lunes 26 de septiembre de 2022

LIFESTYLE | 21-09-2022 15:19

Mucho color, eclecticismo y funcionalidad: Sylvita Pereyra Iraola nos muestra su "lugar en el mundo"

Nutrida de muchos viajes y de una casi infinita paleta de tonos, la casa que armó en zona norte para su familia ensamblada es un fiel reflejo de su espíritu libre.

Cantante, DJ, ambientadora, experta en marketing, parte del reality Lucky Ladies (que reunió a muchas mujeres de polistas)... Durante muchos años, a Sylvita Pereyra Iraola le molestó no poder definirse. No poder indicar claramente cuál era su profesión y ocupación.

El paso del tiempo, de los roles y las mudanzas, sin embargo, hicieron que el patrón común decantara: Sylvita tiene buen gusto, y lo aplica en cada uno de sus proyectos. Lo hizo en las casas propias que ambientó por el mundo mientras acompañaba a su primer marido, el polista Héctor Guerrero Campos; en su tiempo como voz de las bandas Drink Team y The Guilty Dogs (junto al Zorrito Von Quintiero); en sus años como gerente de marketing de María Cher; y ahora en su propia marca personal, Sylvita PI, reflejo de la curaduría de todas sus inquietudes.

Y claro, en esta, su casa actual en Zona Norte, donde vive casi la mayor parte del tiempo. El resto lo alterna con un departamento en Recoleta, donde viven dos de sus hijos, al que vuelve dos noches por semana para realizar sus actividades en la ciudad. Así, en una organización descontracturada pero con mucha gracia y siempre inmersa en proyectos, vive este espíritu libre. 

Sylvita Pereyra Iraola
El living explota de color. La lámpara art déco del rincón es uno de los hallazgos de Sylvita

Sofisticación práctica

La de esta casa es también la historia de un ensamble. Aquí llegaron, en febrero de 2020, Sylvita y Santiago Hirsig en busca de un lugar donde hacer base común para los cuatro hijos de ella y el de él. Aunque no todos viven permanentemente con ellos, es el punto de reunión los fines de semana.

“Yo vivía en el centro y Santi en un departamento en San Isidro. El primer paso fue alquilar una casa en el barrio, y como nos gustó la experiencia, buscamos una para comprar. Dimos con esta, que todavía estaba a medio construir, y tuvimos la suerte de poder tomar algunas decisiones finales”, relata.

 

La idea inicial era ir pasando cada vez más tiempo, pero la pandemia los hizo ir a todo o nada, y terminaron instalándose todos juntos. ¿El veredicto? “Decidimos que era nuestro lugar en el mundo”. 

Acostumbrada a armar casas poniéndole todo su ojo, en esta ocasión Sylvita tuvo que conciliar un poco los criterios con su marido. “Respeté sus gustos y lo fuimos llevando, a veces vamos por los neutros cuando tanto color lo abruma, pero suele confiar”, describe.

 

“Muchos años de vivir en Londres me dejaron el ojo entrenado para un gran uso del color. En Inglaterra todo se mezcla con todo, ¡y queda divino!”

Esta no es una casa típica de barrio cerrado. Más bien, tiene una impronta citadina, con más osadía de lo común. Aunque la lógica prima: la sofisticación se combina con lo rústico, en pos de adaptarse a una vida más campestre, en la que se puede entrar embarrado o donde los perros, los salchichas Alfio y Jorge, son reyes. 

De medidas “manejables” y no gigantesca, asegura que todos los ambientes se usan, pero los preferidos son el living y el comedor, donde suelen agasajar a amigos y familia. Aquí conviven piezas como una lámpara de Alberto Giacometti, sillas y banqueta de Eugenio Aguirre y un increíble bar de espejo que diseñó con su hermana Soledad.

Sylvita Pereyra Iraola
El comedor principal y la barra, escoltados por una obra de José Pereyra Lucena. 

Impronta fiel

Por estos días Sylvita está abocada a su propia marca. También a los pedidos que surgen a partir de la búsqueda de su estilo, como el de aquel amigo que le pidió decorar su casa o los novios que quisieron que ambientara su casamiento en Balcarce. Atenta a estas necesidades y a la amplitud de posibilidades que brinda el mundo del diseño y la curaduría estética, acaba de volver de Londres, donde hizo un curso de arreglos florales en la prestigiosa escuela Flower School Catherine Muller. 

“Nunca quise tener una clásica casa de fin de semana, porque no soy de country. Vivo en todos lados y me encanta, soy cero estructura”


Sobre su marca, explica que lleva su nombre porque es 100% ella. “Hago ciertas cosas que son las que me gustan y yo uso, desde manteles y velas hasta indumentaria para perros y para humanos haciendo matchy matchy”, cuenta. En su página los principales modelos son ella, Alfio y Jorge. Toda una declaración de autenticidad.

Fotos: Néstor Grassi.

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