general, y Camila Nasir, gerente de Marca y Comunicación, quienes abordaron el crecimiento del comercio electrónico y las herramientas disponibles para las marcas que buscan profesionalizar y ampliar sus operaciones.
Más allá de las soluciones tecnológicas, las conversaciones también estuvieron atravesadas por una pregunta más amplia: cómo adaptarse a nuevas formas de consumo sin perder cercanía ni identidad. Crecer en el canal online supone llegar a más personas, pero también encontrar una manera de sostener el vínculo con una comunidad que recibe estímulos constantemente.

La moda también tuvo su lugar sobre la pasarela. Tres marcas que comercializan sus productos a través de Tiendanube Evolución presentaron colecciones y nuevos lanzamientos: Honky Tonk, vinculada al universo del rock argentino desde 1971; Mija, creada por Lola Canavosio, y Monofuk, de María Carril y Martín Gándara, con una propuesta de impronta nocturna y audaz.
Desde el ingreso, Los García recibieron a los invitados con una "vidriera viva" creada para Osklan. La performance funcionó como apertura del evento y llevó la moda a un terreno más cercano a la intervención escénica. A eso se sumó un desfile interactivo que buscó romper con la lógica clásica de mirar una prenda desde una butaca.

Las nuevas funcionalidades tecnológicas de Tiendanube también tuvieron demostraciones en vivo, mientras que distintas vidrieras presentaban propuestas de Natalia Antolín, Belona, Luz Ballestero, Neratta, Lucky Brand y Pucheta Paz.
El recorrido terminó construyendo una escena donde tecnología, moda y negocio aparecieron mezclados de una manera bastante orgánica. Las herramientas digitales no se mostraron como algo separado del proceso creativo, sino como parte del modo en que una marca puede mostrarse, vender y desarrollar su relación con el público.

Para la moda argentina, este tipo de encuentros resulta especialmente interesante porque el sector reúne realidades muy diferentes. Conviven firmas históricas, diseñadores de autor, emprendimientos nacidos en redes y proyectos que buscan profesionalizarse para crecer. Para todos ellos, aunque en escalas distintas, la tecnología puede ser una aliada para ordenar procesos y abrir nuevos mercados.
Al mismo tiempo aparecen desafíos que ninguna plataforma puede resolver automáticamente. ¿Cómo lograr que una marca sea reconocible en medio de una circulación constante de imágenes? ¿Cómo construir comunidad cuando la atención es cada vez más breve? ¿Qué hace que una prenda conserve valor más allá del impacto inicial de una foto?

Tecnomoda 2026 no buscó responder todas esas preguntas. Sí mostró una industria que empieza a ensayar nuevas formas de relacionarse con sus públicos y que entiende cada vez mejor que el crecimiento digital no necesariamente implica abandonar la experiencia física.
La tecnología puede ayudar a vender mejor, ampliar una comunidad y hacer más eficientes los procesos. Pero la moda todavía necesita una idea detrás, una identidad reconocible y algo capaz de despertar interés más allá de una pantalla. El desafío está, justamente, en conseguir que una cosa potencie a la otra.
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