La historia de Lacoste siempre ha tenido algo particularmente fascinante dentro del universo de la moda francesa: una elegancia que nace del deporte, una sofisticación que no depende del exceso sino de la precisión, de gestos claros y de prendas pensadas para moverse con naturalidad en la vida real. Desde que René Lacoste transformó el uniforme del tenis en un símbolo de estilo cotidiano, la casa ha construido un lenguaje propio donde la funcionalidad convive con la estética.
En cada temporada ese equilibrio se convierte en un terreno de exploración, y la colección Fall-Winter 2026/27 presentada durante Paris Fashion Week aparece como una reflexión serena sobre el color, el movimiento y la arquitectura de las prendas.
Sobre la pasarela, las siluetas se deslizan con una naturalidad casi coreográfica: capas que caen suavemente, tejidos que envuelven el cuerpo con una sensación de calma y proporciones relajadas que evocan una elegancia contemporánea, silenciosa pero segura de sí misma.

Una paleta cromática que construye atmósferas
La narrativa cromática comienza en un territorio de serenidad. Los primeros looks aparecen en tonos arena que evocan la suavidad de la luz invernal sobre París. Abrigos largos de silueta estructurada, pantalones amplios y tejidos de punto texturizados construyen una primera atmósfera de calma donde cada detalle puede respirarse con claridad.
Desde esa base neutra, el color comienza a desplegarse con mayor intensidad. El rojo emerge como una energía vibrante que atraviesa la colección: un tono profundo presente en abrigos envolventes, prendas de punto y capas que acompañan el movimiento del cuerpo con elegancia.
En la pasarela, este rojo se percibe casi como un latido, una presencia que introduce fuerza y carácter sin romper la armonía del conjunto.

El verde, un guiño al ADN de la casa
El verde aparece como otro de los protagonistas cromáticos, en matices que van desde tonos bosque hasta variantes más luminosas. Este color remite de manera directa al legado de la marca y al icónico cocodrilo que ha definido su identidad durante décadas.
En trajes relajados, parkas técnicas y suéteres de textura suave, el verde aporta profundidad visual y equilibrio, reforzando el diálogo entre tradición deportiva y elegancia contemporánea.
Entre estos tonos dominantes también surgen sutiles acentos rosados, pequeños destellos que iluminan la paleta general y aportan ligereza, como reflejos inesperados de luz dentro de un paisaje invernal.

Siluetas pensadas para el movimiento
Las siluetas acompañan esta exploración cromática con una estética fluida y contemporánea. Abrigos de líneas largas caen con verticalidad elegante, los pantalones amplios generan una sensación de movimiento constante y las capas superpuestas permiten que los colores dialoguen entre sí con naturalidad.
La ropa parece pensada para acompañar el ritmo de la ciudad y adaptarse a la vida moderna, manteniendo siempre una sensación de calma y equilibrio.

Materiales que amplifican la experiencia visual
Los materiales refuerzan esta narrativa estética. Lana cepillada, algodón estructurado y tejidos técnicos se combinan para crear superficies que capturan la luz de distintas maneras, generando nuevas dimensiones cromáticas a medida que las prendas avanzan sobre la pasarela.
El icónico cocodrilo de Lacoste aparece con discreción, bordado o integrado en la textura de algunas piezas, un gesto sutil que conecta el presente con la herencia deportiva de la casa.
La colección Fall-Winter 2026/27 se revela así como una exploración delicada del color y del movimiento. Una propuesta donde cada tono construye atmósferas, cada silueta acompaña el cuerpo con naturalidad y la elegancia característica de Lacoste se expresa en su forma más pura: una moda pensada para habitar el ritmo cotidiano con sofisticación y libertad.
at Darío Modotti
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