Durante los últimos años, seguir las tendencias pareció convertirse casi en una regla. Cada temporada —y muchas veces cada semana— nuevas prendas, colores y estéticas se volvían virales en TikTok e Instagram. Del balletcore al mob wife, pasando por el coastal grandmother y el office siren, la moda comenzó a fragmentarse en microtendencias capaces de alcanzar su punto máximo y desaparecer en cuestión de semanas.
Pero algo empieza a cambiar.
Frente a esa aceleración permanente, el llamado anti-trend gana espacio dentro de la conversación de moda como una alternativa al consumo dictado por el algoritmo. La propuesta es simple: construir un placard más personal, con prendas capaces de atravesar varias temporadas y que no dependan de aquello que está circulando en redes sociales en ese momento.

Qué es el anti-trend
Más que rechazar las tendencias por completo, el concepto propone seleccionar cuáles incorporar y cuáles dejar pasar. Es decir, dejar de elegir una prenda únicamente porque se volvió viral y empezar a preguntarse si realmente dialoga con el estilo personal y con aquello que ya existe en el placard.
Un jean recto, una camisa blanca, un blazer, un trench o un par de mocasines pueden parecer demasiado clásicos frente a las novedades que aparecen cada semana. Sin embargo, es justamente su versatilidad la que vuelve a ponerlos en primer plano.
Firmas como The Row, Toteme o Khaite llevan varias temporadas trabajando con siluetas depuradas, prendas funcionales y una paleta que no necesita depender de una tendencia evidente para mantenerse vigente. Más que copiar una fórmula estética, la clave está en recuperar esa idea: la actualidad de un look no siempre depende de estrenar algo nuevo.

Del algoritmo al estilo personal
El auge del anti-trend también puede leerse como una respuesta al cansancio provocado por la velocidad de las redes sociales.
En TikTok, una estética puede convertirse en tendencia en cuestión de días y ser reemplazada poco después por otra. Esa dinámica no solo modifica la manera de consumir moda: también puede alterar la relación que tenemos con nuestra propia ropa, generando la sensación de que aquello que compramos hace pocos meses ya dejó de ser relevante.
Frente a esa lógica, repetir prendas vuelve a tener otro valor. Combinar piezas de distintas temporadas, recuperar ropa que ya estaba en el placard y encontrar nuevas maneras de usarla se convierte en parte del juego.
Una camisa masculina puede convivir con una falda delicada. Un jean vintage puede combinarse con un blazer de sastrería. Un trench clásico puede transformarse por completo con unas zapatillas o con accesorios más llamativos.
La tendencia, entonces, deja de estar únicamente en la prenda para trasladarse a la manera de llevarla.

Los clásicos vuelven al centro de la escena
Jeans de corte recto, camisas, sweaters, mocasines, blazers y trench nunca desaparecieron realmente del placard. Lo que cambia es la manera en que vuelven a ser observados.
En lugar de funcionar como un uniforme de básicos, estas prendas se convierten en una base sobre la cual construir una identidad más personal. Las proporciones, las texturas, las superposiciones y los accesorios son los que permiten actualizar piezas conocidas sin necesidad de reemplazarlas constantemente.
El clásico deja así de ser sinónimo de previsible.
La clave está, justamente, en evitar una fórmula cerrada. Una misma camisa blanca puede resultar minimalista, romántica, masculina o incluso excéntrica según cómo se combine. No se trata de tener determinadas prendas, sino de apropiarse de ellas.

¿El anti-trend es la nueva tendencia?
La contradicción es inevitable: en el momento en que suficientes personas deciden alejarse de las tendencias, el propio anti-trend corre el riesgo de convertirse en una de ellas.
Pero quizá ahí esté lo más interesante del fenómeno. Más que establecer un nuevo uniforme, pone sobre la mesa una pregunta que la velocidad de las redes sociales había dejado en segundo plano: ¿realmente necesitamos renovar nuestro placard cada vez que aparece una nueva estética?
En 2026, estar al día con la moda no necesariamente significa incorporar todo aquello que se vuelve viral. También puede significar saber elegir, descartar y adaptar lo que aparece a una identidad ya construida.
Porque en una época en la que prácticamente cualquier estética puede volverse viral de un día para el otro, tener un estilo propio quizás sea la tendencia más difícil de copiar.
at Milagros Cabrera.
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