(Paola Kudacki/Dior Beauty)

Foto: Paola Kudacki/Dior Beauty

Foto: Lebogang Tlhako

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Reportaje Especial | Hoy 08:02

Charlize Theron y su misión de sanar a las mujeres de Sudáfrica

La actriz ganadora del Oscar y embajadora de Dior Beauty, Charlize Theron, fue siempre una de las defensoras más firmes de las poblaciones más marginadas de su país natal. Y la situación es alarmante: los femicidios son cinco veces más altos que el promedio global y la violencia de género sigue en aumento. Viajamos al territorio para conocer a las mujeres que son las verdaderas agentes de cambio.

Resulta casi un cliché describir a Ciudad del Cabo (Sudáfrica) como una ciudad de contrastes, pero eso es exactamente lo que es. Universidades, centros de arte y restaurantes de moda frente al waterfront conviven con la vasta extensión de barrios precarios y townships. Es el país del que proviene Charlize Theron, y ella conoce sus problemáticas de primera mano.

En 2007 creó el Charlize Theron Africa Outreach Project (CTAOP) para poner tanto su fama como su profundo deseo de ayudar al servicio de algo concreto. “Queríamos hacer algo que realmente sintiéramos necesario, en lugar de entrometernos en lo que otros ya estaban haciendo”. Así nació la organización, enfocada en la prevención del VIH y el sida.

Hoy el proyecto fue mucho más allá, construyendo alianzas con programas locales. Básicamente, CTAOP identifica una necesidad y una iniciativa que ya esté trabajando para resolverla, y aporta el apoyo y el financiamiento extra que permiten a los líderes comunitarios generar cambios reales en el territorio, al mismo tiempo que forman a la próxima generación de referentes.

La beca les da a estas jóvenes estudiantes el espacio para estudiar, ser jóvenes y explorar, ofreciéndoles el tiempo y las condiciones necesarias para convertirse en la próxima generación de líderes.

Las becas que cambian destinos

Así llegamos a la Universidad de Ciudad del Cabo para conocer a algunas de las estudiantes que se beneficiaron con el programa de becas de CTAOP.
“¡Amo este programa!”, dice Theron entusiasmada. “Porque vi personalmente de lo que son capaces los jóvenes cuando se les da poder”. Se trata de mujeres jóvenes identificadas por distintos programas y asociaciones locales, que luego reciben esta beca que cubre todos sus gastos universitarios. Onesimo lo explica con claridad:
“Siempre estaba preocupada por cómo pagar la escuela, y ahora durante toda mi carrera nunca tuve que preocuparme por la matrícula ni por si me iba a ir a dormir con hambre”.

Solo se necesitan tres cosas para calificar: la capacidad intelectual y la responsabilidad necesarias para terminar la carrera, cualidades sólidas de liderazgo y pasión por devolver algo a la comunidad. Todas tuvieron que escribir un ensayo. Miché recuerda las primeras líneas del suyo: “Decía: Vengo de los tiroteos en mi barrio. Vengo de niñas y chicos corriendo descalzos por las calles. Vengo de madres jóvenes trabajando sin descanso por sus familias. Vengo de mujeres negras trabajadoras”.

Escucharlas contar de dónde vienen es conmovedor. Y medir cuánto avanzaron, también. Irradian confianza, seguridad en su propio valor y la convicción de que merecen vivir la vida que tenga más sentido para ellas. Todas ingresaron al programa con un objetivo. Pero la beca les dio algo más: una pausa frente a la mera supervivencia. Tiempo y espacio para descubrir quiénes son y qué quieren hacer con su vida.

Onesimo soñaba con abrir una biblioteca, enseñar a leer y “ofrecerles a los chicos de mi comunidad una alternativa a abandonar la escuela y caer en el delito”. Ese sueño sigue, pero ahora también quiere convertirse en patóloga para ayudar a los médicos a identificar y curar enfermedades.

“Este es el jardín Mandala. Ese anillo interior, donde está el área para sentarse, es donde crecen las plantas medicinales. Si te sentás, alguna de las plantas te va a tocar la espalda, y ahí empieza la medicina”. 

Identidad, género y derechos

La historia de Siphosihle es potente. Creció cuidando a un niño al que llama hermano menor, aunque en realidad es hijo de su hermana. El chico nunca tuvo certificado de nacimiento, algo clave para acceder a la ciudadanía, documentos, salud, educación y empleo. Sin eso, los chicos quedan extremadamente vulnerables y muchas veces terminan en la calle.
“Uno de mis objetivos era ayudar a los chicos del township, porque mi hermano no es el único. Quería crear una campaña para facilitar el acceso a los documentos, para que puedan ir a la escuela. Si no, terminan en la calle, influenciados por chicos más grandes, metiéndose en problemas”.

Hoy su hermano ya tiene documentos y está escolarizado. Siphosihle redefinió sus metas, enfocándose en su propia identidad. Estudia género y transformación en el departamento de estudios feministas africanos, hace trabajo de incidencia y lleva adelante investigaciones sobre identidades marginadas.
“Quiero volver a una escuela como la mía y trabajar con chicos queer para darles herramientas. El asesinato de cuerpos queer y el estigma que los rodea… la violencia no es solo verbal, puede ser física y brutal. Quiero crear un espacio donde tengan herramientas para defenderse y para entender que no hay nada malo en su identidad”.

Lucinda Evans en su jardín, en el corazón de Philisa Abafazi Bethu, el espacio seguro que creó. El nombre significa “Sanen a nuestras mujeres”.

Contar historias para cambiar realidades

Miché quiere entrar en la industria del cine. “De donde vengo hay personas e historias increíbles. Me encanta sentarme a escuchar a los mayores hablar de su vida antes del fin del apartheid y de cómo son las cosas ahora. Absorbo esas historias y pienso: esto es material. Quiero escribir y dirigir. Y cuando tenga mi plataforma, quiero volver a mi comunidad y hacer talleres para que otros jóvenes también puedan entrar en la industria”.

Ese recorrido refleja el propio camino de Charlize Theron: alguien que triunfó en el cine y volvió para retribuir. “Que su nombre esté en el programa me inspira a hacer más”, dice Onesimo. “No solo a invertir en mí, sino en otros”.

 

Dior Beauty y el apoyo a largo plazo

El programa de becas es uno de los que CTAOP desarrolla con el apoyo de Dior Beauty. Como embajadora de la marca, Theron siempre hablaba de su fundación. Cuando Dior decidió ampliar su compromiso, ella les propuso algo claro: dejar de lado cualquier idea preconcebida y viajar para ver la realidad en el terreno. Cécile Lochard, directora de sustentabilidad de Dior Beauty, recuerda:

“Nos dio la oportunidad de estar en Sudáfrica y entender el impacto real que CTAOP tenía en organizaciones locales”. Ashlee George, directora ejecutiva de CTAOP, agrega: “Lo que distingue a CTAOP es el tiempo que lleva trabajando con aliados locales. Para Charlize y el equipo, esto siempre fue un compromiso a largo plazo. Los líderes comunitarios conocen mejor que nadie las necesidades. Nuestro rol es apoyarlos para que puedan concretar su visión”.

“Heal Our Women”: sanar a nuestras mujeres

Durante el viaje visitaron a Philisa Abafazi Bethu (PAB), liderada por Lucinda Evans, una fuerza imparable que trabaja para transformar la realidad del township. “Este es el jardín Mandala”, explica Lucinda. “En el anillo interno crecen plantas medicinales. Si te sentás, alguna te toca la espalda, y ahí empieza la medicina. Philisa Abafazi Bethu significa literalmente: Sanen a nuestras mujeres”. CTAOP entró en contacto con ella durante la pandemia, cuando la situación era crítica.

“Las mujeres estaban encerradas con sus agresores, la violencia doméstica aumentaba y los chicos no iban a la escuela. Pensé que la comida podía traer paz a los hogares”. Lo primero que pidió fue comida.
“Alimentamos a tres mil personas por día, siete días a la semana, durante diecinueve meses”.
En el predio hay un “Baby Box”, una caja donde mujeres que no pueden criar a sus bebés pueden dejarlos de forma segura. Cuando se deposita un bebé, suena una alarma y un voluntario lo lleva al hospital. Gracias a eso, al menos cinco bebés fueron salvados.

El alambre de púas está ahí para mantener el peligro afuera y darles a los chicos un espacio donde simplemente puedan ser chicos.

Espacios seguros

El centro también ofrece un programa extracurricular para chicos: una comida diaria, juego seguro y terapia artística y musical para procesar traumas. Lucinda explica: “Cuando hay violencia en el hogar, el chico siente todo pero no puede expresarlo. Después en la escuela nadie entiende por qué reacciona con violencia. Por eso hacemos arteterapia y musicoterapia, para ayudarlos a autorregularse”. También funciona un refugio de emergencia para jóvenes LGBTQIA+, que muchas veces deben huir de sus casas. Además, hay un centro de día para adultos mayores. Pueden socializar, hacer artesanías o cultivar verduras para consumo o venta. “Las personas mayores tienen ingresos”, dice Lucinda. “Eso las vuelve vulnerables al abuso. Muchas veces no denuncian porque el agresor es su propio hijo o nieto”.

Hay unas 140 personas mayores que asisten cada día. Incluso tienen clases de baile. “Somos una nación que baila”, dice Lucinda entre risas. Cuando le preguntan qué desea para el futuro, responde:
“Quiero que alguien tome este modelo y lo replique en su comunidad. Que este proyecto sea conocido como la organización que no vio color ni género y ayudó a sanar una comunidad, hogar por hogar”.