viernes 2 de diciembre de 2022

MODA | 18-10-2022 08:02

Tradición ancestral y futuro virtual: cómo los ponchos catamarqueños entran al metaverso

Los ponchos son una expresión artesanal catamarqueña. De la mano de una empresaria de la provincia estas creaciones de vicuña entrarán a la blockchain.

 Ni trajes coloridos, ni cargan bebés a sus espaldas, si tan fotogénicas, ni de trenzas que parecen prestadas; nada que el imaginario popular asocie con una mujer del altiplano cliché. Es que no son cholas, son chinas de Catamarca y también habitan la Puna. Su oficio: hilanderas de los ponchos de más alto valor en el mundo, los de vicuña, que son trabajados con técnicas ancestrales y tardan entre 6 y 12 meses de confección. Realizan el mismo proceso de hilado, teñido y secado al sol que los pueblos originarios. Son expertos en la forma que logran la esquila del animal en silvestría con la técnica del chaku; que a su vez, aportó el beneficio de recuperar una especie en extinción. 

Ponchos catamarqueños en NTFs
La empresaría Florencia Sosa junto a las artesanas.


Habitan casas de adobe que se convirtieron en talleres. Aprendieron de sus antepasados el tejido en telar criollo. En su mayoría son mujeres y trabajan en familia o cooperativas que armaron para vender sus productos sin intermediarios, establecer precios y recibir una contraprestación acorde el gran trabajo que realizan en piezas únicas e irrepetibles. Catamarca es la “Capital Nacional del Poncho” y el poncho el alma de Catamarca. Son alrededor de 300 artesanas y el mundo de la moda internacional puso sus ojos en ellas, compran por encargo, vienen y retiran. Los tejidos de vicuña son suaves, livianos e impermeables y los más costosos por su confección. Uno de 2mts. pesa tan solo 400 gr y cuesta unos 10mil dólares en mercados internacionales.

Dónde vive el arco iris

Entrar a la casa de Teodora es tal vez el lugar donde habita el arcoíris, cientos de colores de lanas secándose al sol. Un gato baila un vals entre madejas, araña ovillos de rojo remolacha, verde yerba mate y también anilinas industriales. Detrás de él, los telares y sus mujeres hilando el marrón de la lana más buscada. En “Mesa Local de Laguna Blanca” -la Cooperativa belicha más famosa- trabajan de a pares. Una que sabe el oficio y otra que lo aprende. El pie sobre el telar desata una música suave que colma el aire del lugar. Teodora hila con lo último que consiguió, a veces le faltan insumos. Y se ilumina cuando entra la empresaria e influencer Florencia Sosa, la chica del proyecto de nombre raro que prometió “los ponchos habitarán un nuevo universo”.

“En Catamarca no hay expresión más auténtica y mejor lograda que la del poncho. Una prenda en donde se revelan las historias de amor y desamor de cientos de hilanderas”.

Un puente al futuro 

Laguna Blanca es una localidad de 7 mil habitantes entre los departamentos de Belén y Antofagasta de la Sierra. No hay señal de celular, ni wifi y el oxígeno es escaso debido a los 3500 mts. de altura;  ni mercado pago ni visa ni tres cuotas, la venta es manual, esforzada, personalizada, lenta. Las tejedoras no saben de la existencia de un metaverso, solo agradecen que alguien les tienda una mano para vender más y se disminuyan trabas que existen en la cadena artesanal. Florencia es catamarqueña, una de las empresarias más jóvenes del NOA y se desafió a impulsar mujeres de su provincia para tejer un puente entre la tradición ancestral y la tecnología blockchain. El poncho es una vestimenta que atravesó las fronteras y el tiempo. La utilizaron los aborígenes y también las pasarelas de Yves Saint Laurent, Dior y Burberry. “Quiero contribuir para que los procesos de comercialización estén a la altura de mercados tan exigentes”, cuenta Florencia -que se asoció a su amiga y empresaria Florencia Bovo para la creación del proyecto-. 

Ponchos catamarqueños en NTFs

Teodora no detiene el telar mientras Florencia afirma: “En Catamarca no hay expresión más auténtica y mejor lograda que la del poncho. Una prenda en donde se revelan las historias de amor y desamor de cientos de hilanderas”. 
Para facilitarles su entendimiento, Sosa habla de un “nuevo universo” pero se trata de NFT´s. Tres letras que se convirtieron en el trending topic de los últimos tiempos. Non Fungible Token un certificado de autenticidad que mediante tecnología blockchain (la misma que cripto), se asocia a un único archivo digital y de ahí un negocio en el metaverso. De forma tal que el pequeño taller de Teodora, entre a un nuevo mercado que aún le pertenece a unos pocos. 

Ponchos catamarqueños en NTFs
Los talleres en su casa son una herramienta de subsistencia para estas mujeres.

Los ponchos jugaron con suerte esta vez, pues, como los no fungibles, no se consumen con su uso y no pueden ser reemplazados ni sustituibles, son únicos como una obra de arte. “Siempre estamos trabajando y esperando que venga alguien para contarles nuestras historias” -dice Teodora con voz suave-. “Es muy difícil para quien no conoce, entender cómo vivimos y trabajamos con tanto amor en cada pieza”. Florencia le cuenta que cada poncho se convertirá en un activo digital-NFT con un identificador en el que se registrarán metadatos: el nombre de la tejedora y su historia en formato audiovisual, la trazabilidad de la lana de vicuña, el certificado del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Catamarca y el sello de Fauna de Nación que certifica el origen y el cuidado del animal, su valor inicial y su historial de ventas. 

Innovación, mujeres y trabajo artesanal a través de tecnología 3.0, andaban dando vueltas por el corazón de las empresarias, y al fin pudieron materializar el proyecto y terminar en el marketplace. Con misión de que las tejedoras belichas sean reconocidas y valorizadas mediante la primera colección de NFT del mundo en tejido de vicuña. “Soy orgullosa de mis raíces y veo lo rápido que se mueve el mundo. Quise pegar primero para que Catamarca pegue mejor”. 

Ponchos catamarqueños en NTFs

Teodora no entiende del todo, pero la abraza, le suma una copla con su bombo y pide que la filme mientras canta. 
Otorgarles trazabilidad a las tejedoras les permitirá identificar su ADN, un NFT certificado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Catamarca y que convierte las piezas en únicas y valuadas como tal.
Teodora termina su show coplero y aporta más información, la de cientos de mujeres que se acercan a talleres como forma de escapar de sus casas, de historias de violencia de género, de pobreza, de ausencias. El tejido como espacio de sanación y salida laboral. Detrás de un poncho también se hilan oportunidades. Pero el mundo se ha vuelto demasiado material para que el poncho quede en folklore y anonimato, el marketplace las conectará con los mejores compradores para así vender más y mejor. Y eso escribirá la leyenda. 

FOTOS: Bianca Romano. 

 

at Laura Halabi

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