Laura Kim y Fernando Garcia se conocieron trabajando en Oscar de la Renta, se fueron, crearon Monse, volvieron a Oscar y terminaron llevando adelante las dos casas durante años. Ahora regresan a NYFW concentrados solamente en la marca que inventaron juntos: Monse.
Después de diez años repartiendo su creatividad entre ambas casas, Laura y Fernando volvieron a poner todo su amor y energía en una sola. En su primer amor. La dupla, que sabe de estructuras, de feminidad y de tomar un camino a la vez, presentó su colección Primavera-Verano 2027: 45 looks y una flor deformada como punto de partida, en el enorme penthouse de vidrio sobre la antigua Domino Sugar Refinery, en Williamsburg.

El desfile comenzó con una sastrería trabajada con hilos de seda y un brillo tan sofisticado que casi se podía sentir su suavidad. Los tulipanes aparecieron de manera literal, convertidos en flores tridimensionales de seda teñida a mano, bordados y estampas, pero también de formas mucho más sutiles.
Chaquetas con flecos de seda, delicados conjuntos de organza transparente, encajes, plumas, sastrería asimétrica y transparencias construyeron una colección con mucho movimiento y una feminidad más evidente que en otras temporadas.
La inspiración había partido de unos tulipanes blancos y violetas de aspecto irregular, pero, más allá de la explicación conceptual, lo interesante estaba en otra parte: Monse volvió a hacer lo que mejor sabe hacer.
Desde el comienzo, la marca construyó su identidad alrededor de la deconstrucción. Una camisa blanca nunca era simplemente una camisa blanca. Una manga podía aparecer donde no correspondía, un cuello desplazarse y una prenda perfectamente reconocible terminar convertida en otra cosa. Ese lenguaje volvió ahora a través de proporciones inesperadas, lencería a la vista, flecos y piezas que cambiaban completamente al ponerse en movimiento.

Durante el desfile apareció un coro interpretando Like a Prayer, de Madonna, mientras un dron recorría el espacio. Con el atardecer detrás del Manhattan Bridge, la puesta sumó uno de los momentos más teatrales y emotivos de la presentación.
También hubo paillettes, plumas y vestidos de construcción libre. Pero incluso en sus momentos más femeninos, Monse nunca cayó en una idea de belleza demasiado perfecta. Siempre aparece un gesto inesperado, una silueta que se desplaza, algo que rompe la armonía justo lo suficiente.
Y quizás ahí esté lo más interesante de esta colección. Después de diez años trabajando entre dos casas, esta fue la primera vez que ambos pudieron volver a poner toda su cabeza en Monse. Durante años tuvieron que dividir ideas, referencias y decisiones entre dos universos muy diferentes. Esta vez, no.

Evolucionar no siempre significa abandonar lo que uno era. A veces significa tener, por fin, el tiempo para concentrarse y llevarlo más lejos.
Bienvenidos a casa, chicos. Esta nueva era de Monse se siente dulce, cercana y, sobre todo, muy emotiva.
at Ash Mateu
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