domingo 25 de agosto de 2019

SOCIEDAD | Hace 3 meses

Ale Gallo: “La deuda cultural con las trabajadoras es mayor que la deuda externa”

La reconocida periodista de economía, Alejandra Gallo analiza la situación del empleo femenino en el país y apunta iniciativas que motorizan un cambio.

En la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en la Argentina, las que más pierden (en todos los sentidos) son las mujeres que menos tienen. En un país donde mayoritariamente las mujeres están más calificadas en sus niveles de formación que los hombres (siendo mayoría en la población, además) y en el que, por si fuera poco, hay más alumnas universitarias que alumnos es alentador saber que comparando igual cargo calificado entre hombres y mujeres la diferencia remunerativa es casi nula. Lamentablemente no ocurre lo mismo con el acceso a puestos de decisión, ya que la Argentina y México son las naciones latinoamericanas que menor cantidad de mujeres tiene en cargos gerenciales, con sólo un 20 por ciento. En la otra punta de la pirámide, cuanto más bajo el nivel de educación en un mismo puesto la paga para los hombres se multiplica. Tiene que ver lisa y llanamente con la falta de horas libres de las mujeres para trabajar. En esto tienen enorme responsabilidad las generaciones de hombres mayores de 40 años que vinieron haciendo “las normas” a su favor, desentendiéndose de las tareas de cuidados de niños, bebés, enfermos, familiares, ancianos, planchado, las compras y todo aquello que resulte indispensable para el cotidiano funcionamiento doméstico. Las mucamas no tienen mucama ni niñera. Pero las profesionales que sí las tienen, comparten con sus mucamas la carencia de un compañero varón que asuma 50% y 50% “las tareas del hogar”. Esto pasa aún en aquellos casos en que sí se reparten 50% y 50% el pago de las cuentas familiares. En las capas más humildes se agrava porque las jefas de hogar son cada vez más. En la Argentina de sólo un 60% de economía formal y donde 14,3 millones de personas son pobres; la mitad de ellos niños y ancianos. 

Afortunadamente las generaciones sub 40 comienzan a implementar hábitos diferentes y desde las empresas se promueven acciones familiares. En muchos casos las empresas van por encima de la ley fomentando licencias por paternidad o homeworking para la reinserción de profesionales madres. Pero sólo ocurre en quienes tienen mayor formación educativa. Por eso, la brecha salarial se soluciona más fácil y rápido que la otra brecha cultural. Revertirlo es clave y no sólo para aumentar el PBI ya que con un crecimiento económico de 3% durante 5 años la pobreza en el país pasaría de 32% a 26%. Sin ir al hueso del cambio cultural en la igualdad de accesos y oportunidades no habrá equipo interdisciplinario. Los países más desarrollados y felices del mundo, de acuerdo con las estadísticas de las Naciones Unidas y el Banco Mundial revelan sociedades más equitativas y empresas que desde el sector privado promueven los equipos mixtos. Por ejemplo, Dinamarca, Finlandia y Suecia. Es decir, se revierte única y exclusivamente con liderazgo y allí, aún hoy entre las jóvenes que pelean cada día más por sus derechos cívicos y de género se necesitan más voluntarios hombres, especialmente aquellos en puestos de decisión, que recojan el guante. Hay algunos que ya dieron un paso al frente como el tenista Andy Murray quien en septiembre de 2017 apoyó el reclamo de muchas de sus colegas por los injustos ránkings post parto para las tenistas y las remuneraciones en torneos internacionales. “Cualquiera que haya pasado un tiempo con las mejores tenistas sabe que ellas hacen los mismos sacrificios y están tan decididas y enfocadas en la vitoria como cualquiera de los mejores jugadores el circuito masculino”, disparó, probablemente inspirado por su madre tenista y entrenadora. 

Hay iniciativas que se motorizan en el país. Por ejemplo el proyecto meta que promueve la equidad económica de género coordinada por Gala Díaz Langou y que lanzó el Cippec en su cena anual, el pasado 8 de abril. Fomenta acciones concretas desde el sector privado, aún en aquellos sectores considerados nuevos y más permeables a la igualdad de contratación como las empresas del conocimiento. Aún allí, por ejemplo, un estudio de Booking.com reveló que el 44% de las mujeres de la industria de la tecnología dijo que su empresa no prioriza la diversidad de género porque consideran que las oportunidades de desarrollo se dan con la capacitación. Aunque las que hicieron una pausa en su carrera confiesan que son menos valoradas. 

Una de la iniciativas sería las contrataciones a ciegas. Es un método que todos los países europeos ya usan tanto en el sector privado como público. Es sencillamente instrumentar mecanismos de selección sin tener en cuenta el sexo del aspirante sino sus valores y méritos profesionales. Hay casos exitosos. La Filarmónica de nueva York la implementa haciendo audiciones con personas que tocan sus instrumentos detrás de una cortina y descalzos. Así, logró que el 47% de los músicos profesionales en formación actualmente sean mujeres. Sin embargo, las costumbres culturales siguen siendo las más difíciles de destronar, aún en estos casos. Por reglamento interno, a las mujeres les está prohibido tocar sus instrumentos con pantalones y deben hacerlo con pollera. No sin la protestas callejeras de ellas que ya suman tres años y siempre usando pantalones.
 

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