(prensa)
Alejandra Naughton, economista y autora: “Nadie rompe sola el techo de cristal”
Economista, directora de empresas y autora de Tantos ojos sobre ellas, encontró en la ficción un territorio para revisar los mandatos que atravesaron a distintas generaciones de mujeres.
Alejandra Naughton pasó gran parte de su vida tomando decisiones en ámbitos donde históricamente predominaron las voces masculinas. Integró directorios, lideró equipos y construyó una trayectoria ligada a las finanzas y al mundo corporativo. Sin embargo, fue la ficción la que le permitió detenerse sobre una pregunta más íntima y, quizás, más incómoda: cuánto de nuestras elecciones responde realmente al deseo y cuánto a los mandatos que heredamos. En Tantos ojos sobre ellas, su primera novela, tres mujeres atraviesan embarazos, maternidades, vínculos, renuncias y dilemas generacionales en distintos momentos de la historia argentina. La trama avanza desde los años ochenta hasta la pandemia, pero detrás de los cambios de época aparece una pregunta que permanece vigente: quién decide el rumbo de una vida.
-En tu libro, los mandatos sobre el deber ser femenino atraviesan toda la historia. Como mujer que llegó a espacios históricamente ocupados por hombres, ¿cuánto de esos mandatos atravesó tu propia vida y tu carrera?
-Muchas veces me pregunto por qué escribí esta novela y creo que tiene que ver justamente con eso. Formo parte de una generación en la que no había demasiadas conversaciones sobre lo que significaba ser mujer, pero sí existía una especie de hoja de ruta bastante clara. Si venías de una familia de clase media, como era mi caso, se esperaba que estudiaras, terminaras una carrera universitaria, desarrollaras una profesión, formaras una pareja y tuvieras hijos. Había tiempos para cada cosa y, si no cumplías con esos pasos a determinada edad, aparecía la sensación de que estabas llegando tarde. Esos dilemas atravesaron mi vida y también aparecen en la novela. Para mí, por ejemplo, era muy importante terminar mi carrera antes de pensar en la maternidad. Existía la creencia de que si tenías un hijo antes de recibirte, todo se volvía mucho más difícil. Además, tampoco existía una conversación tan presente como hoy sobre las tareas de cuidado compartidas.
“Durante mucho tiempo existió una hoja de ruta bastante clara sobre lo que significaba ser mujer.”
-La maternidad, la pareja, la profesión y la autonomía son decisiones profundamente atravesadas por el contexto. ¿Creés que la libertad de elección de las mujeres sigue siendo una libertad condicionada?
-Creo que las mujeres tenemos una dimensión adicional que los hombres no tienen: somos quienes ponemos el cuerpo en la maternidad. Podemos hablar de corresponsabilidad y de compartir tareas de cuidado, algo que afortunadamente está mucho más presente hoy, pero el embarazo, el parto y la lactancia ocurren en nuestro cuerpo. Eso hace que muchas decisiones se tomen contemplando variables que los hombres no necesariamente tienen que considerar. ¿Cuándo tener hijos? ¿Antes o después de terminar una carrera? ¿Antes o después de consolidar una trayectoria profesional? Son preguntas que siguen formando parte de nuestras decisiones. También hay algo que suele observarse en los espacios de liderazgo: muchas mujeres llegan a posiciones de conducción más tarde que los hombres porque, en algún momento de su ciclo vital, incorporan la maternidad. Eso impacta en la carrera, en el desarrollo profesional e incluso en cuestiones económicas futuras.
-Venís del mundo de las finanzas, donde las decisiones suelen analizarse desde una lógica racional. ¿Qué te permitió explorar la ficción que no encontrabas en los números?
-Me permitió observar cómo los grandes procesos económicos atraviesan la vida cotidiana de las personas. La novela transcurre entre fines de los años ochenta y 2020, un período marcado por enormes cambios políticos, sociales y económicos en Argentina. Lo que me resultó fascinante fue ver cómo la inflación, las crisis o la incertidumbre impactan directamente en decisiones personales: estudiar, tener hijos, comprar una casa o postergar proyectos. Muchas veces hablamos de economía en términos abstractos, pero detrás de cada indicador hay personas tomando decisiones sobre su vida. La ficción me permitió acercarme a esa dimensión humana.
El rumbo de la vida es el tema principal de su primer libro.
¿Qué cambió realmente para las mujeres dentro del mundo corporativo y qué sigue siendo una deuda pendiente?
-Los cambios culturales son procesos largos. No existen transformaciones instantáneas. Lo importante es que haya convicción y trabajo sostenido en el tiempo. Los avances reales ocurren cuando las organizaciones impulsan cambios porque creen en ellos y no simplemente para cumplir con una formalidad. Cuando existe una decisión genuina de construir espacios más inclusivos, los resultados terminan llegando.
-¿Qué lugar ocupa hoy la escritura en tu identidad?
-Un lugar enorme. Hace algunos años apareció en mi vida como una herramienta creativa y descubrí que me hacía profundamente feliz. No siento que haya abandonado una identidad para adoptar otra; simplemente incorporé una nueva dimensión a mi vida. Sigo desarrollándome profesionalmente, pero también encontré un espacio donde puedo explorar otras preguntas y otras formas de mirar el mundo.
-¿Creés que la novela también habla sobre la posibilidad de romper el techo de cristal?
Creo que el techo de cristal existe, pero también creo que puede perforarse. Ahora bien, nadie lo rompe sola.