Rosario a la carta. (pexels)

Rosario a la carta. Foto: Marie Claire

Rosario a la carta. Foto: Marie Claire

Rosario a la carta. Foto: Marie Claire

Rosario a la carta. Foto: Marie Claire

FOOD | Ayer 21:02

Dónde comer en Rosario: guía gastronómica por la ciudad de la bandera

La ciudad santafesina busca posicionarse en el mapa gourmet del país con propuestas de alta cocina, bodegones, panaderías y, por supuesto, los mejores helados del país.

Fernando Gomez Dossena

Seguramente, hasta hace no mucho, Rosario no era una opción para una escapada gourmet desde Buenos Aires. Pero en los últimos años la escena gastronómica de esta ciudad santafesina fue ganando protagonismo y aquella vieja idea de que “solo se puede comer buen pescado de río mirando al Paraná” perdió algo de vigencia. Si bien esa sigue siendo una gran alternativa, hoy la urbe que vio nacer a la bandera argentina ofrece muchas más opciones sabrosas, clásicas y también sofisticadas. Aquí, un recorrido por esos spots que nadie debería perderse al pasar por Rosario.

Siempre clásicos

El paseo comienza en Comedor Balcarce, el típico bodegón ubicado en Brown 2039. Este restaurante fue fundado en 1966 por Segundo Santarelli: primero fue almacén y despacho de bebidas, para luego convertirse en este cálido espacio tradicional donde, por supuesto, manda la cocina de bodegón. Paredes repletas de recuerdos, estanterías con botellas centenarias y televisores con partidos de fútbol acompañan enormes platos: milanesas a caballo, empanadas fritas, tortilla española, lengua a la vinagreta, entre otros. Aquí sobrevive todavía la suprema a la Maryland, una opción en extinción en la mayoría de los restaurantes porteños.

 

 

Otro clásico para sumar al recorrido es el bar El Cairo. Ubicado en la esquina de Santa Fe y Sarmiento, mantiene intacto ese espíritu de café notable rosarino, entre charlas, vermuts y cocina de bodegón. Allí se reunía la célebre Mesa de los Galanes. Desde la muerte del gran Roberto Fontanarrosa, el lugar conserva un espacio que lo recuerda y que es visita obligada para los turistas. 

Sabores que sorprenden

Pichincha es el barrio de la noche rosarina, una suerte de Palermo porteño. Muy cerca del coqueto boulevard Oroño se encuentra quizá la gran revelación de Rosario: Negre, de Fernando Santarelli y Melina Ocampo, en Güemes 2587. En una antigua fábrica de prepizzas renovada, con estética industrial y sofisticada, el chef Diego Tapia (ex Azafrán, Mendoza) sorprende con platos centrados en la calidad del producto. El pescado de río gana protagonismo, así como las carnes de pastura y los vegetales de huerta. Todo, acompañado por una muy buena carta de vinos. Una extensa cocina a la vista completa la experiencia: ver cómo los chefs, casi como si fuese arte, montan cada uno de los pasos para los comensales.

Otra opción es Refinería (Rawson 443), que combina técnica, fuegos y una fuerte impronta local, con platos de raíz criolla y estacional.

 

 

Capital del helado

Rosario hace honor a este título desde 1999. Las cremas heladas de esta ciudad siempre tuvieron fama por su sabor y calidad, pero en los últimos años la propuesta dio un salto con la aparición de heladerías de autor. Tal es el caso de Bocha, que abrió en 2017 en Paraguay 412 y tiene un espacio tan pequeño como encantador. El local cuenta con su propio laboratorio y desde allí crean helados con sabores singulares como Torta de casamiento, Queso y membrillo, y clásicos como Vainilla de Madagascar. Hay una carta con gustos fijos, pero también una selección especial que cambia cada semana.

Otra alternativa, mucho más conocida y con varias sucursales, son Yomo y Américo.

 

 

Como en Australia

El último stop es Infinita Panadería (Santiago 217). Este lugar nació en 2019 cuando Claudio Joison, productor de espectáculos, algo agobiado por su trabajo y por las nuevas formas del entretenimiento, decidió viajar a visitar a uno de sus hijos en Australia. Allí descubrió panaderías que lo inspiraron a crear este proyecto. Comenzó haciendo masa madre en su casa y vendiéndola a conocidos hasta que decidió ir por más.

 

 

Infinita tiene cocina abierta y un mostrador súper tentador con bollería, tortas, pretzels, scones e innumerables delicias (también opciones saladas para brunch). Todo es rico y memorable. Además, lo que se produce en el día no se repone: esa lógica, sumada a su increíble sabor, la convierte en un lugar único.

Rosario ya no es solo una ciudad de paso o de río: hoy se consolida como un destino donde la gastronomía encontró una identidad propia, diversa y en constante evolución. Una excusa más que suficiente para cruzar la autopista y dejarse sorprender.