martes 22 de junio de 2021

LIFESTYLE | 21-05-2021 19:30

Bajo las garras de una parisina: Lo inconfesable

En su primera edición, la columna a cargo de la multifacética artista francesa (y amante de nuestro país), Alex Pandev, se mete de lleno en eso que muchas veces pensamos y no nos animamos a decir.

Alex Pandev
Alex Pandev

Actriz, cantante y escritora.

Tengo quince años de casada, dos hijos, una vida sexual que por ahora sigue sin dar lástima, un trabajo en el que me divierto, una casa, un perro, una tortuga, amigos, hermanas, cuñados y sobrinos a granel y muy cerca. En fin, lo tengo todo. Y hasta un poco más que todo. Soy una mujer colmada.

Mi marido ronca por las noches y de día trabaja mucho, lo que le evita tener que ayudarme en las tareas de la casa… Pero no importa. Me da lo mismo. Nuestros dos hijos rechazan cualquier tipo de independencia y siempre están queriendo meterse en el lecho conyugal… Pero no importa. Me da lo mismo.

El perro no quiere salir si del otro lado de la correa no estoy yo… Pero tampoco importa. Me da lo mismo. Soy una mujer colmada. Y sin embargo ...

Hay días en los que tengo solo un deseo. Un deseo enorme, que me obnubila, me obsesiona. 

Un deseo tan fuerte y poderoso como un tsunami: ESTAR SOLA.

Que todos los habitantes de la casa se olviden de mí. Desaparecer de escena. Bajar la cortina de hierro. Hacerme la muerta ante el mundo entero…SOLA.

Levar el ancla. Flotar en un mar sereno. Dejar  atrás todo el equipaje. Desconectarme del mundo de la esclavitud, la servidumbre y la tiranía. Y empezar entonces un coqueteo profundo y exclusivo conmigo misma, un viaje en cuatro dimensiones, una expedición de rescate, una vuelta al mundo en baby doll de peluche. SOLA

Tirarme en diagonal sobre la cama, ocupar sola todo el ancho de la King Size y dejar las piernas abiertas sin que a nadie se le ocurra darme vuelta y decirme 
al oído que soy terrible puta.
SOLA.

Depilarme la entrepierna con una pinza japonesa, pelo por pelo. Ponerme a revisar mi vestidor a las tres de la mañana y reencontrarme con ese viejo y diminuto vestido de la marca Courrèges en el que ya no me entra ni un brazo… y empezar a torturarlo con una tijera maldiciendo el paso del tiempo. SOLA.

Durante 48 hs, rodeada de nada. De una nada tan necesaria para evitar el burn out anunciado. 

Escuchar solo mi respiración y el chasquido de mis pasos sobre el parquet encerado en el departamento desierto, meter en el congelador los celulares y la tablet, olvidar las redes sociales y la desenfrenada competencia por los likes, salirme de los zooms, los mails, los skypes, spaces, bings, bangs y bugs.

Y ahí, al fin a salvo de las miradas indiscretas, revolcarme en esa frescura adolescente, volver el tiempo atrás, recuperar la gracia y la inocencia de cuando tenía dieciocho años y permitirme una buena dosis de regresión.

Primero, untarme la cara con la crema más grasosa posible y el cuerpo con aceite de Monoï, sin importarme en absoluto lo que le pase a mis sábanas inmaculadas.

Quedarme mirando fijo la viga de la cocina durante más de treinta y cinco minutos comiéndome las uñas… Jugando a que si llego a mover una pestaña tengo que escribirme PERDIDA en el cuello con marcador negro.

Llamar a mis amigas para darles horas de detalles sobre la última remera de mi vecina que es una absoluta imbécil pero tiene mucha plata y poco gusto.

Ponerme a besar al espejo del living, de tanto que nos queremos. Y desplomarme bajo mi querido edredón, sola y libre, y aullar de placer soñando con ese desconocido del bar tan pero tan sexy…

Déjenme ser por unas horas una mujer emancipada, liberada, absuelta y desanudada de todas esas malditas felicidades que tantos me envidian.

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Alex Pandev
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Actriz, cantante y escritora.

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