martes 9 de agosto de 2022

LIFESTYLE | 27-07-2022 12:26

Madera, hormigón y "un alma natural", así es la casa de una de las artistas florales más buscadas

El hogar María de los Ángeles Arioni, alma máter de Delta Boutique de Flores, replica muy bien su espíritu fresco y cálido, con ciertos toques de vanguardia.

Racionalista y de impactante presencia. Así podría describirse esta casa de hormigón y lapacho en la que María de los Ángeles Arioni pasa sus días junto a sus hijos Juan y Pedro y su perra China.

En su estructura imponente de caja de concreto hay lugar para mucho calor de hogar. El sentador contraste nace de la profusión de verde, el arte desplegado en objetos y cuadros, la generosidad de textiles, y, por supuesto, la calidez de su anfitriona, que abre las puertas de casa descalza y a pura sonrisa. 

Deco María de los Ángeles Arioni
La construcción es como una gran pieza de hormigón corrido, que ganó calidez con los revestimientos de lapacho.

Un largo camino

Los miércoles de Mery comienzan muy temprano, en el Mercado de Flores, donde a las 4 de la mañana la esperan las variedades más frescas. Allí selecciona las que luego compondrán los arreglos de Delta Boutique de Flores (@delta.boutiquedeflores), su emprendimiento hace más de 12 años, con el que embellece casas particulares, negocios y hoteles, y entre cuyos clientes se cuentan Faena, Osaka, Key Biscayne y Negro House & Pleasures.

Es que la suya es una mano requerida, que no solo está presente en la elección de las flores por las madrugadas, sino sobre todo en las noches de creatividad, cuando organiza los arreglos acompañada por buena música en la galería. 

Su ojo estético, de hecho, tiene una larga trayectoria. Mucho antes de sus creaciones florales fue la artífice detrás de algunas de las vidrieras más vendedoras de Buenos Aires.

 “Cada sector de la casa se usa muchísimo. Siempre pensé que quería que fuera práctica y todoterreno, para que la familia disfrute”

Oriunda de Bolívar, tenía 18 años cuando llegó a la ciudad y, casi por casualidad, comenzó a trabajar como vendedora en un local de ropa. Sus dotes para la venta resultaron evidentes, tanto que pronto empezó a vestir a los maniquíes y tentar con sus elecciones a una enorme cantidad de clientes que salían vestidos tal cual.

Al tiempo pasó como vendedora a otra marca, donde fue descubierta por Claudio Drescher, en aquel momento a cargo del Grupo Vitamina, quien le ofreció ser parte del equipo creativo de la empresa. “Me preguntó si era vidrierista, y yo estaba por empezar a estudiar en ABM”, cuenta Mery. Lo que siguió fueron dos años de trabajo en conjunto, de los más estimulantes que ella recuerde. 

Deco María de los Ángeles Arioni
Mery arma sus arreglos en la galería y su hijo Juan es quien la ayuda con las entregas especiales.


Se detuvo para dedicarse a tiempo completo a ser madre por unos años. Hasta que, acomodando la cartuchera de Pedro una noche, lo escuchó preguntarle “¿no te cansás de sacarle punta a mis lápices todos los días?”. Y entendió que sí. Una madre del colegio fue clave para ayudarla a despertar su instinto creativo, y antes de poder pensarlo demasiado, estaban entre las flores del mercado.

Ese mismo nicho de madres aliadas fueron sus primeras clientas, que admiraron su estilo para los arreglos, y desde entonces no hubo marcha atrás. “Esa primera mañana, mirando todas las flores que habíamos puesto en la pileta mientras definíamos qué hacer, empecé a enviar mensajes al chat grupal. Cuando volví a agarrar el teléfono tenía decenas de pedidos. De alguna forma, me obligaron a generar un emprendimiento”. Mientras lo dice, mira esa pileta inicial donde alguna vez flotaron esos primeros arreglos. El camino recorrido es mucho, pero el refugio sigue siendo el mismo. 

Fotos: Néstor Grassi.

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