Kate Moss en Gucci. (Marie Claire)

Moda | Hoy 07:51

Gucci 2026: así fue la primera colección de Demna en pasarela

El debut de Demna en Gucci inaugura una nueva etapa para la maison italiana: archivo, sensualidad noventosa y dramatismo renacentista se cruzan en una colección que propone convertir la marca en sentimiento más que en concepto.

Francesca Fanciulli

El esperado debut de Demna en Gucci marca un punto de inflexión para la casa italiana. Más que una colección, Otoño/Invierno 2026 funciona como declaración de principios: rescatar los códigos históricos de la marca y filtrarlos a través de una mirada contemporánea, audaz y profundamente identitaria.

En una locación monumental atravesada por referencias escultóricas que evocan el Renacimiento florentino, el diseñador construyó un relato donde pasado y presente dialogan sin nostalgia. La inspiración en Botticelli se traduce en siluetas escultóricas, drapeados calibrados y un vestido blanco etéreo que remite a la Venus clásica, reinterpretada con materiales tecnológicos y acabados actuales.

 

 

Pero si el Renacimiento aporta solemnidad, los años ’90 y los primeros 2000 introducen actitud. Regresan los cinturones con doble G, las gafas máscara, las medias logadas y una sensualidad explícita que mira sin pudor al archivo tomfordiano. El mítico G-string dress reaparece reinterpretado, cerrando el desfile con una Kate Moss que condensa nostalgia y provocación en partes iguales.

La paleta oscila entre blancos y negros rotundos y tonos saturados como rojo y azul, mientras los tejidos laminados, cristalizados y ultra stretch refuerzan esa estética super-fashion que hizo de Gucci un objeto de deseo global. Costuras visibles, transparencias medidas y aplicaciones de espíritu couture revelan la voluntad de conjugar espectáculo y savoir-faire artesanal.

 

 

Los accesorios —botas puntiagudas, bolsos rígidos ladylike, riñoneras múltiples y calzado técnico— se perfilan como futuros best sellers. La logomanía reaparece no como recurso nostálgico, sino como símbolo identitario. La icónica estampa Flora resurge como metáfora de renacimiento y síntesis.

“Gucci debe convertirse en un sentimiento”, afirmó el diseñador. La frase resume la ambición de este nuevo ciclo: trascender el producto para instalar una narrativa cultural. En su visión, la Gucciness no es solo un conjunto de códigos estéticos, sino un estado emocional hecho de drama, deseo, contradicción y memoria.

 

 

Entre archivo y vanguardia, Gucci vuelve a posicionarse como espejo de su tiempo. Porque en esta nueva etapa, el lujo no es solo lo que se lleva: es la forma en que se siente.