Adolfo Domínguez. (Marie Claire)
Antonio Roade de Adolfo Domínguez: “Lo más sostenible es que uno quiera sus prendas y las use”
En el marco de la presentación de la colección Zenit en Buenos Aires, hablamos con el director de Sostenibilidad e Impacto Positivo de Adolfo Domínguez sobre el consumo consciente, el avance del fast fashion y los desafíos de una industria que necesita repensar su relación con la ropa.
¿Cuánta ropa necesitamos realmente? ¿Qué hace que una prenda sea sustentable? ¿Es posible que una marca de moda invite a consumir menos sin entrar en contradicción con su propio negocio? Estas preguntas atraviesan una industria que, entre la aceleración de las tendencias y el crecimiento del ultra fast fashion, enfrenta el desafío de revisar sus modelos de producción y consumo.
En ese contexto, Adolfo Domínguez presentó en Buenos Aires Zenit, su nueva colección (que está disponible en su local de Patio Bullrich), reafirmando una filosofía que la firma española sostiene desde hace décadas: el valor de la calidad, la moda de autor y una relación más duradera con las prendas.
La presentación fue también una oportunidad para conversar con Antonio Roade, director de Sostenibilidad e Impacto Positivo y director de la Fundación Adolfo Domínguez, acerca de los desafíos ambientales y culturales que enfrenta la moda contemporánea.
El backstage del desfile.
Nacido en A Coruña en 1986, Roade es licenciado en Ciencias Ambientales y su trayectoria incluye experiencias en los equipos de sustentabilidad de Inditex, tanto en España como en Asia-Pacífico, y en New Look, donde fue responsable de la estrategia ambiental y de responsabilidad social corporativa. También trabajó en IDH – The Sustainable Trade Initiative, organización vinculada con proyectos sobre deforestación, cambio climático y agricultura regenerativa. Con una mirada que combina el conocimiento de las cadenas de producción con una reflexión sobre el consumo, Roade propone recuperar el valor de la ropa más allá de las tendencias. “A la durabilidad física hay que añadirle una capa de durabilidad emocional”, asegura.
-La sustentabilidad forma parte del ADN de Adolfo Domínguez desde hace décadas. En una industria que cambió tanto y que en los últimos años puso este tema en el centro de la conversación, ¿qué significa hoy mantener ese compromiso?
-Al final, uno puede entender la sostenibilidad a partir de distintos atributos o métricas. En el caso de Adolfo Domínguez, yo diría que la calidad, sobre todo, es un elemento que está intrínsecamente ligado a la sostenibilidad. Está realmente unida a la calidad, tanto a la hora de construir las prendas, en la confección y el patronaje, como a la hora de elegir las materias primas y los tejidos.
Otro de los elementos fundamentales de la sostenibilidad es la moda de autor. Es decir, lo más sostenible es que uno quiera sus prendas, que se las ponga.
-Muchas marcas hablan de sustentabilidad, pero pocas se animan a cuestionar el consumo excesivo. Adolfo Domínguez lleva años proponiendo comprar menos y elegir prendas que duren. ¿Cómo convive ese discurso con una industria que se renueva cada temporada y necesita vender?
-Parece antagónico, pero realmente nosotros apostamos por comprar menos, pero mejor. Creo que es imposible ser sostenible vendiendo camisas a diez euros. También trabajamos mucho, junto con el departamento de comunicación, en el desarrollo de los vínculos emocionales con las prendas. Queremos que una persona, cuando compre una prenda de Adolfo Domínguez, reflexione sobre el hecho de que está comprando algo que tiene valor, un valor diferencial.
Estamos en un mercado donde la moda se convierte casi en una commodity, donde todo va un poco hacia lo mismo. Nosotros intentamos ir por otro camino. Creo que esos dos discursos parecen antagónicos, pero no lo son.
-Por un lado, crece la conversación sobre el consumo consciente. Por otro, avanzan plataformas de moda ultrarrápida como Shein y Temu. ¿Creés que los consumidores aprendieron a comprar mejor? ¿Ves diferencias entre las generaciones?
-Creo que las personas de cierta edad, quizás a partir de los cuarenta años, tienen una mayor apreciación por la calidad de los tejidos. Pero también es cierto que entre los jóvenes de determinado nivel adquisitivo la calidad está ganando mucha importancia, sobre todo en lo que respecta a las fibras naturales.
En muchos mercados, como Estados Unidos, estamos viendo que los jóvenes están evitando las fibras sintéticas y apostando por materias naturales. Al final, la piel es el órgano más grande que tenemos. Es lógico pensar que uno quiera ser consciente de lo que está en contacto con ella.
-¿Cuáles son hoy los principales desafíos en materia de sustentabilidad? ¿Qué es lo más difícil de transformar?
-Somos una marca chiquitita dentro de una industria enorme y muy atomizada. Una marca como Adolfo Domínguez tiene poca capacidad de tracción a la hora de activar determinados cambios en la cadena de suministro. Por mucho que uno quiera utilizar ciertos materiales, a veces no existen, no se encuentran o no están disponibles.
Creo que nuestro reto es cómo, en un mundo dominado por gigantes que quizás no tienen tan incorporada la sostenibilidad, podemos conseguir materias primas con un determinado origen.
También tenemos el desafío de comunicar los atributos del territorio y la procedencia de las fibras. La recuperación de los oficios es importante. Y creo que, sobre todo, tenemos que recuperar la moda de autor. Es importante que los consumidores vuelvan a apreciar la moda como un hecho artístico e incluso como una reflexión filosófica o estética.
-¿Qué deberíamos exigirles como consumidores para saber si estamos comprando de manera consciente?
-Creo que, sobre todo, calidad. Y no solamente durabilidad. Al final, uno puede comprar una prenda muy durable, pero si el diseño no es bueno, no te queda bien o está mal hecha, no es realmente una prenda durable. A la durabilidad física hay que añadirle una capa de durabilidad emocional. Y eso sucede porque la prenda te queda bien, porque te gusta. Creo que la calidad entendida desde ese concepto es uno de los elementos fundamentales. Luego está la cuestión de quién demuestra que una empresa es sostenible. En nuestro caso, somos B Corp, una de las empresas B Corp más grandes de España, y creo que también de Europa.
-En la Argentina, el consumo sustentable todavía suele asociarse con productos caros o poco accesibles. ¿Cómo se encuentra el equilibrio entre ofrecer prendas de calidad y mantener precios que permitan llegar a más consumidores?
-Al final, uno tiene que poder ofrecer al consumidor la mejor moda al mejor precio posible. El precio objetivo no existe. El precio es subjetivo. Lo que sí es cierto es que, si alguien está comprando una camiseta de cinco euros, alguien está pagando el precio, aunque no sea el consumidor. En nuestro caso, intentamos ofrecer el mejor precio, pero la calidad es un atributo al que no renunciamos. La moda de autor también es algo irrenunciable. Ahí está el equilibrio que hay que encontrar.
-Si miramos estos casi cincuenta años de historia de Adolfo Domínguez, ¿cuál considerás que fue el aporte más innovador de la marca en materia de sustentabilidad?
-"La arruga es bella". Creo que eso es lo más innovador que hizo la marca. Desde recuperar el lino hasta darle otro sentido a la moda, incorporando una dimensión más intelectual.
Creo que hemos sido muy rompedores con nuestras campañas. Por ejemplo, "Piensa más, compra menos" y "Ropa vieja". Todas esas campañas fueron rompedoras porque invitan a reflexionar sobre el consumo. Ninguna marca hace eso. También creo que estamos en un momento en el que nuestros proyectos de recuperación del lino gallego y de la lana española son muy innovadores. Son iniciativas que buscan devolverle algo a la comunidad. Creo que pocas marcas destinan recursos a trabajar en proyectos de este tipo.
-Trabajaste en distintas empresas y siempre estuviste muy vinculado con la sustentabilidad. A partir de esa experiencia, ¿cómo imaginás el guardarropa ideal del futuro?
-Hay estudios que dicen que el 80% de las prendas que tenemos en el armario no nos las ponemos. Que utilizamos apenas un 20%.
Yo, después de quince años, me considero un outsider de la moda. Creo que el armario ideal sería uno que tuviera ropa que te ponés y que querés. Que no sean trapos sin ningún tipo de significado ni valor para vos.
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