En una ciudad helada y preparada para los Juegos Olímpicos de invierno, Fieramilano Rho volvió a convertirse en el epicentro global del eyewear con la 54° edición de MIDO. Con 1.200 expositores -270 italianos y 930 internacionales de casi 50 paíse- la feria reafirmó su lugar como el gran termómetro de una industria que combina diseño, tecnología y estrategia comercial. Más de 40.000 visitantes de 160 países recorrieron ocho áreas de exposiciones y siete pabellones donde toda la cadena de producción -desde materias primas hasta retail- toma decisiones concretas.
Este es el corazón del eyewear global. Aquí se presentan productos, se construyen relaciones y se imagina el futuro. No es solo una exposición: es el espacio donde la industria se mide a sí misma y proyecta su próxima etapa”, definió su presidenta, Lorraine Berton.
TECNOLOGÍA Y SUSTENTABILIDAD
Uno de los mensajes más fuertes de esta edición fue que el eyewear es también plataforma tecnológica. Inteligencia artificial, microelectrónica y materiales avanzados atraviesan hoy el sector. El desarrollo de monturas en titanio ultraliviano, aluminio reciclado y bio acetatos demuestra una búsqueda simultánea de rendimiento y sustentabilidad.
En óptica, la innovación es constante: lentes progresivas de última generación con campos visuales ampliados, filtros selectivos para reducir la fatiga digital, tratamientos antirreflejo más sofisticados y superficies inteligentes que reaccionan a cambios de luz. La investigación en microcomponentes logra integrar cada vez más precisión en estructuras mínimas.
La inteligencia artificial se aplica en el desarrollo de lentes personalizadas mediante escaneos biométricos que analizan micro movimientos oculares, postura y hábitos digitales del usuario. Esto permite optimizar campos visuales progresivos y reducir zonas de distorsión.
“Cada año añadimos algo nuevo a la Feria porque nuestro objetivo es anticiparnos al cambio, superarnos y mirar al futuro”. Lorraine Berton, presidenta de MIDO y ANFAO.
También avanzan los sistemas de modelado 3D que ajustan las monturas a la morfología exacta del rostro,
mejorando ergonomía y estabilidad. La impresión 3D permite producir estructuras ultralivianas con menor desperdicio industrial y mayor precisión estructural.
Se destaca también la integración de microelectrónica: sensores de luz ambiental, cristales que se adaptan en segundos y desarrollos que incorporan audio direccional sin aislar al usuario del entorno. La tecnología se vuelve discreta, casi invisible, pero decisiva.
La circularidad fue otro eje transversal. Se multiplicaron las propuestas en bio acetato, resinas vegetales y materiales derivados de semillas, fibras naturales e incluso procesos de recuperación de residuos industriales. El lujo contemporáneo se redefine en clave responsable: menos volumen, más precisión, menor impacto ambiental y mayor trazabilidad en la cadena productiva.
Las apuestas concretas
Las tendencias que vienen dejaron claro que el anteojo es identidad. Tres conceptos dominaron la escena.
Water Lights. Propone transparencias, efectos prismáticos y materiales livianos que dialogan con la luz. Las monturas se vuelven etéreas, casi líquidas, con capas superpuestas que modifican la percepción del color según el entorno.
Magma. Explora formas orgánicas y estructuras más densas, casi escultóricas. Acetatos trabajados en relieve, volúmenes arquitectónicos y una estética que conecta con lo primario y lo natural.
Carnet de Voyage. Reinterpreta íconos como el aviator, el panto y el cat-eye desde una mirada contemporánea y cosmopolita. Referencias a los años 60, 70 y 90 conviven con líneas más limpias y proporciones genderless.
La paleta apuesta por la sobriedad sofisticada: cristal, negro, habana profundo, miel, beige, verdes minerales y azules intensos. El rojo cereza y el borgoña aparecen desaturados, mientras los acentos vibrantes se trabajan con texturas, grabados y acabados especiales.
Más allá de la moda, en el plano médico, el gran foco está puesto en el control de la miopía infantil. Nuevas lentes con geometrías periféricas específicas buscan desacelerar su progresión, un tema estratégico si se considera que hacia 2050 el 40% de la población mundial podría ser miope. La visión ya no se aborda solo como corrección, sino como prevención y acompañamiento a largo plazo.
Un optimismo prudente
En un escenario internacional complejo, atravesado por tensiones comerciales, nuevas políticas arancelarias en Estados Unidos y una desaceleración selectiva del consumo, la industria óptica italiana volvió a demostrar su solidez estructural. En 2025, las exportaciones superaron los 5.000 millones de euros, aunque registraron una caída del 3,9% respecto de 2024. La producción, sin embargo, se mantuvo estable en torno a los 5.640 millones de euros, confirmando la capacidad del sistema industrial para sostener volumen aun en contextos volátiles.
Las proyecciones económicas internacionales anticipan un crecimiento global cercano al 3,3% en 2026. “La perspectiva permite un optimismo prudente. La clave será apostar por valor, diferenciación y calidad”, dice muy convencida Berton.
En un sistema que involucra cerca de 800 empresas y más de 22.500 empleados en Italia, el eyewear confirma su peso estratégico dentro del Made in Italy. La capacidad de combinar manufactura artesanal, investigación tecnológica y posicionamiento internacional es lo que le permite atravesar escenarios volátiles sin perder competitividad.
Para 2026, el desafío será interpretar mercados más selectivos y consumidores más informados. Valor agregado, innovación médica y diseño con identidad serán las claves para sostener el crecimiento en un mundo que cambia rápidamente. En tiempos de pantallas infinitas y estímulos constantes, la mirada se vuelve protagonista. Y el futuro se construye, literalmente, a través de lo que elegimos ver.
at Teresa Napolillo
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