El llamado quiet luxury fue una de las grandes tendencias de los últimos años. La estética, asociada a firmas como The Row, Loro Piana, Toteme y Khaite, puso el foco en la calidad de los materiales, la sastrería y las prendas sin logos visibles.
El beige, el gris, el blanco, el negro y los tonos tierra se convirtieron en protagonistas. Un sueter de cashmere, un pantalón sastrero, una camisa blanca o un abrigo de líneas rectas podían funcionar como la base de un placard depurado y atemporal.
Pero después de varias temporadas dominadas por la discreción, la moda vuelve a abrir espacio para una manera de vestirse más expresiva y personal.

Del minimalismo a una moda más personal
El quiet luxury no desaparece. Más bien, empieza a convivir con una estética que recupera el color, las estampas y las combinaciones menos previsibles.
Las nuevas propuestas incorporan tonos intensos, accesorios llamativos y siluetas que buscan escapar de cierta uniformidad. La intención ya no pasa únicamente por construir un look impecable y silencioso, sino también por encontrar una forma propia de llevarlo.
Firmas como Prada y Miu Miu vienen explorando esta transformación desde lugares diferentes. Mientras Prada cruza la sastrería y las prendas cotidianas con detalles inesperados, Miu Miu continúa llevando piezas clásicas hacia terrenos más juveniles y descontracturados.
El resultado no implica abandonar las bases del minimalismo, sino sumar recursos capaces de imprimirles una identidad más marcada.

Los accesorios ganan protagonismo
Uno de los cambios más visibles aparece en los accesorios.
Después de temporadas en las que las carteras sin logos y la joyería discreta ocuparon el centro de la escena, las piezas con mayor presencia vuelven a transformar incluso los conjuntos más simples. Collares XL, brazaletes, aros escultóricos, broches y carteras de color se convierten en elementos capaces de definir un look.
La joyería es uno de los ejemplos más claros. Las piezas de gran tamaño dejan de funcionar únicamente como complemento para integrarse casi como una parte más de la ropa.
Chanel, Saint Laurent y Loewe son algunas de las firmas que vienen incorporando accesorios capaces de modificar por completo una silueta. El regreso del broche, además, recupera un código clásico y lo lleva hacia combinaciones mucho menos solemnes.

¿El maximalismo está de regreso?
Hablar de un regreso del maximalismo no significa necesariamente volver a los looks recargados de otras épocas.
La propuesta de 2026 parece bastante más flexible: combinar bases simples con uno o dos elementos capaces de concentrar la atención.
Un pantalón negro puede acompañarse con una camisa blanca y un collar XL. Un blazer clásico puede cambiar con una cartera de color. Un vestido minimalista puede adquirir otra identidad con un par de aros protagonistas.
La clave está, justamente, en encontrar el equilibrio entre lo simple y lo expresivo, sin seguir una fórmula demasiado rígida.
El quiet luxury cambia de forma
Después de varios años en los que la moda privilegió una idea de sofisticación basada en la discreción, la individualidad vuelve a ganar terreno.
Eso no significa abandonar los buenos materiales, la sastrería o las prendas clásicas que hicieron popular al quiet luxury. Lo que cambia es la manera de combinarlos.
En 2026, una camisa blanca puede seguir siendo un básico, pero convivir con una joya vintage. Un traje negro puede mantener su impronta minimalista y sumar un accesorio inesperado. Un abrigo camel puede encontrarse con una cartera roja o con zapatos que concentren todas las miradas.
La moda no parece querer dejar atrás al quiet luxury. Más bien, busca sacarlo de su zona de confort y darle algo que durante un tiempo había quedado en segundo plano: personalidad.
at Milagros Cabrera.
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