Durante largos períodos de la historia de la moda, quienes buscaban algo nuevo comenzaron a mirar más allá de las capitales tradicionales del sistema fashion —París, Milán, Londres y Nueva York— para descubrir nuevas geografías creativas.
Ese cambio comenzó a hacerse visible con la irrupción de los diseñadores japoneses. A comienzos de los años ochenta, cuando Yohji Yamamoto y Rei Kawakubo desembarcaron en París, introdujeron una filosofía completamente distinta: la “perfección en la imperfección”, conocida como el concepto japonés de wabi-sabi.
En un momento en que la moda parisina enfatizaba la sensualidad y las siluetas idealizadas, los japoneses introdujeron asimetrías, bordes sin terminar y el negro como gesto de rebeldía estética.

Esa revolución abrió la puerta a una nueva ola creativa: la moda belga.
Vinculado estrechamente con la Royal Academy of Fine Arts de Amberes, el fenómeno belga cambió el panorama del diseño europeo. En 1986, seis diseñadores —conocidos como los Antwerp Six— llegaron a Londres y demostraron que Amberes se estaba convirtiendo en un nuevo epicentro creativo. Entre ellos se encontraban Dries Van Noten, Ann Demeulemeester y Walter Van Beirendonck, quienes introdujeron la deconstrucción, reinterpretaciones intelectuales de motivos culturales y una estética deliberadamente cruda.
En paralelo apareció Martin Margiela, quien desafió las convenciones del sistema al exponer las estructuras internas de las prendas y convertirlas en parte visible del diseño.
Después de la complejidad conceptual japonesa y belga, la industria comenzó a demandar mayor simplicidad. Fue entonces cuando surgió el minimalismo escandinavo.
Diseñadores de Suecia y Dinamarca —entre ellos Acne Studios, Filippa K y posteriormente Ganni— propusieron una estética basada en el minimalismo funcional y el concepto de effortless cool. Su enfoque eliminó el dramatismo excesivo de la moda y la transformó en algo cotidiano, refinado y contemporáneo.
Entre 2015 y la década de 2020, cuando parecía que la moda ya no podía sorprender, apareció el diseñador georgiano Demna Gvasalia, cuestionando los principios fundamentales de la industria.
A través de Vetements y posteriormente como director creativo de Balenciaga, Demna transformó la idea tradicional de lujo. Llevó a la pasarela elementos que antes eran considerados antiestéticos por la élite fashion: la vida cotidiana, la nostalgia postsoviética y la estética de la calle.
Su trabajo convirtió las siluetas oversize, la logomanía y las llamadas “ugly sneakers” en fenómenos globales, obligando incluso a las casas de alta costura parisinas a dialogar con la cultura urbana.
Al mismo tiempo, en Georgia comenzó a desarrollarse un nuevo ecosistema creativo que posicionó a Tbilisi como un punto relevante dentro del mapa internacional de la moda.
La creación de Mercedes-Benz Fashion Week Tbilisi, fundada por Sofia Tchkonia en 2015, se convirtió en una plataforma clave para conectar el talento local con la industria global.
Gracias a esta iniciativa, diseñadores como Lado Bokuchava, Aka Prodiashvili y George Keburia comenzaron a presentar su trabajo ante una audiencia internacional. Pronto, publicaciones como Vogue, i-D y Dazed comenzaron a interesarse por esta escena emergente, transformando el estilo georgiano en una nueva tendencia global.
Estos dos procesos —la influencia internacional de Demna Gvasalia y el desarrollo de una semana de la moda profesional en Tbilisi— generaron una sinergia única. Georgia comenzó a consolidarse como un verdadero exportador intelectual de moda, donde la tradición artesanal, la historia del país y la vanguardia contemporánea conviven de manera orgánica.
En este contexto también destaca el éxito de David Koma (David Komakhidze), quien presentó el talento georgiano al mundo desde otra perspectiva: el glamour de Hollywood y una sensualidad sofisticada.
Si Demna revolucionó la moda con ironía y estética urbana, David Koma conquistó la escena internacional desde Londres con siluetas escultóricas, precisas y profundamente femeninas.
Su carrera comenzó en Central Saint Martins, donde su colección de graduación captó inmediatamente la atención de la industria. Uno de los momentos clave de su trayectoria fue su nombramiento como director creativo de Mugler entre 2013 y 2017, etapa en la que reinterpretó los códigos históricos de la casa con una mirada contemporánea y futurista.
Hoy, los diseños de David Koma aparecen con frecuencia en la alfombra roja, elegidos por estrellas como Beyoncé, Jennifer Lopez, Kendall Jenner y Dua Lipa.
Su marca representa una mujer segura, poderosa y sin miedo a ocupar el centro de la escena.
Actualmente, Georgia ya no es vista como una curiosidad exótica dentro del mapa fashion, sino como un ecosistema creativo capaz de influir en la agenda global de la moda.
Diseñadores como Aleksandre Akhalkatsishvili, Lado Bokuchava, Irakli Rusadze (Situationist), George Keburia, Tako Mekvabidze, Keti Chkhikvadze y Aka Prodiashvili aparecen con frecuencia en las páginas de las principales publicaciones de moda del mundo.
Al mismo tiempo, el país está fortaleciendo su estructura productiva: ateliers y fábricas locales están elevando sus estándares de calidad, permitiendo que el sello “Made in Georgia” comience a asociarse con diseño distintivo, artesanía y creatividad.
at Rey Aurus.
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