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| Hoy 13:20

Bridal Runway Latam: alta costura para bodas

Durante tres días, Buenos Aires fue escenario de una conversación estética que excedió al vestido blanco. Bridal Runway Latam reunió a algunos de los nombres más relevantes del diseño nupcial para demostrar que la novia contemporánea ya no responde a una única narrativa.

Más que una pasarela, Bridal Runway se consolidó como un observatorio del imaginario bridal latinoamericano en transformación. Diseñadores de distintos países trazaron un mapa donde conviven el romanticismo clásico, la sensualidad arquitectónica, el trabajo artesanal y una nueva mirada sobre la identidad femenina.

Durante tres jornadas, Buenos Aires volvió a convertirse en punto de encuentro para el universo nupcial latinoamericano. La plataforma creada por Due Agency celebró una nueva edición en el Four Seasons Buenos Aires con una agenda que reunió diseñadores, referentes de la industria y figuras vinculadas al mundo de la moda para anticipar hacia dónde se dirige el bridal contemporáneo.

Si algo dejó en evidencia esta edición es que el vestido de novia ya no responde a una única idea. Ya no se trata exclusivamente del romanticismo tradicional ni de códigos heredados sin revisión. Hoy, la novia puede ser muchas mujeres a la vez: sofisticada, minimalista, teatral, introspectiva, poderosa o profundamente clásica. Esa multiplicidad fue el verdadero hilo conductor de las pasarelas.

La apertura del calendario propuso una mirada internacional y profundamente sensorial. Desde Colombia, Virgilio Madinah construyó una narrativa donde el Caribe dialogó con la opulencia ornamental de Medio Oriente, con vestidos atravesados por cristales, bordados y una fuerte impronta joyera. Pablo Almenar, en cambio, eligió reinterpretar la elegancia de los años cincuenta con siluetas estructuradas, perlas y transparencias que devolvieron protagonismo a una feminidad clásica revisitada desde el presente.

Amelia Fonio profundizó una de las tendencias más visibles de la temporada: la corsetería expuesta como elemento central del diseño. Su propuesta imaginó una novia segura, contemporánea y emocionalmente conectada con su identidad, donde la estructura deja de ocultarse para transformarse en gesto estético.

Uno de los cruces más interesantes apareció con Ibraina junto a Vizzano, en una colaboración que puso en escena una conversación entre tradición artesanal, identidad latinoamericana y diseño contemporáneo. Textiles hechos a mano, referencias a técnicas ancestrales y una mirada sobre la sustentabilidad ampliaron el lenguaje bridal hacia territorios menos convencionales.

La segunda jornada se movió entre lo emocional, lo conceptual y lo profundamente personal. Diego López presentó una colección atravesada por la nostalgia y la belleza efímera de los grandes momentos. Desde Paraguay, Ofelia Otello propuso una novia más libre, íntima y menos condicionada por los mandatos clásicos. Deblanco encontró en el legado familiar y el oficio artesanal el punto de partida para una propuesta depurada, sensible y contemporánea.

Valenzuela Couture llevó a escena una mirada donde la técnica se vuelve emocional: precisión estructural, construcción a medida y una relación íntima entre diseñador y clienta. Nuria Bueno exploró el contraste entre rigidez y movimiento, entre exceso ornamental y ligereza, en una colección donde el caos se convirtió en lenguaje visual. Como una de las maisons históricas del universo nupcial argentino, Laurencio Adot reafirmó la vigencia de la alta costura entendida como experiencia personalizada, donde el vestido no es solamente diseño sino construcción emocional.

El cierre quedó en manos de Pucheta Paz, que ocupó la última jornada con una de las presentaciones más esperadas del calendario. Reconocida por su universo de alta costura, sus construcciones arquitectónicas y una estética donde conviven dramatismo, precisión y artesanía, la firma presentó por primera vez su universo bridal en formato pasarela. Más que un desfile, fue una inmersión en el corazón creativo de la maison: un recorrido por ese territorio íntimo donde nacen piezas concebidas desde la emoción, el detalle extremo y una visión casi escultórica del vestido de novia. Un cierre a la altura de una edición que entendió al bridal no como categoría, sino como lenguaje.

Más allá de los nombres propios, Bridal Runway Latam volvió a dejar una pregunta sobre la mesa: ¿qué significa hoy vestirse de novia? Quizás la respuesta ya no esté en una silueta específica, sino en la libertad de construir una narrativa propia, donde el vestido se convierte en extensión de una identidad.

Fotos:@photojohnnyok