domingo 26 de septiembre de 2021

LIFESTYLE | 20-08-2021 17:59

Bajo las garras de una parisina: La confesión más íntima

En esta nueva entrega, nuestra columnista se deja llevar por los sentimientos de encierro en su larga cuarentena en París y se abre como nunca antes.

Alex Pandev
Alex Pandev

Actriz, cantante y escritora.

¡Dios santo, qué insoportables son los buenos sentimientos! ¡Y qué aburrido, someterse al pensamiento único!

Y leer y escuchar en todas partes hasta qué punto las mujeres son apasionadas, feministas, fuertes y capaces de trabajar, cocinar, dar a luz, ser madre, ser padre, conducir... Coger... ¡Y todo al mismo tiempo! A mí escuchar eso me acompleja un montón.

¿Qué pasaría si les confieso que a mí lo que más me gusta es no hacer un carajo? Sólo quedarme comiendo papas fritas y mirando Netflix. 

¿Qué pasaría si les confieso que, para ser sincera, me encanta ser insípida como una calabaza, y que tengo tantos sentimientos como un biscocho? Que solo hago las cosas porque tengo que hacerlas. Y que soy casi tan valiente como una ostra.

¿Qué pasaría si les confieso hasta qué punto esas cogidas salvajes en las que la gente se refriega, se acaricia y se penetra me parecen desagradables? Siempre empiezan igual. Siempre terminan igual.

¿Qué pasaría si les confieso que lo que más me divierte son los disgustos ajenos? Por ejemplo, cuando hay campeonatos de patinaje o de esquí y yo espero sólo una cosa: la caída. 

Una vez una pareja de patinadores se hizo mierda haciendo una figura tipo “te agarro el pie, vos me levantás la pierna, te tiro al aire mientras giro sobre mí mismo, vos me saltás sobre la cabeza y yo te salto sobre los hombros…”.

En fin, algo ridículo, digno de idiotas. Así fue que los patines de la chica le cortaron los dedos a su partenaire. ¡Ay, esas manchas rojas sobre la nieve blanca! El público estaba aterrado y yo estaba feliz delante de la tele. Me reía como una loca...

Y sin embargo no estoy loca.

¡Dios santo, toda esa cohorte de falsas bonachonas y virtuosas le dan a la vida un color tan grisecito!

¿Y qué pasaría si les confieso que las desilusiones ajenas multiplican mi dicha, que los proyectos ajenos que se derrumban duplican mi felicidad, que las parejas que se separan desencadenan mi júbilo... Todo lo que puede ser una mierda para mi prójimo me sumerge en un jolgorio inigualable...

Y, sin embargo, no estoy loca. 

Soy incluso una persona sensible... Muy sensible: ayer lloré porque se me despegó la uña de resina en la que tengo incrustado un diamante, y cuando se me cayó dentro del plato de sopa me manchó el pullover que guardo para las grandes ocasiones. Y era realmente una gran ocasión: ¡el cumpleaños de cinco de Momo, mi gato de angora!

Momo miraba de manera extraña esa enorme mancha verdosa en mi pullover. Yo parecía una pelotuda. No lo soporté. Me puse a llorar. Y le tiré el plato a Momo, que se puso tan verde como la sopa. Bien hecho.

Me olvidé de confesarles que como, trago, degluto, devoro y me la paso masticando aunque no tenga hambre. Y después vomito, en la soledad enfermiza de un baño. Y eso tampoco lo sabe nadie.

A pesar de eso, tengo 80 kg de más en mis mejores momentos y 110 en los peores. 

Digo que me encanta reír, salir y amar. Y me ven como una gorda fantástica, sin complejos. Me gané la reputación de ser una chica feliz con mis carnes, mis grasas y mis dimensiones. Siempre lista para todo... Llena de afecto hacia los demás... 

Vamos, mis queridos antidepresivos, mis queridísimos antipsicóticos, mis ansiolíticos favoritos... ¡A trabajar, pastillitas de mis amores!

 Un día prometí que la gente me amaría. Y me ama. Por lo que muestro. No por lo que soy.

Pero eso no hay que decírselo a nadie. A nadie.

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Alex Pandev
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Actriz, cantante y escritora.

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