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Rooney Mara: "Hoy, ser reservada es casi ir contra la corriente”
La actriz protagoniza la nueva campaña de L´Interdit Elixir de Givenchy y vuelve a poner en escena una relación con la belleza que, lejos de los excesos, encuentra su fuerza en la intimidad, la sensibilidad y la libertad de elegir.
Rooney Mara parece pertenecer a ese grupo de actrices que no necesitan ocupar demasiado espacio para dejar una impresión. Su presencia está hecha de silencios, miradas y gestos mínimos; una forma de estar frente a la cámara que también atraviesa la manera en que construyó su carrera, entre el cine de autor, los personajes complejos y una elección consciente de mantener su vida lejos del centro de la escena.
Ahora, esa sensibilidad encuentra un nuevo escenario en la campaña de Givenchy Beauty, que presenta L´Interdit Elixir, una versión de este ya clásica fragancia que gana en intensidad y cautiva por sus notas sofisticadas y su lujoso frasco.
Para Mara, la campaña supone además una nueva etapa en una relación de largo recorrido con la maison. Es embajadora de Givenchy desde 2018 y comenzó a vestir sus diseños varios años antes. “He amado el trabajo de Givenchy desde mucho antes de convertirme en embajadora. Siempre me sentí muy afortunada por la relación que tenemos; han sido increíblemente colaborativos, generosos y comprensivos conmigo”, cuenta.
La nueva campaña propone una estética más nocturna, sensual y cinematográfica, un giro respecto de trabajos anteriores de la actriz con la marca. “Fue muy diferente a las otras campañas. Fue un verdadero cambio de dirección y me entusiasmó probar algo nuevo”, explica.
Si hay una palabra que atraviesa tanto su vínculo con Givenchy como su propia identidad, es dualidad. Mara se siente atraída por aquello que puede ser dos cosas al mismo tiempo: femenino y masculino, delicado y fuerte, reservado y rebelde. Una idea que también encuentra en Sarah Burton, actual directora creativa de Givenchy, con quien dice compartir una sensibilidad particular.
“Creo que, a medida que envejezco, descubro que lo más femenino que puedo hacer es suavizarme. No endurecerme, permanecer abierta y permitir que otros me ayuden”.
“Me identifico muchísimo con Sarah. Es introvertida como yo, muy sensible y suave, pero también tiene una profunda fortaleza interior. Tengo muchísimo respeto por su creatividad”, asegura.
La conversación con Mara también deja espacio para revisar una idea de feminidad que, para ella, cambió con los años. Ya no se trata necesariamente de endurecerse para demostrar fortaleza. Al contrario: hoy encuentra poder en la posibilidad de bajar la guardia.
“Creo que, a medida que envejezco, descubro que lo más femenino que puedo hacer es suavizarme. No endurecerme, permanecer abierta y permitir que otros me ayuden”, reflexiona.
Esa mirada también modificó su relación con la belleza. Después de la pandemia y durante los primeros años de maternidad, dejó de prestarle demasiada atención a la ropa, el maquillaje o las rutinas de cuidado. Ahora dice estar recuperando el placer de esos pequeños rituales.
“Antes pensaba que esa cualidad femenina podía ser superficial o frívola. Ahora no lo creo. Me parece algo hermoso querer aportar más belleza al mundo”, dice.
Es una declaración reveladora viniendo de una actriz que nunca construyó su imagen alrededor del exceso. Su belleza suele aparecer acompañada por cierta austeridad: piel natural, tonos neutros, siluetas minimalistas y una elegancia que no necesita reclamar atención.
Mara llegó a convertirse en una de las actrices más reconocibles de su generación sin recorrer el camino más obvio. Después de Red social (2010), su gran salto llegó con La chica del dragón tatuado, de David Fincher, donde interpretó a Lisbeth Salander. El papel le valió su primera nominación al Oscar.
En 2015 protagonizó Carol, de Todd Haynes, junto a Cate Blanchett. Su interpretación de Therese Belivet le dio el premio a Mejor Actriz en Cannes y otra nominación al Oscar. Después vendrían Lion, A Ghost Story, Mary Magdalene, Nightmare Alley, Women Talking y La cocina, entre otros trabajos.
El hilo conductor no parece ser un género ni una escala de producción, sino la curiosidad. “No hay una regla específica. Elijo lo que me genera algo, lo que despierta mi curiosidad y me hace querer explorar más”, cuenta sobre la manera en que selecciona sus personajes. Esa búsqueda continúa con Bucking Fastard, dirigida por Werner Herzog y protagonizada junto a su hermana, Kate Mara. Para Rooney, trabajar con el cineasta alemán fue una experiencia excepcional: “Quería estar cerca de él, aprender, observarlo. Fue una experiencia increíble y disfruté cada segundo”.
En 2018 fundó junto a Sara Schloat y Chrys Wong Hiraeth, una marca de indumentaria, calzado y accesorios sin productos de origen animal.
También lleva una vida tranquila junto a su pareja Joaquin Phoenix, y su familia. Después de convertirse en madre, redujo aún más su exposición pública. “No es algo en lo que tenga que pensar en mi vida cotidiana. Vivo una vida tranquila con mi familia y, sinceramente, ya no es algo en lo que piense todos los días”, explica.
Esa reserva no significa falta de intensidad. Mara defiende la posibilidad de ser una persona reservada y, al mismo tiempo, romper las reglas cuando algo no le resulta auténtico.
“Creo que podés ser una rebelde reservada. Hoy, ser reservada es casi ir contra la corriente”, sostiene.
Su vínculo con la moda tampoco nació como una estrategia para ampliar su condición de celebrity. En 2018 fundó junto a Sara Schloat y Chrys Wong Hiraeth, una marca de indumentaria, calzado y accesorios sin productos de origen animal. La propuesta surgió de una necesidad personal: Mara no encontraba prendas de calidad que coincidieran con sus valores.
Hiraeth apostó por una estética minimalista y sofisticada y eliminó materiales como cuero, piel, lana y seda. La elección dice bastante sobre su relación con la moda: para Mara, vestirse nunca parece haber sido simplemente una cuestión de tendencia, sino también de coherencia.
Y quizás por eso su vínculo con Givenchy resulta tan natural. En el universo de la maison, Rooney Mara encuentra una forma de belleza que no necesita ser estridente: puede ser sensual sin perder misterio, femenina sin responder a un molde y luminosa sin dejar de ser íntima.
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