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Moda y biotecnología: los materiales del futuro que nacen de hongos, bacterias y residuos
Los textiles del futuro tienen una raíz apenas explorada hasta hace unos años: el reino fungi y bacteriano. Capaces de imitar materiales nobles como cuero, seda o pieles, los biotextiles y la biotecnología aplicada son la respuesta urgente de una industria en crisis.
La industria de la moda es una de las más contaminantes y menos sostenibles. Los textiles sintéticos (derivados del petróleo) suelen ser la alternativa más económica al momento de producir, por lo tanto, son los más utilizados en las prendas fast-fashion. El problema es que eso que nuestro bolsillo compra barato tiene un alto costo para el medio ambiente. Una simple carga de lavarropas es capaz de liberar más de 700 mil fibras microscópicas que contaminan el agua y la cadena alimentaria. Se estima que anualmente 92 millones de toneladas de residuos textiles terminan en vertederos o “cementerios de ropa”, como el desierto de Atacama en Chile. Para ayudar a graficar la dimensión de este desperdicio pensemos que 92 millones de toneladas equivalen a 252 edificios como el Empire State en New York. Pero lo peor es que muchas de esas piezas desechadas (un 30%) son nuevas, es decir, no llegaron siquiera a venderse. Y la gran mayoría de prendas que se descartan tuvieron una cortísima vida útil: entre 7 y 10 usos.
El modo en que consumimos la moda está tan saturado que pareciera no haber otra salida más que el colapso. Sin embargo, todavía hay mucha tela para cortar. Pero no cualquier tela.
Prendas de pasarela y accesorios únicos confeccionados con materiales totalmente naturales.
Una historia sin trama
Para generar un textil se necesita al menos un hilado, en el caso del tejido de punto, y al menos dos para realizar un tejido plano. El hilo se enlaza sobre sí mismo o se entrecruza con otro, mezclando trama con urdimbre. Los llamados no-textiles suelen ser pieles animales o láminas de origen artificial o sintético (caucho, látex, hule). Hoy existe una alternativa que desafía esta lógica: los biotextiles que no se tejen, ni se fabrican, se cultivan. “Nuestro material, REVIUMTM, no parte ni de una piel animal, ni de un polímero sintético derivado del petróleo, sino de una formulación desarrollada a partir de celulosa bacteriana y otros componentes de origen biológico”, explican Rocío Errecaborde y Melina Nisenbaum de +USO, un equipo que fusiona ciencia y diseño. A diferencia de la celulosa vegetal, que se obtiene de las plantas, la celulosa bacteriana es generada por microorganismos que, al crecer en un medio adecuado, forman una matriz que luego puede recuperarse y transformarse en la base estructural del material. “Lo interesante es que su producción ocurre a partir de procesos biológicos controlados y no de una lógica extractiva tradicional. Esta celulosa bacteriana, una vez obtenida, se integra con otros componentes de la formulación para dar lugar al material final, con las propiedades que buscamos en términos de flexibilidad, estructura y aplicación”, agregan las desarrolladoras. Empleado principalmente para marroquinería, calzado, objetos e interiorismo, REVIUMTM continúa probándose en distintas aplicaciones para entender hasta dónde puede llegar y cómo seguir ampliando sus posibilidades de uso.
Una simple carga de lavarropas es capaz de liberar más de 700 mil fibras microscópicas que contaminan el agua y la cadena alimentaria.
Otras alternativas al cuero, a nivel nacional e internacional, se desarrollan a partir del cultivo de hongos. Spora, MycoWorks y Bolt Threads son algunas de las empresas que cultivan los biotextiles que emplean las grandes marcas. Esta última también cuenta con el desarrollo de una alternativa a la seda natural que, a través de procesos de ingeniería genética, fabrica proteínas de seda de araña que se recombinan mediante fermentación, logrando un textil con características superiores a la seda de gusano, libre de crueldad y biodegradable.
Basura de unos, tesoro de otros
La reinvención del universo textil no solo se nutre de lo que nace en placas de Petri o biorreactores, algunos biomateriales aprovechan los subproductos de procesos biológicos existentes. Es el caso de Piñatex, un cuero vegetal creado en base al residuo de la cosecha de piña, o de Mirum, un material biobasado de alto rendimiento empleado como alternativa al cuero vegetal y vegano por marcas como Stella McCartney, Camper y New Balance. Pálticos es el proyecto liderado por la diseñadora industrial Agustina Ruiz, que utiliza principalmente cáscaras y carozos de palta que, mezclados con otros materiales como féculas, agar-agar y aceites vegetales, resultan en bio-láminas traslúcidas que pueden ser rígidas o flexibles, con terminaciones brillantes o satinadas, en distintos espesores y que se emplean tanto en objetos del universo industrial como en joyería de autor. Agustina, que actualmente forma parte del grupo de investigación Sistemas Materiales que cruza diseño, ciencia y tecnología, destaca la importancia de darle espacio a la prueba y error en la creación y el carácter colaborativo y open source en la difusión de estas nuevas prácticas con el fin de transformar el paradigma de los materiales contaminantes.
Este proyecto se enfoca en la protección para productos, reemplazo de telgopor, soluciones para e-commerce, cos
mética y alimento.
Piel ‘sin sacar el cuero’
Históricamente la piel animal ha sido sinónimo de máximo lujo y exponente supremo de la crueldad, por eso desde hace algunos años muchas de las grandes casas de moda como Prada, Versace y Dolce & Gabbana se han unido al concepto “free fur”. El problema es que su contraparte sintética resulta ser un paliativo ambientalmente desastroso. ¿Cómo reemplazar algo tan primitivo y sofisticado a la vez sin dañar el entorno? Ahí es donde emerge la innovación de Savian por BioFluff. “Nos inspiró el hecho de que había muchísimas empresas increíbles abordando la industria del cuero, trabajando en materiales libres de componentes animales y plásticos, pero nadie se ocupaba de la piel”, explica Roni GamZon. Savian Naturals es la primera piel 100% de origen vegetal, elaborada en Italia mediante el uso de fibras naturales de lino, ortiga y cáñamo cultivadas en Europa. La propuesta no pasa por crear un plástico que imite el pelo, sino por aplicar la ciencia de fibras y la tecnología textil para mantener la estructura auténtica de los vegetales. Libre de plásticos y químicos tóxicos, este desarrollo utiliza un 95% menos de carbono que la piel animal y un 75% menos que la sintética tradicional. El impacto no es solo técnico, sino estético: el tacto y la caída conquistan tanto a diseñadores como a consumidores en aplicaciones que van desde el ready-to-wear hasta el interiorismo. “No deberíamos matar animales por esto ni reemplazarlo con combustibles fósiles”, sentencia GamZon, recordándonos que el verdadero lujo es aquel que no deja huellas de destrucción.
El color está en todos lados: en el packaging, en cosméticos, en la ropa. La pregunta que nos guía no es solo cómo teñir tela, sino cómo cambiamos la manera en que el mundo produce color.
La vida color de rosa
Cualquier textil, incluso uno cultivado o ecológico sigue estando incompleto si para insertarse en el mercado debe pasar por los procesos tradicionales de teñido. El teñido es, históricamente, uno de los eslabones más oscuros y difíciles de justificar en la cadena de suministro. La industria textil utiliza más de 70.000 millones de litros de agua al año solo en teñido, vertiendo químicos derivados del petróleo que asfixian los ríos y dejan una huella tóxica prolongada en la piel de quienes confeccionan y usan las prendas. Frente a esta crisis estructural, el proyecto argentino Tintte propone una pregunta incómoda: ¿por qué seguimos dependiendo del petróleo para darle color a la ropa? Lejos de una respuesta puramente artesanal o de intentar “volver a las recetas de la abuela”, Tintte propone un salto hacia adelante a través de la precisión biotecnológica. “Nos dimos cuenta de que los microorganismos -bacterias, hongos, microalgas- producen pigmentos extraordinarios de forma natural. La naturaleza ya había resuelto el problema del color; nosotros solo teníamos que aprender a trabajar con ella a escala industrial”, explica Magalí Mendez, una de sus creadoras. Al desarrollar colorantes bio-based mediante la reproducción controlada de microorganismos, Tintte logra algo que los tintes naturales tradicionales no podían: consistencia, calidad y escalabilidad industrial. No se trata de volver al pasado, sino de dar el siguiente paso lógico. En un contexto global donde las regulaciones europeas (como el reglamento REACH) y los estándares internacionales restringen cada vez más las sustancias químicas peligrosas, el color deja de ser una decisión puramente estética para convertirse en una cuestión de salud pública y cumplimiento ambiental. “El color está en todos lados: en el packaging, en cosméticos, en la ropa. La pregunta que nos guía no es solo cómo teñir tela, sino cómo cambiamos la manera en que el mundo produce color”, señala Mendez.
Materia prima natrual para crear texturas que emulan las pieles y el cuero.
Cuestión de apariencia
El packaging no es una cuestión menor en el universo de la moda, la cosmética y el diseño. Así como la industria textil utiliza el cultivo de hongos para generar nuevos materiales, el estudio de diseño Mosh, liderado por Denise Pañella, lo emplea para fabricar packaging. “Nuestro foco está en la protección para productos, reemplazo de telgopor, soluciones para e-commerce, cosmética y alimentos”, explica Denise y agrega “el packaging suele ser un objeto de un solo uso, de corta vida útil, que hoy depende de materiales que duran siglos”. El proceso combina micelio con residuos agrícolas -como cascarilla de arroz, paja o aserrín-. “La fabricación implica básicamente cultivar: inoculamos el micelio, dejamos que crezca y luego lo moldeamos. No hay procesos industriales pesados: el material toma forma a medida que crece”. Más allá de la innovación tecnológica, para el equipo de Mosh, el componente de diseño no es algo menor: “en ese cruce entre material y expresión, estamos desarrollando piezas que no solo cumplen una función técnica, sino también estética. El año pasado empezamos a incursionar en el mundo del diseño y el arte, y este año buscamos consolidar esa línea con el desarrollo de una colección orientada al diseño de interiores”.
La moda pide un cambio
Mirar hacia el futuro exige un nuevo paradigma: la sustentabilidad real no puede medirse únicamente en cómo empieza una prenda, también hay que mirar cómo termina. En una industria lineal acostumbrada a producir para el descarte rápido, los biomateriales demuestran una eficiencia ecológica que cuestiona todo el ciclo de vida del producto. No se trata de inventar un entramado mecánico, sino de aprender, finalmente, a co-diseñar junto a la naturaleza.
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