martes 20 de abril de 2021

CULTURA | 17-12-2020 09:02

Conocé a Lucía Maman, la artista plástica que se interesa por el aborto y triunfa a nivel internacional

Se destaca en esta edición de Art Basel Miami. Es argentina, está a favor del aborto legal, seguro y gratuito se interesa por la genética y la manipulación.

Descubrí que podía dedicarme al arte a los 16 años. Estaba decidida a estudiar Sociología. Pero poco antes de terminar el colegio, me inscribí en el taller de pintura de Juan Doffo, gran artista y profesor, y mi elección vocacional cambió. Ni bien empecé, me di cuenta que el arte y la pintura iban a acaparar toda mi atención en el futuro. Incluso antes de empezar, cuando lo llamé a Juan para coordinar las clases, tuve una intuición, una sensación de que algo en mi vida iba a alterarse.   

A la clase llevé un par de acrílicos y un bastidor en blanco, también una foto de mi hermano a la edad de 5 años que pateaba una pelota de playa de colores. 

A los 8 años, en la clase de arte del colegio, hice una pintura que mis padres decidieron poner en un marco de estilo antiguo, grande y dorado. Algo excesivo y bastante peculiar. Un día, mi padre recibió la visita de una coleccionista inglesa que se detuvo en el cuadro y lo quiso comprar.Es que, con semejante marco hasta la pintura de una nena podía parecer obra de artista. Fue divertido, mi padre tuvo que decirle que no estaba a la venta, pero sin saberlo, me auguro un futuro impensado en ese momento.

 

Mamam

 

Al principio fue todo muy espontáneo. Salí del colegio y comencé a pintar sin parar, casi todo el día, hipnotizada por la pintura, en un depósito que teníamos al lado de la galería de Buenos Aires.  Iba y me encerraba en un cuartito sin tener mucha conciencia de lo que hacer o de cómo hacerlo. No tenía estudios más allá de la experiencia del taller de Juan. Pero poco a poco, fui mejorando y adquiriendo cierta confianza. El apoyo de mis padres, el elogio de algunos artistas y algunas ventas me dejaron entrever que podía ser posible trabajar y vivir de esto.

Los primeros cuadros los vendí a los 19 años a un coleccionista norteamericano – Harold Grinspoon– que estaba de visita en Argentina. El motivo era raro: una nena sentada en un colectivo y a su lado en el asiento vacío, había una pistola apoyada.

-¿Qué es el arte para vos y qué espacio ocupa en tu vida?

-Una forma de conocimiento, una obsesión, una necesidad no biológica, un oficio, un lenguaje, un estado de confusa claridad, un hogar. Es el hogar último: ese lugar donde se cuelgan todos los trajes, incluso aquel que se usa para estar consigo mismo. El arte para mí no es simplemente una acción, un trabajo o un campo a observar y experimentar. Es más. Es mi manera de pensar, de crear y otorgar sentido. Es la herramienta sobre la que me construyo y a través de la cual construyo; el punto en el que todo lo demás se establece o puede establecerse. A veces, también pienso, es la forma que encontré de quererme. 

-¿Cómo es tu estilo?

-Mi pintura es figurativa y expresionista. Además del aspecto formal, me importa la emoción ganada, esa que se va construyendo entre las múltiples capas de materia. Me gusta pintar en formatos grandes porque pienso que le otorgan más poder al error, o lo invitan con mayor vehemencia a volverse parte del resultado. Algunas obras llegan a los 5 metros de altura. Para pintar esos tamaños uso escaleras, andamios y elevadores. No hay mucha magia, es cuestión de moverse.  Si una obra no sale como quiero, la reciclo. No tiro nada. La pinto por arriba con gesso blanco y se vuelve soporte para otra obra. 

 

Crianza rodeada de arte

Sin lugar a dudas, me dediqué al arte por la familia en la que nací y por los padres que tengo. Ambos trabajan en el mundo del arte hace años. Mis padres son y fueron un apoyo fundamental en mi vida.De chiquita, los acompañaba en sus visitas a talleres de artistas y exposiciones. Ese mundo era más que una circunstancia en mi vida, era habitual y por momentos como casi todo lo habitual en la vida de un niño, fastidioso. Gracias a ello, pude acceder a conocer personas increíbles y en parte creo ser autodidacta, porque tuve la posibilidad de tener esa escuela.

La paso muy bien en la soledad del estudio, me gusta trabajar, y por momentos me cuesta hacer otras actividades además de las vinculadas al arte. Con algunas personas comparto las mismas inquietudes y preguntas sobre los procesos creativos y cómo abordarlos. Tengo una gran amiga con la que dialogamos constantemente sobre estas cuestiones. Hablar con ella es esencial en mi día a día. Es una mostra, nació el mismo día que Maradona, debe ser por eso.

También, por lo general, antes de vender una obra, recibo de visita a los compradores. Les cuento el trasfondo de la obra, de dónde y cómo surgen las imágenes. 

 

Los temas de sus obras

Exploro temáticas relacionadas con la genética, puntualmente el lugar de la anomalía genética dentro de la especie humana.  

Esta serie de trabajos nace a raíz de un cuadro de mariposas disecadas y el recuerdo deun compañero de escuela que un día, con inusitada violencia, pisó una mariposa que batía sus alas mientras se posaba en el patio del recreo. Hasta ese momento, no había existido en mi mente la posibilidad de matar a una mariposa. 

Me atrajo la idea de tratar al ser humano desde la perspectiva entomológica, lo cual acarrea la noción de clasificación y estudio de las especies. Las polillas (por definición mariposas nocturnas) y las mariposas provienen de la misma familia de las Lepidoptera, sin embargo, la percepción habitual es que las polillas tienen una coloración parda, comen ropa y vuelan por la noche y por consiguiente hay que matarlas porque si no persisten; y que las mariposas son preciosas criaturas etéreas, que lucen su belleza tan solo un día. Estas percepciones distan mucho de la realidad, pero es interesante ver la construcción simbólica que edifica el ser humano frente a dos especies de una misma familia que representan, por sus determinaciones físicas, cosas antagónicas. Si en vez de una mariposa, mi compañero hubiera pisado una polilla, probablemente y porqué no, lamentablemente, ese suceso no se hubiera convertido en recuerdo. 

Dentro de la especie humana, las diferencias también están sujetas a valoraciones culturales. Muchas anomalías genéticas no son enfermedades ni defectos, sino condiciones. Los sujetos que las portan no son enfermos ni discapacitados, sino identidades neurodivergentes o identidades con distintas configuraciones del cuerpo y/o de la mente que se alejan del punto de fuga del estado corporal y mental delimitado por restricciones normativas. 

El objetivo de mi trabajo es resaltar esos dispositivos que patologizan lo anómalo escudando todo pensamiento o accionar discriminatorio detrás de fundamentos biologicistas. Ya que por mucho que se intente patologizar la anomalía, hay identidad en ella. Es por esto que los ojos y la expresión de los personajes ocupan un lugar central en mi obra ya que, a través de ellos, busco anteponer la existencia al prejuicio clínico.  

 

Aborto, reproducción y niños prediseñados

Toda mujer debería tener el derecho de elegir sobre su vida y su cuerpo.  Es por esto que estoy a favor del aborto legal seguro y gratuito. Sin embargo, a través de mi trabajo hay ciertos dilemas que me interesan cuestionar. Así como apoyo la causa por la despenalización del aborto también defiendo y pienso que todas las personas irrespectivamente de la información genética o configuración física y/o mental que posean, deben tener los mismos derechos y libertades. 

En la actualidad, tanto en casos de reproducción asistida como en casos de gestación natural, los progenitores tienen la posibilidad de descartar y abortar respectivamente aquellos embriones y fetos incompatibles con la vida, así como también aquellos que por sus características anómalas no son deseados. En estos casos, la viabilidad del embrión o feto es por lo tanto determinada por la decisión de sus progenitores y no por su compatibilidad con la vida. A través de mi trabajo, me interesa reflexionar acerca de los problemas morales que plantea esta libertad reproductiva, ya que entiendo las decisiones de los progenitores o futuros padres como circunscritas dentro de un sistema biopolítico que las regula. Su tendencia responde a valoraciones de la vida específicas de cada cultura. En ese sentido, me interesa más pensar acerca de la influencia de estos dispositivos normativos que en el carácter moral de las elecciones particulares, ya que vivimos en una sociedad que discrimina por norma y decide quien vive de acuerdo a sus parámetros de normatividad. 

Hace no muchos años atrás, el fruto de la reproducción quedaba librado al azar de la ruleta reproductiva. Hoy, las técnicas de reproducción asistida permiten la elección de ciertas características fenotípicas (color de ojos, sexo). Los padres ya no son meros autores biológicos, son además creadores intelectuales de su descendencia.

Me pregunto, ¿qué pasará en un futuro con el avance de los reportes genómicos y de las pruebas polifónicas, cuando las clínicas de fertilidad puedan predecir rasgos genéticos más complejos, tales como el grado de inteligencia, o el grado de destreza y habilidad física? Los padres tendrán la posibilidad de elegir factores determinantes en la vida de sus hijos y tal vez, a través de técnicas de edición genética, crear a sus futuros hijos a su voluntad. Será la era de los bebes de diseño. ¿Pero qué pasará entonces con la autonomía del individuo? Al nacer prediseñado, el concepto de autonomía del individuo se quiebra. La libertad de nacer con una determinación azarosa dispone las bases del principio de igualdad natural sobre el que se asienta teóricamente el estado moderno. ¿Qué pasaría con ese sujeto universal autónomo, autorresponsable, que asume las consecuencias, tanto buenas como malas, de sus propias acciones en un mundo que diseña su descendencia? Por ejemplo…  un niño “diseñado” para tener habilidades musicales que al crecer quiere convertirse en futbolista. ¿Sobre quién cae la culpa de que no haya nacido con las piernas de Maradona? A veces pienso que el ser humano está predeterminado a una inercia evolutiva. No se trata de hasta donde se deba o se quiera llegar, si no de hasta donde se pueda llegar. Por más de que haya cierta finalidad lógica en nuestro anhelo evolutivo de querer superar nuestras limitaciones humanas, a veces siento que avanzamos no realmente por elección, sino por inercia. Pero, qué lógica hay en posibilitar todos estos upgrades biológicos, en ser “mejores”, si no podemos antes evolucionar desde la conciencia. 

 

 

at Redacción Marie Claire

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