Wednesday 11 de March de 2026

MODA | Hoy 07:02

Marylin Fitoussi: la vestuarista de Emily in Paris cuenta todo sobre el color y su inspiración

La diseñadora de vestuario de la serie Emily in Paris, es también la protagonista de un libro bellísimo dedicado a este fenómeno ya de culto, explosivo en color. Una charla con la creadora de este boom policromático.

Su eterno turbante. Una personalidad intensa y, al mismo tiempo, silenciosa, discreta, que se expresa a través de blazers estructurados, abrigos tipo kimono en tonos vibrantes, joyas enormes —auténticas y no tanto— y sus 52 mil seguidores en Instagram. Treinta años después de sus comienzos, esta vestuarista convirtió su nombre en una marca —aunque se niegue a institucionalizarla como tal—. Su nombre está inevitablemente ligado a Emily in Paris, pero también a Kaamelott, Colombiana o Paradise Lost con Benicio Del Toro.

La serie de Netflix creada por Darren Star en 2020, estrenada en 190 países, la transformó en una estrella internacional: solo la tercera temporada acumuló 197 millones de horas de visualización. Nadie olvidó la llegada de la joven estadounidense que irrumpe en el corazón de una agencia de prensa, ni la explosión de colores y estampas elegidas para Lily Collins (Emily), en contraste con el vestuario gráficamente sensual de Philippine Leroy-Beaulieu (Sylvie), encarnación de la parisina. Desde fines de agosto de 2025, el anuncio de la quinta temporada generó verdadero revuelo. “Ahora al frente de la agencia Grateau en Roma, Emily enfrenta nuevos desafíos profesionales y románticos mientras se adapta a la vida en una nueva ciudad”, anunciaba Netflix en su comunicado. “Pero cuando parece que todo encaja, una idea laboral se vuelve en su contra y desencadena una cadena de corazones rotos y tropiezos profesionales”.

Emily in Paris
Marylin Fitoussi se anima a los tonos vibrantes y la mezcla de texturas.

La verdadera protagonista

Para Marylin Fitoussi es evidente que el vestuario se convierte, en cada escena, en un personaje pleno. En el extremo opuesto de esta saga mediática está su vida privada: la de una mujer que se define como “tímida, reservada”, proveniente de una familia trabajadora del sur de Francia. Su madre, de familia española, nació en un campo de refugiados en Luxeuil-les-Bains. Su abuelo paterno, Isaac, oriundo de Constantina, fue enviado a un orfanato en Marsella, donde pasó a llamarse Maurice. El mundo Netflix está lejos de esas raíces. “Mi madre era modista y trabajaba desde casa. Crecí entre alfileres y telas”, cuenta Marylin Fitoussi. “La ciudad de mi infancia era fea. La única distracción eran los paseos en moto o las visitas a la biblioteca. Tuve suerte: tenía llaves para salir cuando quisiera…”, cuenta. Sus primeras grandes evasiones llegaron de la mano de Francis Lopez, autor de operetas como Le Chanteur de Mexico, Gipsy o Volga, que la impactaron como una revelación. “Los trajes, los puertos, los uniformes de húsar… No sabía que eso podía ser una profesión real.

Emily in Paris
Cambio de imagen de Emily, ahora en Roma en su última temporada.

Mi abuela guardaba todo en el altillo. Me disfrazaba y fue a través de la creación de personajes que me convertí en quien soy”. A los dieciséis años, “cuando todos usaban calentadores y botas con flecos”, Marylin eligió un peinado à la Casque d’or, se animó a sandalias con plataforma y labios rojo Hollywood. Confiesa que jamás en su vida usó jeans. Prefiere faldas tubo y pantalones de tiro alto, al estilo Pyjamapolis en Antibes a fines de los años treinta. “Algunos padres no querían que me juntara con sus hijas. Les parecía sospechosa.

Les daba miedo”. Sin embargo, tenía buenas notas, lo que llevó a una de sus profesoras a decirle: “Para ser peluquera no necesitás ser buena en matemática”. Un estudio en diseño textil, una primera pasantía en Boussac, y se lanza a la vida con sus outfits excéntricos recolectados aquí y allá. “Yo era más Bains-Douches que Palace” (dos icónicos clubes nocturnos parisinos, aclara la redacción). Allí conoce a Sylvia de Ségonzac, “pelirroja punk”, gran jefa del vestuario, quien le transmite su pasión. “Aprendí que ni con la mejor pátina se puede reescribir la historia.

Emily in Paris
 “Al principio la gente simplemente me cortaba el teléfono. Las marcas no querían prestarme ropa para la serie”. 

El vestuario debe reflejar al personaje, vivir con él, servir a la intención actoral…”. Gran lectora de biografías, Marylin Fitoussi trabaja “intuitivamente” y soporta críticas que llegaron al extremo de pedir que le retiraran la ciudadanía francesa por ofender el buen gusto. Podría haber vestido a su pequeña estadounidense con hoodie y zapatillas. Pero no lo hizo. Todo lo contrario. Y eso le valió la furia de los parisinos. Salvo algunas excepciones, como Inès de la Fressange, muchos detestan la serie que se volvió fenómeno viral. Las marcas al principio se negaban a prestar ropa y accesorios. La boina roja se convirtió en símbolo de alergia, de rechazo. “Al principio la gente simplemente me cortaba el teléfono.

Los únicos que se sumaron fueron Vanessa Bruno, Polène, Chanel”, revela. Dos días para diez episodios. Ochenta outfits, de los cuales cuarenta llegan efectivamente a pantalla. Cada uno genera reacciones, comentarios, críticas, tráfico masivo a e-shops y sold out inmediato. Desde entonces crecieron las ventas; las miradas condescendientes a veces persisten, pero las propuestas se multiplicaron. El éxito es indiscutible: los nuevos episodios, en los que Lily Collins viaja entre Francia e Italia, registraron 27 millones de visualizaciones en dos semanas.

Emily in Paris
Al principio las marcas de moda se negaban a darle ropa, hoy es un fenómeno.

Una cifra más que honorable, que convierte a Emily in Paris en una de las series más vistas de Netflix desde 2020. Marylin Fitoussi consulta 480 libros de archivo por temporada y despliega sus propuestas en un vestidor de 500 m² en cada rodaje. “Nómade eterna”, vivió en Países Bajos, México y Portugal. “El maximalismo es para mí un pequeño lujo. Es el miedo a la escasez que lleno con estampas. El exceso es la especia que le da a la silueta una presencia particular…”. La mirada de Prosper Assouline, quien acaba de dedicarle un libro completo a la serie Emily in Paris, la conmovió profundamente. “Trabajé en decenas de películas, pero Emily in Paris cambió mi vida”, asegura en esa magnífica publicación ilustrada. Y aconseja a los lectores: “Usen lo que brilla —lentejuelas, plumas— mezclen estampas…”. Durante esta entrevista nos confesó: “Emily al principio era un poco yo. A través de ella volví a sentirme extranjera en mi propio país”. 

at Laurence Benaïm

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