Nuria Bueno presentó ANTEA, su colección de Alta Costura Primavera-Verano 2027, en el Hotel Casa Lucía. Inspirada en la naturaleza, la propuesta combinó escultura textil, flores realizadas artesanalmente, volúmenes y una paleta de colores que dio vida a un jardín imaginario sobre la pasarela. (.)

Diseño y costura | Hoy 20:46

Nuria Bueno presentó ANTEA, un jardín imaginario que florece en la alta costura

La diseñadora argentina presentó su colección Primavera-Verano 2027 en el Hotel Casa Lucía, con un desfile que combinó escultura textil, trabajo artesanal y una puesta en escena inspirada en la naturaleza. En diálogo con este medio, reveló el proceso creativo detrás de los 29 vestidos y la búsqueda de una mirada capaz de descubrir algo más allá de las flores.

El miércoles 14 de octubre, el Hotel Casa Lucía se transformó en el escenario de una experiencia en la que la moda y la naturaleza se encontraron. Allí, Nuria Bueno presentó ANTEA, su nueva colección de Alta Costura Primavera-Verano 2027, en un desfile que invitó a descubrir una mirada artística sobre las formas naturales, los volúmenes y el movimiento.

Desde la ambientación, la propuesta anticipaba el universo de la colección. Grandes amapolas y peonías recreaban un jardín imaginario que envolvía la pasarela y convertía el espacio en parte fundamental del relato. La instalación floral, de carácter monumental, acompañó la presentación de las piezas y reforzó la estética romántica y escultórica que atraviesa el trabajo de la diseñadora.

La música también tuvo un papel fundamental en la experiencia. En sintonía con el concepto de la colección, acompañó las pasadas y contribuyó a crear una atmósfera envolvente, en la que los distintos elementos de la presentación dialogaban entre sí. Cada detalle formaba parte de un mismo universo, pensado para que los invitados pudieran sumergirse en la propuesta y conectar con lo que sucedía sobre la pasarela.

ANTEA: el arte de mirar más allá de una flor

El nombre de la colección remite a una diosa griega y acompaña una propuesta que encuentra en la floración, el crecimiento y los colores naturales su principal fuente de inspiración. Para Nuria Bueno, el punto de partida no fue simplemente trasladar flores a las prendas, sino detenerse a observarlas desde otra perspectiva.

“La idea de incorporar este nombre con esta colección tenía que ver con detenerse un momento a observar más allá de lo que representa una flor”, explicó la diseñadora durante la entrevista.

En ese sentido, el jardín imaginario funciona como un universo creativo en el que conviven distintas especies, colores y texturas. La propuesta invita a observar los detalles de la naturaleza para luego reinterpretarlos a través de la indumentaria y el trabajo artesanal.

“Cuando uno puede mirar un poco más allá, empieza a construir una mirada distinta dentro del arte o del diseño”, señaló Bueno, al explicar el concepto que atraviesa ANTEA.

Esa búsqueda se tradujo tanto en las prendas como en la puesta en escena del desfile. Las amapolas y peonías de gran escala recrearon un jardín que envolvía la pasarela, mientras que las siluetas y los materiales recuperaban las formas orgánicas de la naturaleza desde una mirada escultórica.

De los colores a las siluetas: cómo se construyó la colección

El proceso creativo de ANTEA siguió un recorrido que comenzó con la elección de los colores, continuó con la selección de los materiales y culminó en la construcción de las siluetas. Cada etapa fue tomando forma a partir de la anterior, con las flores como referencia central.

“El primer paso que dimos fue la elección de los colores y, sobre la elección de los colores, luego los materiales y, después de los materiales, las siluetas”, contó Bueno al describir el desarrollo de la colección.

La diseñadora explicó que la construcción de las prendas fue surgiendo a partir de una estructura natural que funcionó como guía para todo el proceso.

“Cuando uno ya tiene una base y tenés una construcción fija que sería una flor, todo lo que vaya pasando se va moldeando en referencia a esto que estamos haciendo”, detalló.

El centro, el movimiento, el color y la manera en que la luz incide sobre los pétalos se convirtieron en elementos para trabajar sobre los géneros elegidos. “Todas las flores tienen un centro, tienen un movimiento, un color, una percepción de la luz, y eso fue lo que fuimos elaborando en el momento de crear sobre los géneros que elegimos”, agregó.

Organza, seda, terciopelo, jacquard, tul y encajes fueron algunos de los materiales utilizados para dar vida a la colección. En el taller, cada tejido fue plegado y modelado artesanalmente para construir las piezas, mientras que las flores realizadas a mano ocuparon un lugar central en la propuesta.

La paleta combinó tonos suaves, acentos metálicos y negro, generando contrastes que acompañaron las diferentes texturas y estructuras. El resultado fue una colección en la que la indumentaria se acerca a la escultura, con formas orgánicas y volúmenes que evocan la naturaleza sin reproducirla de manera literal.

El desafío de crear 29 vestidos

Uno de los aspectos más exigentes del proceso fue la dimensión de la colección. ANTEA está compuesta por 29 vestidos, una cantidad considerable para una propuesta de alta costura en la que cada diseño requiere un desarrollo particular.

El desafío no estuvo únicamente en el número de piezas, sino también en lograr que los colores y las texturas mantuvieran una relación coherente a lo largo de toda la presentación. La diseñadora trabajó con diez colores, organizados en grupos de tres diseños por tonalidad, una estructura que exigió encontrar diferentes formas de interpretar una misma gama.

A partir de esa organización, cada grupo debía encontrar su propia identidad a través de las siluetas y los detalles de confección. Faldas largas y cortas, prendas abotonadas, corsets, mangas, blusas y diferentes volúmenes fueron algunas de las variables que entraron en juego durante la construcción de las piezas.

La dificultad estaba en generar contrastes entre colores y texturas sin perder la armonía del conjunto. Cada vestido debía funcionar individualmente y, al mismo tiempo, integrarse a un relato común. Como explicó la diseñadora, el mayor desafío fue “armar esa disonancia entre los colores y las texturas”.

Una inspiración que llegó desde las grandes capitales de la moda

La búsqueda creativa comenzó meses antes de la presentación, durante un viaje de Nuria Bueno por París, Londres y Nueva York. La diseñadora recorrió exposiciones y desfiles de algunas de las casas de moda que más admira, entre ellas Schiaparelli, Iris van Herpen, Dior y Alaïa. Esas experiencias ampliaron su mirada sobre el volumen, la experimentación textil y las posibilidades escultóricas de la indumentaria.

Sin embargo, hubo algo más que llamó su atención durante esos viajes: la manera en que el público vivía los desfiles. En varias de esas presentaciones, observó espectadores que dejaban de lado sus teléfonos para concentrarse por completo en lo que sucedía frente a ellos. Las miradas se detenían en las siluetas, los detalles de confección, las texturas y el movimiento de las prendas.

Esa forma de contemplar la moda, con tiempo y atención, le permitió descubrir otra dimensión de la experiencia. El desfile dejaba de ser solamente una sucesión de looks para convertirse en un momento capaz de generar emoción, en el que la música, la puesta en escena y cada diseño contribuían a construir un relato.

Esa búsqueda también estuvo presente en ANTEA. La música acompañó el recorrido sensorial y reforzó el concepto general, creando una conexión entre la colección y quienes la observaban. La propuesta invitó a los asistentes a mirar más allá de la primera impresión, detenerse en los detalles y descubrir el trabajo detrás de cada pieza.

Así, la presentación recuperó una manera de vivir la moda desde la atención y la contemplación: dejar las pantallas en segundo plano para entregarse a lo que sucede sobre la pasarela.

Un jardín que se extendió más allá de la pasarela

La ambientación del Hotel Casa Lucía terminó de completar el universo de ANTEA. Las amapolas y peonías de gran escala recreaban un jardín florecido que envolvía el recorrido de las modelos y reforzaba el carácter inmersivo de la propuesta. La naturaleza no aparecía solamente como inspiración, sino como un elemento presente en toda la experiencia.

La presentación reunió, además, a distintas personalidades del espectáculo, la moda y la cultura que acompañaron a Nuria Bueno en una noche dedicada a la alta costura. Entre los invitados estuvieron Paloma Herrera, Belén Ludueña, Flor de la V y Cale Ruggeri, quienes formaron parte del front row del desfile.

Una mirada que se construye en los detalles

“El arte se nutre del ojo del otro”, expresa Nuria Bueno, una frase que resume el espíritu de ANTEA y su invitación a contemplar la moda desde una mirada compartida: la de quien imagina cada pieza, la de quienes le dan vida a través del trabajo artesanal y la de quienes finalmente la descubren.

Diseñadora argentina de indumentaria y alta costura, Bueno desarrolla su propia firma desde 2021. Especializada en patronaje, moldería y técnicas como el moulage, combina procedimientos tradicionales y artesanales con una visión contemporánea. En 2025 obtuvo la certificación de la casa Balenciaga, un antecedente que acompaña su búsqueda de nuevas posibilidades expresivas dentro de la moda.

Con ANTEA, la diseñadora presentó una colección que explora la relación entre naturaleza, cuerpo y materia, pero también una forma de entender el desfile como una experiencia integral. Los colores, los tejidos, las flores, la música y las siluetas se combinaron para invitar al público a detenerse, observar y descubrir la historia detrás de cada diseño.

Porque, en el universo de ANTEA, una flor es mucho más que su forma: es el comienzo de una búsqueda creativa que encuentra en los detalles la posibilidad de construir una mirada diferente sobre el arte y la moda.