Orgasmo femenino. (pexels)
Sexo Vainilla: el ejemplo de la convencionalidad y la diversidad sexual
Utilizado en la subcultura BDSM, este concepto varía según las normas culturales, y puede aplicarse tanto a relaciones heterosexuales como homosexuales. Aunque a veces se usa de forma peyorativa para describir relaciones "poco osadas", su significado refleja la diversidad en las preferencias sexuales.
El término "sexo vainilla" se utiliza dentro del mundo de la subcultura BDSM para describir lo que se considera sexo convencional o estándar. En un sentido más amplio, este término abarca las prácticas sexuales que son vistas como "normales" o comunes dentro de una cultura o subcultura específica, y generalmente excluye elementos asociados al BDSM, parafilias, kinks o fetichismos. En algunas ocasiones, se emplea de forma peyorativa para referirse a relaciones sexuales que se perciben como "poco arriesgadas" o "aburridas".
Lo que se clasifica como sexo convencional varía según las normas culturales. En el mundo occidental, por ejemplo, este término se asocia comúnmente con el sexo entre parejas heterosexuales, a menudo en la postura del misionero. También se refiere al sexo penetrativo que no involucra prácticas BDSM o elementos fetichistas.
El sexo vainilla no significa simplemente las posiciones típicas y básicas como lo es la posición de misionero, sino que también puede haber mordidas, nalgadas, tirones del pelo y asfixias o diferentes posiciones, sintiendo solamente el placer del momento que de hecho hace durar el acto por más tiempo.
En el contexto de parejas homosexuales, según el British Medical Journal, el sexo convencional incluye actividades como el afecto, la masturbación mutua, y el sexo oral o anal. Además, se consideran prácticas como el sexo intercrural, el frot, el sumata y el tribadismo, esta última común entre parejas lesbianas, aunque ha sido poco estudiada.
El origen exacto del término "sexo vainilla" es incierto, pero ya se mencionaba en 1984 por la activista Gayle Rubin en su ensayo "Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad". Una analogía popular en la que se utilizó el término a finales de los años 90 lo comparaba con un cliente que, al entrar a una heladería repleta de opciones y sabores, opta por el sencillo sabor a vainilla, representando así la elección de prácticas sexuales convencionales frente a una gama más variada de posibilidades.
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