Monday 2 de February de 2026

PERSONAJES | Hoy 05:08

María Abadi: de Envidiosa al zodíaco, una actriz en permanente mutación

Versátil es el adjetivo que mejor la define. No se conforma con una profesión: es excelente actriz y además se dedica a la astrología. Un viaje introspectivo por el universo de esta intérprete, del cual su padre, el amor y hasta Juana Viale forman parte.

María Abadi se parece a una orquídea. Es elegante por naturaleza y bella sin gritarlo. Sabe acercarse lo suficiente al sol sin quemarse en el intento, pensás que requiere cuidado extremo pero es más fuerte de lo que parece. María tiene un suceso teatral como Cyrano, un personaje inolvidable que fue contrafigura de Guillermo Francella en El Encargado, una gato que se llama Pancito, un novio cocinero y una carrera envidiable. Lo sabe Vicky, el personaje de Griselda Siciliani en Envidiosa, que encuentra en ella a su némesis perfecta de la tercera temporada. María, orquídea salvaje, es una fuerza de la naturaleza.

Maria Abadi
“Mi viejo es la imagen de lo que yo entiendo como el amor incondicional y eso es algo que mucha gente nunca tuvo la oportunidad de vivir”.

-¿Hay un trabajo más tentador y riesgoso que ser la contrafigura de Vicky en Envidiosa?

-Mirá, fui al casting con mucha ilusión porque quería estar en Envidiosa, ¿quién no? Ya había hecho una prueba para la segunda temporada y ese personaje, el de la ex de Vicuña, lo terminó haciendo Carla Pandolfi. Pero no me di por vencida, insistí en la tercera, ¡tenía muchas ganas de trabajar con Griselda! Cuando quedé no lo podía creer, después sentí la responsabilidad del rol, porque Lola tiene el poder de ser peligrosa en la fantasía de Vicky y esta temporada transcurre mucho dentro de su cabeza.

-¿Vicky es de esas personas que no permiten que la realidad arruine una buena historia?

-(Risas). Sí, se la pasa maquinando. Viste que en esta temporada  está muy presente la terapia y todo lo que ella flashea, por eso hay tantas referencias que tienen que ver con los sueños. Vicky le pega tanto a Lola porque en su mente es una amenaza, la clase de persona en la que nunca confiaría, proyecta en ella todas sus inseguridades, si te fijás es más lo que se la nombra que lo que aparece en escena. Vicky es intensa y Lola es mucho más liviana, por eso le revienta toda esa naturalidad, que se ponga cualquier cosa, que diga lo que se le ocurra y que todo parece quedarle bien. Es su peor fantasía y un poco la entiendo, ¡porque yo en la vida soy cero Lola!

Maria Abadi
María entre el teatro, las series y la astrología.

-Confieso que veía a Lola y pensaba en Juana Viale. Cuando fuiste a su programa aluciné que se señalaban como el meme de Spiderman…

-(Risas) El personaje tiene algo de su estética, de esas mujeres flacas, lánguidas y relajadas con un aura de realeza que no está prefabricado. Lola es totalmente así y tiene buena onda con Vicky de verdad, no está siendo falsa ni es una villana. Te digo que varias veces que me dijeron que me parecía Juana, yo no me veo para nada parecida, un poco me sorprende porque yo no me percibo así. -Hablando de sorpresas, vos además de actriz sos astróloga.

-¿Qué pasa cuando la vida te sorprende con una profesión que no esperabas?

-Para mí fue muy hermoso y te diría que también aliviador. La actuación siempre fue un interés muy genuino, no recuerdo un momento de mi vida donde no me haya gustado actuar, era de las que estaba en todas las obras del colegio, fue algo tan natural que tardé en entender que era una vocación, eso lo descubrí recién trabajando y fue una especie de condena… ¡ sí, soy exagerada lo sé! (risas), pero lo digo en el sentido de “¡La puta madre, ya no voy a poder hacer nunca más otra cosa”! Pensaba que si no me dedico a esto en la vida, no voy a ser feliz nunca, y la actuación es una profesión compleja porque depende muchísimo de la mirada del otro, de que alguien te de trabajo, es muy inestable. Yo ahora estoy más grande, estoy más tranquila, pero fui muy insegura, entonces depender laboralmente de los demás es muy estresante para una persona frágil en términos de seguridad. Sufría un montón, tenía la sensación de “esto es lo mejor y lo peor que me pasó en la vida” . Cuando apareció la astrología fue sin buscarlo y darme cuenta de que podía vivir de eso fue una especie de revelación. El año de la pandemia coincidió con un gran cambio personal y asomó la Astrología como un lugar de mucho sentido y realización, un espacio muy gratificante, me dio la posibilidad de ganar independencia laboral y desplegó ante mí un mundo de intereses muy verdaderos. Encontré  algo que me gusta tanto como actuar y que puede hacerme tan feliz como eso.

-¿Cómo te llevás con el aspecto privado e íntimo de hacer una carta natal? Porque se me ocurre que la consulta astrológica es más parecida a la terapia que a un rodaje…

-Es así como decís, y yo amo los rodajes, ¡Me gusta llegar y saludar a 70 personas! Pero la astrología es un trabajo mucho más para adentro. Ese aspecto es el que más me cuesta y pienso que por eso no podría dedicarme exclusivamente a la astrología, la parte social para mí es fundamental. Pero es muy hermoso ver que la curiosidad es como un músculo, que está viva y se sigue desarrollando por caminos impensados. ¿Quién sabe qué historias me llamarán la atención en diez años o la semana que viene? La identidad está en perpetua construcción , el sentido vital también va mutando, hoy mi nafta es la curiosidad, me doy cuenta de que cuando ese ingrediente no está es una señal de alarma porque sin la inquietud nada es posible.

-Pensaba en algunas coincidencias, leí por ahí que tus padres se conocieron en una clase de teatro de Lito Cruz. Tu papá, José Abadi, es psicoanalista pero siempre amó el teatro. Tu mamá, Corinne Sacca, también era psicoanalista y crítica de arte. ¿Hay varios dobles oficios, ¿pensás que heredaste algo de eso?

-¡Algo de eso hay! Mi viejo ha hecho cosas como dramaturgo y actor, por eso te decía que el teatro estuvo en mi vida desde siempre. Papá y mamá eran muy teatreros, todo en mi casa giraba alrededor del teatro y las artes plásticas. Hoy mi viejo es todo para mí, el Edipo va creciendo con el tiempo, tantos años de terapia para esto (risas). Hablando en serio, lo que pasa es que fui tomando conciencia de muchas cosas, mi mamá murió en un accidente y él quedó viudo con tres hijas. Ya era un padre re mil presente y amoroso desde siempre, pero se convirtió en el único sostén. Se cargó la situación al hombro, esa fue la sensación que tuve en un momento tan desolador e impactante como la muerte de mi vieja. Recuerdo pensar: “Qué fuerte es tener cuatro patas en una mesa, porque de golpe se cae una y puede seguir en pié”. Ante esta tragedia lo que nos sostenía era el hecho de que mi papá estuviera ahí, bancando con todo a pesar de estar pasando el duelo terrible de haber perdido a su mujer. Porque mi vieja no era solamente la madre de sus hijas, tenían una relación hermosa de pareja, y eso para mis hermanas y para mí fue refuerte también.

-¿Lo decís porque percibías la fuerza de ese amor?

-Sí, mi viejo es la imagen de lo que yo entiendo como el amor incondicional y eso es algo que mucha gente nunca tuvo la oportunidad de vivir. Hay algo que me emociona mucho de él, es un padre muy amoroso, tiene una enorme capacidad de cuidado, de afecto, sabe demostrarlo y decirlo de todas las maneras posibles, siempre está, yo sé que puedo llamarlo y pedirle lo que sea a cualquier hora. Somos distintos en muchas cosas, incluso ideológicamente pero eso nunca llega a poner una distancia, siempre prevalece el respeto y sus ganas de vernos felices. ¡Yo avisé que te debía el Edipo! 

at Marcela Soberano

Galería de imágenes

Accedé a los beneficios para suscriptores

  • Contenidos exclusivos
  • Sorteos
  • Descuentos en publicaciones
  • Participación en los eventos organizados por Editorial Perfil.

En esta Nota

Comentarios