Durante años, el blanco óptico y el beige dominaron el universo del minimalismo. Fueron la base indiscutida de los armarios cápsula, de los looks “limpios” y de la estética effortless que definió el estilo europeo reciente. Sin embargo, algo está cambiando silenciosamente en las capitales de la moda: el minimalismo ya no se viste de neutros previsibles, sino de tonos más ricos, cálidos y sofisticados.
El nuevo protagonista no es un solo color, sino una paleta que desplaza la idea clásica de neutralidad. Tonos como el amarillo manteca, el mocha mousse y el azul humo empiezan a ocupar el lugar que antes tenían el blanco puro o el beige arena. La clave está en que siguen siendo suaves, pero aportan más profundidad visual y una sensación de lujo más contemporáneo.

El amarillo manteca, por ejemplo, se convirtió en el favorito del street style en Copenhague y París. Es un tono cremoso, casi pastel, que ilumina sin estridencias y funciona especialmente bien en tejidos livianos como el lino o el algodón. El mocha mousse, en cambio, se instala como el nuevo neutro sofisticado: un marrón claro con subtono frío que reemplaza al beige tradicional y eleva cualquier look básico. Por último, el azul humo aparece como el punto intermedio perfecto entre lo clásico y lo inesperado, aportando un aire elegante sin caer en lo evidente.
Cómo se lleva esta nueva paleta minimalista
Las insiders europeas lo tienen claro: el minimalismo ya no se trata de “no color”, sino de elegir colores con intención. La fórmula más repetida es el total look monocromático en estos tonos, que estiliza la silueta y genera un efecto visual pulido sin esfuerzo.
También se los ve combinados entre sí en clave suave: mocha mousse con amarillo manteca, o azul humo con blanco roto. Otra clave del street style es incorporarlos en piezas protagonistas como blazers livianos, pantalones fluidos o vestidos rectos, dejando atrás la idea de que el color solo vive en los accesorios.

El resultado es un nuevo tipo de elegancia: menos rígida que el minimalismo clásico, pero igual de sofisticada. Una estética que no grita, pero tampoco pasa desapercibida.
at María García
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