martes 27 de septiembre de 2022

SOCIEDAD | 22-06-2022 08:02

Mujeres sindicalistas: testimonios sobre la esperada transformación

Tres historias de trabajadoras que pelean por la igualdad y la inclusión de la perspectiva de género en los diferentes gremios.

Juana del Carmen Britez  (54) 

“Trabajamos para que las empleadas domésticas se visibilicen”

Es vicepresidenta de la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar (FITH) y representante de la Unión Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP) de la Argentina. 
“Llegué en 1986, cuando tenía 16 años. Mis papás se quedaron sin empleo en ese momento y yo estaba en cuarto año de secundario. Tuve que dejar para empezar a trabajar. La primera opción que tuve fue el sindicato de trabajadoras domésticas donde había una bolsa de trabajo”, confiesa.

“Todos los días esperábamos por un día laboral. No teníamos casi derechos pero las personas venían a consultar el decreto 326/56 y yo me ofrecía para atender el teléfono cuando estaba aguardando ahí. De alguna manera me abrió la cabeza para acompañar a las compañeras, a decirles las posibilidades que tenían en ese momento y los motivos por los cuales debían estar sindicalizadas”.
Sobre la regularidad de las empleadas en el sector: “Hay un millón 300 mil trabajadoras informales no registradas. A partir del 2013 tuvimos un gran avance, antes de eso con la adopción del convenio 189 de la OIT, que fue una herramienta muy importante para tener una ley nacional. Hoy seguimos trabajando en la visibilización del trabajo doméstico”.

Mujeres Sindicalistas
Desde el sindicato creó La Casa de la Mujer, donde se brinda contención. 

“La pandemia demostró muchísimo el factor de acoso en el mundo laboral. Hay todo tipo de violencia que sufre la empleada de casas particulares: la no registración, el pago mínimo del salario o no darle el derecho que le corresponde”, cuenta.
“Desde el sindicato inauguramos la Casa de la Mujer donde se tratan tres ejes importantes: uno es dar la primera contención al personal de casas particulares que sufre violencia laboral y doméstica, eso es una problemática que tiene nuestro sector; muchas veces hay que brindar atención de un psicólogo, un médico y una abogada para darle asesoramiento y acompañamiento. También hicimos un convenio con la ANSES donde se hacen los trámites para jubilarse”.


“El objetivo es ver algún día que las trabajadoras domésticas tengan el lugar que le corresponde en la registración a nivel mundial. Avanzamos, pero no al 100 por ciento. Para nosotros lo importante es poder seguir progresando en la registración, visibilización del empleo doméstico como trabajo y obviamente las metas que tenemos es el reconocimiento de los derechos y no sufrir más violencia de ningún tipo”.

 

Graciela Jerez  (60) 

“Los hombres nos ven como competencia”

Es referente de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) desde 1985 y antes de ese tiempo, comenzó su recorrido laboral durante la dictadura en una fábrica. “En ese momento no teníamos elecciones internamente, era delegada hasta que llegó la democracia y luego, lo fui legalmente. Tuve que dejar el secundario, lo terminé en el año 2000”, cuenta.

Mujeres Sindicalistas
Desde la UOM lucha para obtener más derechos.

“Llegaban las quincenas y no cobrábamos en tiempo y forma; había un cuerpo de delegados, pero no se quejaban. Era una adolescente y no me daba cuenta de lo peligroso que eran algunas cosas. En una oportunidad vinieron de la UOM y ahí los conocí. Llevé la voz cantante haciendo los reclamos. Me escucharon porque era algo razonable lo que planteábamos. Cuando terminamos la asamblea, nos quedamos charlando con la gente de la UOM que nos contaron que estaban trabajando, por debajo, para el regreso de la democracia. Como éramos mucha gente joven, enseguida nos prendimos en toda esa movida”.


“Luego empecé a militar con ellos y me invitaron a trabajar allá. Fui la primera mujer dentro de la seccional de Capital. Los compañeros fueron solidarios, me enseñaron a caminar y hoy, gracias a Dios, se está abriendo. Tienen oportunidades las compañeras nuevas y lo digo con orgullo: son varias las seccionales que van a incorporar directivas”, continúa.
“Nuestros dirigentes vieron que hace años armamos una comisión de mujeres. Preparamos proyectos y generamos actividades para ellas. Si bien nos apoyaron bastante en eso, no es fácil. Hay compañeros que ven a las mujeres como competencia, como que les van a ocupar el espacio”. 


Al respecto de su lugar en el sindicato, dice: “Estoy feliz, me hubiera gustado ser directiva. No se dio, pero hay otra compañera y me pone contenta. Ese era nuestro objetivo: trabajar para que hubiera mujeres en las listas”. 
“Estoy orgullosa de mí y mis compañeras. Pudimos visibilizarnos, antes ni nosotras nos conocíamos. Nos acercamos y las que estamos dentro de la organización empezamos a trabajar. Todavía nos falta camino por recorrer porque por ahí ellas no están en los puestos preponderantes, pero están dentro y van a poder alzar la voz”.
“Siempre dije que no estoy en la conducción porque soy mujer. Son muchísimos años de trabajo, de militancia y de estar full time para el sindicato, de ser orgánicos y disciplinados, pero todavía cuesta. Creo que las jóvenes con la marea verde nos empujaron mucho, eso me llena de alegría y orgullo”. 


“Estoy feliz por las metalúrgicas, de lo que se está logrando. Creo que las compañeras nos van a representar bien y que van a trabajar para que haya más mujeres. No es que queremos competir con ellos, buscamos nuestro espacio. Tenemos otra mirada de las cosas, nos gustaría muchas veces dar nuestra opinión”, declara y sobre su experiencia personal sostiene: “Aprendí a caerme, sacudirme y seguirla peleando. Las compañeras deben tener sus convicciones y mantenerse en lo que ellas consideran. Tenemos que venir con nuestra impronta, sería importantísimo para el crecimiento. Le debemos dar paso a las jóvenes, que las amo y adoro; ellas tienen que agarrar las banderas y seguir. Vamos a estar para bancarlas”.

 

Clarisa Gambera  (45) 

“Hay que bancarse ser feminista en un sindicato”

Es titular del Departamento de Género y Diversidad de ATE Nacional, además de trabajar en los derechos de sus colegas, menciona la importancia de asumirse como sindicalista y feminista.

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Promover políticas de diversidad y género es su función dentro del sindicato.

“Llegué cuando era trabajadora monotributista en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre el 2003 y 2004. Pasaban los meses y no cobrábamos. Se armó todo un proceso de organización para ver si reclamábamos los salarios y quedé como delegada del sector. No teníamos mucha experiencia o vínculo con la militancia sindical hasta que apareció la posibilidad de agremiarnos”, cuenta y agrega: “Algunos no reconocían a las monotributistas como trabajadoras hasta que llegamos a ATE que nos dijeron que podíamos ser parte y afiliarnos porque nos daba miedo que nos rescindan los contratos en ese momento”. 


“Durante mucho tiempo nos formamos en espacios vinculados a los feminismos populares y mientras iba transcurriendo nuestra vida sindical a partir de la experiencia de defendernos como trabajadoras. Pero iba como en calles paralelas”, revela.
“A partir del primer Ni Una Menos, que desbordó todas las estructuras y que todas las mujeres se sintieron interpeladas por ese llamamiento, algo empezó a pasar. Con el primer paro desde los feminismos, nosotras, las que nos veníamos conformando como movimiento de mujeres y disidencias, irrumpimos los sindicatos”. 


“Estábamos en estos lugares medio tapadas. También el movimiento feminista miraba con malos ojos al sindicalismo. Tenía un peso complejo pararse en los movimientos de mujeres a decir ‘soy de un sindicato’ porque se piensa como un espacio de varones, masculinizado, jerárquico y con conducciones en general de hombres”, expresa y completa: “A partir de esto que se abrió, empezamos a decir que somos feministas y somos sindicalistas. Estamos dando una disputa profunda desde un lugar muy complejo. Hay que bancarse ser feminista en un sindicato, pero ahora somos un montón”.


Sobre su sector y la Ley de Cupo Femenino, dice: “Hace tiempo cumple con el 30 por ciento en las listas generales. No así necesariamente en todas las estructuras internas. Estamos avanzando en un debate que posiblemente decante en una paridad del 50%-50%. Eso no quiere decir que nuestras compañeras ocupen el lugar de disidencia en la misma calidad que los varones y que estén en los cargos de posición real”. 
“Tenemos más incidencia que antes. Esta forma feminista de hacer política, que es articularnos en lo que tenemos en común para avanzar, nos sirve de antecedente. Nos tenemos que juntar. Hay que lograr más, eso quiere decir un proceso de formación por abajo y de alianza estratégica para acumular cabezas transformadoras. No alcanza con la paridad en términos de cupo ideológico, necesitamos feministas en los cargos de decisión y eso todavía es un camino a transitar”.


“Por supuesto hemos sufrido ninguneos, falta de recursos y violencias más explícitas también. Desde los chistes hasta que no nos enteramos de algunas reuniones porque son mesas de varones. Esto es parte de la experiencia cotidiana y después ya el cuestionamiento respecto de los lugares que podemos ocupar”.
“En cada uno de los sectores pudimos meter perspectiva de género y diversidad, es la conquista de este movimiento en su conjunto. Una potencia sindical feminista que está siendo protagonista de una corriente que desborda las estructuras de los gremios de base”. 

 

at Noel Tesouro

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