domingo 20 de septiembre de 2020

LIFESTYLE | 10-08-2020 14:00

Cuerpos hegemónicos: cuando el tamaño del pene importa

Muchos hombres sufren "dick shaming" y evidencian que el complejo físico no tiene género⁠. Inconformismo con su peso, altura y musculatura, son algunas de las emociones negativas que también enfrentan pero que callan.

Mujeres y hombres luchan todos los días contra los estándares poco realistas que se les impone desde los medios de comunicación, las redes sociales y todo tipo de propaganda que alienta a que la apariencia física tiene que ser de una única manera. 

Mientras el cuerpo femenino es víctima de un violento juicio sistemático, la sociedad patriarcal obliga también a los hombres a no exteriorizar sus calvarios personales en cuestiones relacionadas a su propio físico. Incluso, la mayoría experimenta emociones negativas hacia el tamaño de sus genitales, conocido también como "dick shaming", pero lo callan.

Cuerpos hegemónicos: cuando importa el tamaño del pene

Una investigación realizada por la consultora Castonguay asegura que más del 90% de los hombres no se sienten a gusto con su imagen e incluso luchan a diario para poder cambiarla. Aquí es cuando entran en juego incomodidades relacionadas a su peso, altura, forma física, musculatura, cabello e incluso, el tamaño de su pene, entre tantas otras. Otra investigación reveló que de hecho, los hombres que se encuentran en esta situación tienden a disminuir sus emociones y rara vez consideran que deberían recurrir a la ayuda de un terapeuta. ⁠

El "body shaming" no tiene género

En un artículo académico publicado por la Universidad de Bradley, los psicólogos Maggie A. Brennan, Christopher E Lalonde y Jody L. Bain realizaron una comparación de cómo se experimenta la insatisfacción por la imagen corporal según los géneros. Los participantes calificaron sus reacciones respondiendo a afirmaciones como "cuando estoy con personas atractivas del otro sexo", "cuando el tema de conversación se refiere a la apariencia física" y "durante ciertas actividades recreativas".

Tanto hombres como mujeres informaron haber experimentado emociones negativas algunas veces y otras, muy a menudo. Esto demuestra que los hombres y las mujeres son igualmente inseguros de sus cuerpos cuando la idea del cuerpo "es confrontada directa o indirectamente en situaciones sociales".

El 55 por ciento de las mujeres creen son retratadas negativamente en los medios

A este contexto además, en nuestro país se le suma la presión y la angustia de no encontrar ropa. Una encuesta realizada por AnyBody Argentina en 2018, arroja que casi el 70% encuentra problemas a la hora de encontrar su talle y que el sentimiento más recurrente es el de tristeza porque su cuerpo no encaja en la indumentaria deseada. Esto lleva a que el 51% cuestione de forma directa a su cuerpo.

Es que, los mandatos atormentan y el silencio impuesto sobre los complejos relacionados al físico pone en jaque a conceptos sobre los cuerpos hegemónicos, el "machismo" y la "virilidad". Tanto las mujeres como los hombres tienen fragilidades y preocupaciones, que al callarlas, devienen en inseguridades, baja autoestima y sentimientos de vulnerabilidad; cuando no se transforman en trastornos alimenticios.

Cuerpos hegemónicos: cuando importa el tamaño del pene

En este sentido, los hombres parecen ser más propensos que las mujeres, a los trastornos alimentarios "atípicos" y al abuso de sustancias, según descubrieron los analistas Larry D. Burlew & W. Matthew Shurtsen en un estudio realizado en 2013.

Además, sostuvieron que los hombres tienden a ser más "relajados" al sentirse mal con su cuerpo: buscan tratamientos con menos frecuencia o retrasan el tratamiento por más tiempo que las mujeres, debido a la vergüenza que sienten y el miedo al "qué dirán".

Por otro lado, dichos investigadores afirman que las mujeres están más expuestas a situaciones que las hacen sentir insatisfechas con sus cuerpos, por lo que las cifras reflejan que las mujeres están más incómodas con su apariencia que los hombres. De esta forma se entiende por qué la imagen corporal femenina es "tan frecuente" mientras que la imagen corporal masculina rara vez se reconoce, pero no significa que sea inexistente. 

Cuando el tamaño del pito importa

Una de las escenas más comunes entre varones se da en el vestuario del club, al comparar sus penes con los de sus pares y, en base a esto, sentirse más o menos "machos". Las burlas sobre el tamaño del pito son más normales de lo que se piensa y más nocivas de lo que se manifiesta. 

La psicoanalista, Eliana Tornatore, dice al respecto: "Es una práctica habitual principalmente entre los púberes y adolescentes, de manera algo alevosa y sin ser vivenciado con demasiado pudor por la mayoría. En hombres de edades más avanzadas, en cambio, la comparación no se lleva a cabo de la misma manera sino que a medida que las personas crecen, esto tiende a invisibilizarse un poco más. En relación a los tamaños y su comparativa, esto puede repercutir en bromas que, así como burlarse de otro rasgo físico de alguien, es un hábito muchas veces naturalizado, pero que puede llegar a generar sentimientos de inseguridad y/o vergüenza."

Cuerpos hegemónicos: cuando importa el tamaño del pene

Y sigue: "A esto hay que agregarle que, quizás al tratarse de determinada parte del cuerpo, a la cual se le supone un valor simbólico fundamental, la percepción subjetiva tome otros matices. En relación a este valor simbólico, se hace referencia no solo al tamaño en sí, sino a las consecuencias que se le suponen al mismo, en relación a la sexualidad y hasta una especie de status. Es innegable que esto refuerza ideas que podríamos pensar como asociadas a la masculinidad hegemónica (es más hombre quien la tiene más larga), y roles de género rígidos, considerando 'tenerla chica', como un insulto."

Por otro lado, Tornatore asegura que "los penes, la virilidad y la identidad masculina no deberían estar vinculados en absoluto", sin embargo en la cotidianidad de muchos, la realidad es otra. "Se observa como la principal función de hacer bromas sobre el tamaño del pene de alguien, parece ser justamente, atacar su hombría. Las implicaciones de estos chistes son que cuanto más grande es el pene de alguien, más poderoso es, y por lo tanto cuanto más pequeño, más débil. Podríamos pensar como ridiculizar el tamaño del  pene de alguien va en contra de ciertos valores, por que refuerza la idea dañina de que la hombría y el poder son las únicas expresiones aceptables de masculinidad."

"Estos chistes sin embargo, pueden causar gracia entre grupos de amigos en donde los mismos están avalados por todos y son en cierto modo compartidos. Pero en otros casos, pueden convertirse en fuente de inseguridad, angustia y sufrimiento. La vergüenza corporal en cierto modo deshumaniza y reduce a los sujetos a objetos. La lucha contra los prejuicios debe consistir en educar a las personas sobre sus ideas y patrones, para así cambiar ciertas perspectivas sesgadas.", asevera.

Una procesión en silencio

En el caso de los hombres, los cánones preestablecidos los lleva a que desde que son niños tengan que esconder sus sentimientos, en su adolescencia a ser los que a la hora de la intimidad sean "los que tienen que responder como máquinas sexuales" y más tarde en su adultez, los que sienten que tienen el deber de realizarse como "los proveedores".

Asimismo, la mayoría de los hombres de la cultura occidental sienten la presión de "inflar" sus cuerpos y adelgazar, creando una combinación de músculos magros y voluminosos. La investigación de Burlew & Shurtsen también refleja que los trastornos de la imagen corporal pueden ser más graves tanto en hombres homosexuales como en adolescentes heterosexuales hasta adultos jóvenes (después de la universidad) que en hombres de otras categorías de edad.

Cuerpos hegemónicos: cuando importa el tamaño del pene

Al consultarle a la psicoanalista Tornatore sobre el motivo del silencio masculino, sostuvo: "Creo que, para pensar en estas diferencias entre hombres y mujeres, tenemos que pensar que dentro de los estereotipos de género se encuentran los estándares de belleza, los cuales constituyen una construcción social que prefigura lo que se considera como bello o deseable para cada género. Así, surge un ideal de belleza femenina asociado en mayor medida con la delgadez, las curvas, la piel sin marcas; mientras que el ideal de belleza masculina, que tiende a ser más laxo, se vincula a la altura, a la fuerza física, entre otros rasgos." 

"En estos estereotipos de género, se contemplan los estándares de belleza que son impuestos por la sociedad y específicamente por la publicidad, el marketing y los medios de comunicación. Los últimos crean una imagen de cómo deberían ser las mujeres y los hombres, imponiendo patrones físicos ajenos a las características naturales y considerados fuente de éxito, felicidad y seguridad. No obstante, ese mandato ha sido más estricto para el caso de las mujeres, debido a que históricamente han sido los hombres quienes han estado en posiciones de poder, imponiendo estándares estrictos y poco realistas, afectando la autoestima de niñas, adolescentes y mujeres", dice.

Y agrega: "Es innegable que los estereotipos de belleza son cambiantes para cada sociedad y momento histórico. Suele hablarse sobre cómo esos estereotipos o mandatos relacionados con lo físico y modelos de cuerpos hegemónicos, repercuten en el desarrollo y construcción de la imagen corporal en los sujetos de género femenino, pero esto no quiere decir que no afecte también a los hombres. Sin embargo, si bien sabemos que afecta, se observa que no de la misma manera, o al menos no se visibiliza de la misma forma. Es más habitual ver a mujeres que expresan no sentirse seguras con su cuerpo o mismo competir entre ellas.  Podemos pensar en relación a esto, que la auto-percepción o el mandato, pueden ser interpretados de distintas maneras según el género. La pregunta es porque", sumó tornatore.

Los hombres se cuidan tanto o más que las mujeres

Luego, reflexionó sobre cómo los cánones patriarcales que deberían de beneficiar a los hombres por el contrario terminan perjudicándolos. "La llamada masculinidad patriarcal, aunque este sea un sistema construido socialmente para beneficiar a los varones, también se padece, con lo cual, el patriarcado impondría sus cánones no sólo a las mujeres sino también a los varones, que se verían, ellos también, obligados a una forma de ser específica que los convertiría en verdaderos hombres. La masculinidad sería la manera de ser hombre, el concepto social de cómo debe ser un hombre, cuyo ideal para la cultura patriarcal sería ser competitivo, fuerte, duro, musculoso, valiente, viril, un hombre de acción, independiente, seguro de sí mismo, entre otros rasgos.

Durante muchos años, desde su nacimiento se los ha vestido de azul, se les ha enseñado a no quejarse, a no mostrarse vulnerables porque eso significa debilidad, a no demostrar sus sentimientos en especial la ternura, a no pedir ayuda, a ser siempre activos, a confundir acción y agresión con virilidad, a confundir el poder, la productividad, la conquista, la hiperactividad y la penetración con masculinidad, a luchar hasta no dar más, a rendir en los deportes a expensas de la propia salud, a no llorar porque 'los hombres no lloran'. Así es como muchos hombres se ven mal, o se sienten inseguros con su cuerpo, sea por su musculatura, altura, forma física, peso, etc. Pero no es habitual escucharlos 'quejarse' o visibilizar estos complejos. Esto probablemente tenga que ver con los factores de socialización mencionados anteriormente. Se observa por otro lado, que suelen tener una postura diferente en relación al cuidado de sus cuerpos,  aunque actualmente se ven más personas de sexo masculino cuidándose o haciendo dietas, suelen hacerlo desde otro lugar."

Por último, la psicoanalista se refirió al bullying que se puede padecer y cómo esto se articula a la hora de no querer mostrarse como "débiles" en un sistema que está ideado para mostrar al hombre como "fuerte". "A veces también el 'estar gordo' para los hombres, puede ser fuente de chistes y bromas compartidas, sin que necesariamente demuestren inseguridad o angustia. Podemos preguntarnos en relación a esto último si realmente no generan estos sentimientos, o si los hombres no se autorizan a mostrarlos, 'si estoy mal, que no se note'. Algo del mandato, relacionado con los estereotipos de género antes descriptos, se pone en juego, impidiendo quizás de manera inconsciente el poder mostrarse débil porque su cuerpo no responde a determinados cánones. Puede que por eso entonces, esto solo se escuche y se visibilice a través de chistes, pero las cargadas o risas también pueden consistir en medios defensivos. ¿Un hombre se habilita a mostrarse angustiado por qué no puede adelgazar o no está conforme con su físico?, ¿Esto implica en cierto modo mostrarse débil ante el otro, ante la sociedad?... Son interrogantes que quedan abiertos."  

 

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