En las pasarelas de BAFWEEK en La Rural, el pelo y el maquillaje dejaron de ocupar un lugar secundario para convertirse en parte esencial del relato visual de cada colección. Lejos de funcionar solo como un detalle estético, el beauty se integra al concepto de las prendas: refuerza identidades, amplifica emociones y acompaña el gesto creativo de los diseñadores.
Texturas naturales, acabados laminados, rubores intensos y labios con presencia marcan una temporada donde la belleza dialoga con la moda y se convierte en un lenguaje propio.

Texturas, contrastes y peinados que acompañan
Bajo la dirección de Juan Olivera para Estudio Olivera, con más de 25 años de trayectoria, las pasarelas tienen un denominador común: la textura en el cabello.
Dos universos conviven y se potencian. Por un lado, lo natural: melenas con movimiento, rulos definidos y superficies vivas. Por el otro, los acabados laminados y pulidos con una impronta punk, que aportan estructura y contraste.
El resultado es una temporada que celebra la diversidad de gestos capilares: desde bases tipo “casquito” con volumen hasta colas bajas que dejan las orejas al descubierto y recogidos de líneas limpias.

La clave está en un peinado que acompañe con sutileza, permitiendo movimiento y expresión individual sin imponerse sobre la prenda.
En Valentina Schuchner, los laminados adoptan un giro menos romántico: acabados pulidos con jopos marcados y laterales pegados que remiten al revival de los años 90.
García Bello propone una estética etérea y poética donde texturas prolijas conviven con irregularidades controladas. Las colas bajas y los mechones sueltos enmarcan el rostro y aportan movimiento.
En Velasco, las bases prolijas con volumen se combinan con accesorios capilares de fuerte presencia, que funcionan como piezas de impacto dentro del look.
De Crisci apuesta a una estética urbana y juvenil: melenas voluminosas con texturas rotas y foco en las puntas, pensadas para un movimiento natural y desenfadado.
Por su parte, Las Pepas reinterpreta el glamour de los años 20 y 30 con ondas al agua contemporáneas, donde la estructura clásica convive con mechones sueltos que aportan frescura.

En Luz Ballestero, la propuesta se inclina por soluciones limpias y simples: colas y recogidos relajados donde las puntas se expanden como un detalle sutil.
“En esta edición quisimos que el pelo dialogara con la prenda: texturas que acompañan, no que compiten. La sutileza es la nueva declaración de estilo”, explica Juan Olivera.
Pieles naturales, rubores estratégicos y color como accesorio
En maquillaje, Vero Mendoza lidera un enfoque donde el beauty se convierte en refuerzo emocional de las colecciones.
El gran protagonista es el rubor, que deja de ser un detalle tímido para transformarse en un elemento central. Tonos bordó, rojos y corales se funden en la piel creando progresiones de intensidad que aportan profundidad.
Los labios se redefinen a través de las texturas: aterciopelados, satinados y fusiones de acabados que desdibujan bordes y amplifican presencia.

En pasarelas como Sadaels, Mishka y Velasco, los labios se convierten en un foco expresivo, mientras que en Bolivia, De Crisci y Luz Ballestero la mirada adopta gestos disruptivos con detalles que atraviesan el concepto de cada colección.
La piel, en cambio, se mantiene ligera, natural y luminosa, con bases limpias que permiten que el color actúe como un accesorio narrativo.
Los tonos plata, negro y rojo, en acabados mate o metalizados, aportan carácter sin perder coherencia con la paleta de cada diseñador.
“El maquillaje es ahora un lenguaje que expresa emoción. El rubor y las texturas en los labios son herramientas para contar historias, no solo para embellecer”, señala Vero Mendoza.
Cómo llevar estas tendencias a la vida real
Las claves de la pasarela también pueden adaptarse al día a día con algunos gestos simples:
Textura controlada: usar espumas ligeras o sprays texturizantes para lograr movimiento sin apelmazar el cabello.
Laminado con actitud: aplicar crema de peinar y sellar con spray de brillo, combinándolo con puntas rotas para evitar un efecto demasiado rígido.
Rubor narrativo: aplicar el rubor con mayor intensidad en el centro del pómulo y difuminar hacia las sienes para crear profundidad.
Labios con textura: combinar fórmulas mate y satinadas para generar volumen visual y bordes más suaves.
Mirada disruptiva: sumar acentos metálicos o trazos difusos en el párpado para lograr impacto sin perder naturalidad.
En esta temporada, la belleza deja de ser un detalle técnico para convertirse en una extensión conceptual de la moda, donde cada textura, color y gesto acompaña el relato que se construye sobre la pasarela.
at redacción Marie Claire
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