(Néstor Grassi)

Foto: Néstor Grassi

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Moda | Hoy 07:02

Sebastián Raimondi: el diseñador argentino que reinventa la sastrería desde la sensibilidad y la innovación

La sastrería, la intuición y la imaginación conviven sin reglas demasiado rígidas en este diseñador. Una charla sobre el oficio, la identidad y esa búsqueda constante para hacer las cosas de otra manera.

Así como Sebastián Raimondi no es un diseñador convencional, yo tampoco quería hacer esta entrevista como si fuera una línea recta. Su camino no lo es, y probablemente tampoco lo sea el de ninguna de las personas que van a leer esta nota. Me propuse bucear en su mirada sobre las cosas, porque hay una parte de su biografía que muchos ya conocemos. Y si él sale de los casilleros, ¿por qué no acompañarlo? 

La sastrería es la base de sus diseños, ese gesto manual que reivindica y honra como un enamorado del oficio. Estuvo en Milano Fashion Week en formato digital y, en menos de un año, presentará sus creaciones de manera presencial. Pero, como buen hacedor de nuevos universos, le suma una sensibilidad inusual, imaginación e innovación para crear obras de arte portables donde conviven la precisión y lo inesperado.

La marca se presentó de forma online en Milano Fashion Week.

- En tu web hay apenas unas pocas prendas y, en un contexto de sobreexposición y consumo inmediato, parece una declaración de principios. ¿Desde qué deseo nace?

- El de recuperar esa conexión que se genera en el encuentro con el otro. Me mudé hace dos años a este espacio. Yo quería volver a las bases. Por eso, pedís una cita, venís y tenés tu tiempo, algo que toma otra textura en esta época. Tiempo para probar prendas o para que diseñemos algo totalmente personalizado. Inclusive, no necesariamente tenés que comprar: tenés esa hora para conversar y ver qué buscás. El consumo digital hizo que muchas cosas se fueran diluyendo. Querés algo, y lo tenés ya. Pero hay procesos que son intransferibles: sentir una tela, la caída de una prenda, hasta ver cómo es realmente un color. ¿Cómo explicás eso desde una pantalla? ¡Es imposible!. Quería que este lugar fuera ese cruce entre el proceso productivo y lo creativo. Que vengas, que te quedes, que disfrutes del lugar. Por eso hay diferentes espacios: una especie de laboratorio, con las máquinas y los moldes; los sillones llenos de pequeños aliens de peluche, los percheros. Todo está pensado para sentirse parte de la experiencia.

“Hay cosas que no cedo, como la calidad y el diseño, y para llegar a esos estándares hace falta otro ritmo en el hacer. Nuestros maestros sastres cosen pieza por pieza. Cada prenda es un proceso en sí mismo.”

-En este espacio conviven lo lúdico, lo escenográfico y hasta lo performático con una precisión casi quirúrgica. ¿Cómo dialogan esos mundos al momento de crear?

-Para empezar soy disléxico. Mi cabeza piensa en imágenes. Ya de chico amaba inventar y crear cosas. Soy más intuitivo que lógico, pero a la vez amo la perfección en los procesos. La inspiración me viene de todos lados. El cine, décadas y sensaciones, charlas, la cancha, lugares... De hecho, desde acá te acercás y por la ventana ves el Hotel Alvear y adentro tengo un póster de Maradona. También en ciertos lugares de Caba sigo conservando ese espíritu de turista. Me gusta mantenerme permeable, despierto a todo lo que me resuena. Y así como cuando las partes de un molde se unen todo va tomando sentido. Por eso no quiero que RAIMONDI se acote y sea solamente prendas. Así como hace un año lancé el perfume, que es totalmente artesanal, ¿por qué una marca de indumentaria debería limitarse solo a hacer ropa? El día de mañana me imagino diseñando objetos, hasta, por qué no, una guitarra. Esas cosas que te acompañan en la vida.

-¿Cómo te llevás con la dicotomía entre el tiempo para profundizar y el crecimiento de la marca?

-Soy un apasionado de lo que hago, y hay cosas que no cedo, como la calidad y el diseño, y para llegar a esos estándares hace falta otro ritmo en el hacer. Nuestra confección está hecha por maestros sastreros, cosida pieza por pieza. Cada prenda es un proceso en sí mismo. Me gusta investigar, innovar sobre lo que ya existe y buscar la manera de hacerlo distinto.

Hay molderías que me llevan años de prueba. Desde el diseño no me gusta pegarme a nada. Incluso tengo prendas terminadas que, cuando veo que otro diseñador hizo algo similar, no pongo a la venta. Por eso, cuando hablo de atemporalidad, me refiero a piezas artesanales que siguen otra lógica, alejada de las exigencias del mercado. Esas que puedan acompañarte en diferentes etapas de la vida, sin quedar pegadas a ninguna tendencia. Obviamente quiero vender más. Pero no se reduce a ganar más plata. Para mí significa poder hacer más cosas, más desfiles, más fotos, más equipos de trabajo. Admiro de los japoneses, entre otras cosas, esa mirada puesta en la construcción de una empresa a largo plazo. En nuestro país no hay proyectos a largo plazo. Viene otro y borra todo.

Los detalles y el corte hacen la diferencia en su diseño.

-Siendo un perfeccionista nato ¿cómo te llevás con el error?

-Me encanta el error, esa cosa medio rota. Seguramente algo nos está queriendo decir. Porque desde lo que podríamos llamar “error” hay un montón de cosas para generar. Yo lo traduzco como una posibilidad. El caos y la perfección se tocan indefectiblemente y nos habilitan a darle la bienvenida a lo inesperado.

-Entonces contame algo inesperado que te haya pasado hace poco.

-El año pasado estaba dando una charla en la Universidad de Palermo y se me acerca Darío dueño de la marca Lyon, y me cuenta que se dedica a hacer camisetas de fútbol. Justo estaba con el proyecto de rediseñar las camisetas para el Club Ferrocarril Oeste, el club de mi papá y de mi tío. De hecho, mi papá jugó en la reserva. Fue como honrarlo, reencontrarme con él desde una de nuestras pasiones, el fútbol. Salen en un mes y si bien conservan la esencia del club, tienen muchos detalles artesanales, como los números bordados. Mi impronta viaja desde una camiseta hasta un traje a medida —se sonríe—. Por momentos, mi vida parece una película de Wes Anderson, onda El gran hotel Budapest, con esos personajes llenos de diferentes matices.

“Quiero llevar lo propio, lo argentino, sin adaptarme a un lenguaje para entrar en otra cultura. Busco que mi mirada sobre el diseño, mi imaginación y la narrativa te interpelen, te abran perspectivas.”

-Participaste dos veces en Milano Fashion Week digital ¿Qué querés poner en circulación cuando llevás el universo de RAIMONDI hacia afuera?

-Yo siempre hago lo que me gusta. Quiero llevar lo propio, lo argentino, sin adaptarme a un lenguaje para entrar en otra cultura. Eso también es llevar RAIMONDI a otros lugares. Soy un enamorado de mi país. De hecho, no me imagino viviendo definitivamente en otro lugar. Sí, tal vez ir y venir. Busco que mi mirada sobre el diseño, mi imaginación y la narrativa te interpelen, te abran perspectivas. Como pasó con las escenas del baño que recreamos junto al director José Fogwill y el guionista Felix Perret. En enero vamos a hacer la presentación física de la colección invierno 2028. Una locura hermosa que se logra gracias al equipo de amigos con los que trabajo. Yo puedo tener muchas ideas en mi cabeza, pero viene César Galeano, mi estilista y las lleva al plano de lo posible y lo increíble.

-Este mes vas a estar en Designers con Human, la presentación que primero llevaste a Milán. ¿Qué hay detrás de ese concepto?

-Human nace de una idea que hoy me atraviesa mucho, cómo recuperar lo humano en un momento en el que la tecnología está cada vez más presente y hay cosas esenciales que se están perdiendo. Me encanta la tecnología, pero para mí es una herramienta. No todo se puede tamizar por la tecnología. Las máquinas nos permiten hacer costuras más precisas, abrirnos a nuevas posibilidades, pero siempre para engrandecer y aportar valor al oficio. La colección busca reformular la sastrería desde una mirada emocional y actual.

El proceso creativo del diseñador está siempre acompañado por el trabajo de su equipo de sastres.

-Quiero cerrar con la primera pregunta que te hice cuando nos sentamos. Si tuvieras que sacar una foto de este momento personal, ¿cómo sería?

-Estoy en una montaña rusa de emociones. Por un lado, tengo proyectos muy grandes que me ilusionan muchísimo y, por otro, siento que estamos todo el tiempo en la cuerda floja. Y no solamente en lo económico, también en lo social y en lo espiritual. Yo soy muy espiritual. Por eso estoy convencido de que la forma de resistir es desde la empatía, pero no como una palabra vacía. Y, como dije cuando empezamos a hablar, en estos tiempos el encuentro es necesario.