En el universo del skincare, la promesa de una piel perfecta parece estar al alcance de un nuevo sérum, una crema viral o un ingrediente de moda. Sin embargo, lo que funciona para una persona puede ser completamente inadecuado para otra. La piel no es universal: es un órgano vivo, cambiante y profundamente individual.
Elegir un producto solo porque es tendencia o porque alguien más lo recomienda puede no solo ser ineficaz, sino también perjudicial. Entender por qué no todas las cremas son adecuadas es el primer paso hacia una rutina verdaderamente efectiva.
Cada piel tiene necesidades distintas
El tipo de piel —seca, grasa, mixta o sensible— es el punto de partida. Una crema rica en aceites puede ser ideal para una piel seca, pero provocar brotes o exceso de brillo en una piel grasa. Del mismo modo, un producto con ingredientes activos potentes puede mejorar la textura en algunas personas, pero causar irritación en pieles sensibles.
Además, la piel cambia con el tiempo. Factores como la edad, el estrés, el clima, las hormonas y el estilo de vida influyen directamente en su estado y en su capacidad de tolerar ciertos productos.

Los ingredientes no actúan igual en todas las personas
Ingredientes populares como el retinol, los ácidos exfoliantes o la vitamina C pueden ofrecer grandes beneficios, pero también requieren adaptación. Su uso sin una evaluación adecuada puede debilitar la barrera cutánea, provocar enrojecimiento o aumentar la sensibilidad.
Por eso, más que buscar productos “milagro”, es fundamental comprender cómo reacciona tu piel y qué necesita en cada momento.
La barrera cutánea: el equilibrio que hay que proteger
La piel tiene una función de defensa. Su barrera natural protege contra agresiones externas y mantiene la hidratación. Cuando se utilizan productos demasiado agresivos o inadecuados, esta barrera puede alterarse.
Los signos más comunes de una barrera cutánea debilitada incluyen: tirantez, enrojecimiento, sensibilidad, descamación y brotes inesperados.
Lejos de mejorar la piel, el uso incorrecto de productos puede comprometer su equilibrio.

Más no siempre es mejor
Una rutina extensa no garantiza mejores resultados. De hecho, el uso excesivo de productos puede sobrecargar la piel y generar el efecto contrario al deseado.
Una rutina eficaz suele basarse en tres pilares: limpieza adecuada, hidratación y protección solar.
A partir de ahí, los activos se incorporan de forma progresiva y personalizada.

El verdadero lujo es escuchar tu piel
Más allá de las tendencias, el skincare efectivo es el que respeta la individualidad. La piel habla a través de sus reacciones, y aprender a interpretarlas es parte del proceso.
Elegir productos adecuados no es seguir una moda, sino construir una relación consciente con el propio cuerpo. Porque el cuidado de la piel no se trata de usar más, sino de usar mejor.
at redacción Marie Claire
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