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Moda | Hoy 08:02

NATAN, la firma belga de Édouard Vermeulen que define el estilo de la realeza europea

El diseñador belga Édouard Vermeulen construyó en NATAN un lenguaje de sofisticación que seduce a reinas y princesas europeas. Desde Bruselas, su mirada combina rigor, modernidad y discreción.

Desde Bruselas, la maison NATAN construyó un lenguaje propio donde la arquitectura se vuelve moda y la sobriedad, un gesto de estilo. Al frente está Édouard Vermeulen, arquitecto de interiores formado en Saint-Luc que, casi sin proponérselo, terminó convirtiéndose en el diseñador de referencia de reinas y princesas europeas. La firma es habitual en los guardarropas de la reina Matilde y las princesas Astrid y Claire de Bélgica, Máxima de los Países Bajos, la duquesa María Teresa de Luxemburgo, Silvia de Suecia y otras integrantes  de la realeza por su elegancia precisa, silenciosa y contemporánea, pensada para acompañar la exposición pública sin caer en excesos.

Para NATAN, la verdadera sostenibilidad es producir menos, pero mejor.

Heredera de la casa fundada en 1930 por Paul Natan, la marca encontró bajo la dirección de Vermeulen una identidad sólida que combina tradición artesanal, rigor en el corte y una visión actual del lujo. Desde su atelier en Place Brugmann —concebido como un laboratorio de formas y volúmenes—, la firma construye prendas que responden a una premisa clara: vestir con distinción sin necesidad de imponerse. En ese equilibrio entre discreción y carácter radica su fuerza, y también la razón por la que se consolidó como una de las casas de moda favoritas de la realeza europea.

-¿Cómo se convierte un diseñador de interiores en estilista de reinas?

-Nunca imaginé una trayectoria así, ni fue algo planificado. Simplemente fui moviéndome entre disciplinas siguiendo una misma sensibilidad estética. El diseño de interiores me enseñó a observar la proporción, la luz, el equilibrio de los espacios y la importancia de las líneas limpias. Con el tiempo entendí que esos mismos principios se aplican de manera muy directa al cuerpo y a la ropa. Las reinas llegaron después, de forma bastante natural: proponemos una elegancia discreta, atemporal,que no busca llamar la atención sino sostener una presencia, y eso encaja muy bien con lo que ellas necesitan transmitir.

“Vestir a la realeza implica una responsabilidad: la atemporalidad. Mi propuesta es una elegancia discreta que es justamente lo que ellas necesitan transmitir.”

-¿Qué te atrajo del universo de la moda?

-Siempre me interesó la moda como lenguaje. Es una forma de comunicación inmediata, casi instintiva. Me fascinó descubrir cómo una prenda puede transformar no solo una silueta, sino también una actitud, incluso la manera en que una persona se percibe a sí misma. Esa capacidad de generar confianza y seguridad a través de algo tan tangible como la ropa es, para mí, uno de los aspectos más poderosos de este oficio.

-¿Tu primer recuerdo vinculado a este mundo?

-Está muy ligado a mi infancia. Recuerdo a mi madre preparándose para salir, con una atención casi ritual al detalle, al gesto, al conjunto. No era solo vestirse: era una manera de presentarse al mundo. Creo que ahí entendí, incluso sin saberlo, que la moda no es superficial, sino una forma de expresión profundamente personal.

La reina Máxima lo elige para ceremonias oficiales. 

-¿Cómo abordas la sostenibilidad hoy?

Para mí, la sostenibilidad no es una tendencia, sino una responsabilidad que comienza en el proceso creativo. Se trata de producir menos, pero mejor. Elegir materiales nobles, trabajar con talleres locales, pensar prendas que no respondan a una temporada sino que puedan acompañar durante años. Esa idea de durabilidad es clave dentro de la verdadera noción de lujo.

-¿Qué lugar ocupa la artesanía en la era tecnológica?

Es el corazón de todo. La tecnología puede acompañar, optimizar ciertos procesos, pero nunca va a reemplazar la mano, la sensibilidad ni el conocimiento del oficio. En NATAN hay un diálogo constante entre tradición y modernidad, pero siempre desde la convicción de que la artesanía es lo que da sentido y valor a cada prenda.

-¿Qué buscas expresar con cada prenda?

-Busco transmitir calma, pureza, una cierta claridad. Me interesa que la mujer se sienta segura, elegante, pero sin perder naturalidad. No me gusta la idea del disfraz: la ropa debe estar al servicio de quien la lleva, acompañarla, nunca imponerse por encima de su personalidad.

-¿Cómo conviven la atemporalidad y las tendencias?

-Observo las tendencias, por supuesto, pero no las sigo de manera literal. Las interpreto, filtro lo que realmente tiene sentido dentro del ADN de NATAN: las líneas limpias, la calidad de los materiales, la funcionalidad. Cuando se viste a la realeza, la atemporalidad deja de ser una elección y se convierte casi en una obligación.

Su atelier en Place Brugmann está concebido como un laboratorio de formas y volúmenes.

-En 2017 fuiste nombrado Barón por el rey Felipe. ¿Qué significó para vos?

-Es un honor muy grande, que recibo con gratitud. Lo veo como un reconocimiento al trabajo realizado a lo largo de los años, pero también a la relación de confianza que se fue construyendo con las casas reales. Es un logro colectivo, que involucra a todo el equipo que forma parte de la Maison.

-También impulsas un espacio para nuevos talentos. ¿Qué buscas transmitir?

-Me interesa ofrecer un espacio donde los jóvenes puedan experimentar, equivocarse, encontrar su voz. Mi mensaje es bastante simple: curiosidad, compromiso y autenticidad. En un mundo tan saturado de imágenes, lo único verdaderamente valioso es tener una mirada propia.

-¿Te interesa expandirse a otros universos creativos?

Sí, siempre que exista una conexión con el arte de vivir. Me atraen disciplinas como el diseño, la arquitectura o incluso proyectos más inesperados, como la cerveza, porque todos permiten explorar una misma idea de armonía y estética. La creatividad no tiene por qué limitarse a un solo campo.