Barreda. (Marie Claire)
Barreda. Foto: Marie Claire
Barreda. Foto: Marie Claire
Mercedes Morán sobre Barreda (Prime Video): “Hay roles femeninos que han sido dañados y demonizados”
En la película sobre el caso Barreda, Mercedes Morán interpreta a la suegra del femicida y recupera la voz de una de las cuatro mujeres asesinadas. En diálogo con Marie Claire, reflexiona sobre el machismo, la violencia que se naturaliza, los estereotipos femeninos y una sociedad que llegó a convertir a Barreda en una suerte de héroe popular.
El caso Barreda (Prime Video) vuelve a ponerse en discusión desde una perspectiva diferente. En la película -que se estrena el 28 de este mes-, Mercedes Morán interpreta a la suegra de Ricardo Barreda, una de las cuatro mujeres asesinadas en 1992, y propone revisar no solo el crimen sino también la manera en que la sociedad y los medios construyeron durante años el relato alrededor del femicida. En diálogo con Marie Claire, la actriz reflexiona sobre la violencia, los estereotipos femeninos, el humor machista y la necesidad de devolverles voz a las víctimas.
—El caso Barreda fue muy conocido en su momento y sigue siéndolo. ¿Por qué es importante hacer hoy esta película?
—Fue un caso paradigmático, no tanto por el drama que suscitó, el de un hombre asesinando a todas las mujeres de su familia, sino por la reacción social y mediática que tuvo. Lejos de ocuparse de las verdaderas víctimas, que fueron su mujer, sus hijas y su suegra, prácticamente, en el peor de los casos, lo trataron de loco, algo que de alguna manera lo eximía de responsabilidad. Y también llegaron a considerarlo casi un héroe nacional.
Con todo ese folclore machista de la época se apoyó una estrategia de la defensa que fue un invento, con esa palabra que quedó en el inconsciente colectivo. Entonces se contó la historia de un pobre hombre harto de que un grupo de mujeres crueles lo humillaran y que finalmente reaccionó e hizo lo que hizo.
Esta película tiene una perspectiva de género y les da voz a las víctimas, que nunca la tuvieron. Creo que la estrategia de la defensa resultó porque había una cobertura social que amparaba ese tipo de pensamiento.
Me parece importante hacerla porque tiene un punto de vista que nos puede ayudar a reflexionar. Si bien las cosas han cambiado, todavía hay una estadística muy alta de femicidios. Y también para poder reconocer que la violencia no siempre se manifiesta de la misma manera. Barreda era un hombre que no levantaba la voz, no golpeaba a su mujer, pero existe otro tipo de violencia. Hay que aprender a reconocerla y a no naturalizar ciertos comportamientos.
Tengo la esperanza de que esta película, que fue uno de los motivos por los que decidí hacerla, tenga una perspectiva y una mirada que nos ayude a evolucionar.
—Interpretás a la suegra, un personaje que quedó en un lugar bastante incómodo dentro del imaginario popular. Sigue existiendo esta idea de “la suegra bruja”. ¿Cómo abordaste el personaje? ¿Intentaste desarmar esos prejuicios?
—Teníamos muy pocos datos de todas las mujeres, porque quien contó la historia fue él. Así que trabajé con algunos datos que teníamos, imaginando esa época, esa condición social y, sobre todo, tratando de entender los vínculos entre ellas. Lo que sí estaba claro era el carácter de este hombre, porque se mostró públicamente muchísimo.
Intenté imaginar cómo podía ser esa dinámica familiar. Pensé que esta mujer pertenecía a una generación que tenía un mandato muy fuerte respecto de la familia. Lo que percibía de infelicidad en su hija y en esa casa probablemente no era suficiente como para saltar ese mandato y decirle a su hija o animarla a que se separara.
Creo que se quedaba viviendo ahí no por una necesidad económica —porque era la única que en ese sentido podía pararse de frente, compartían la propiedad—, sino como una especie de escudo protector. No estoy segura de que ninguna de ellas haya pensado que todo podía terminar de ese modo.
Me ocupé mucho de poner a estas mujeres en su lugar real: eran víctimas de este depredador. No teníamos por qué enfatizar que fueran extremadamente bondadosas, porque no hay nada que justifique una cosa así.
Es como el tema de la pollera corta con una violación. No necesitamos ponernos polleras largas para no ser violadas. Podemos salir con pollera corta, mostrar nuestro cuerpo, y eso no justifica que un violador se nos venga encima.
Me parecía que acá sucedía lo mismo. Las adolescentes eran adolescentes, las jóvenes eran jóvenes. Además, con el carácter tan paranoico de este hombre, seguramente estas mujeres establecían algún tipo de alianzas para poder convivir con él, y esas alianzas alimentaban su paranoia. Pero eran alianzas muy ingenuas: reírse de sus chistes aunque no les causaran gracia, por ejemplo, simplemente para poder soportarlo.
Se trataba también de darles voz a estas mujeres, sobre todo a esas chicas jóvenes que tenían todo un futuro por delante y a las que les faltaba tan poco para salir de esa cárcel que había construido este hombre.
—Barreda llegó a convertirse, para una parte de la sociedad, casi en un héroe popular. ¿Cómo puede transformarse un femicida en un héroe popular? ¿Qué pasó?
—Pasó que es una sociedad patriarcal y machista. Y, para hablar de algo aparentemente más leve que de alguna manera afecta al destino que tuvo mi personaje, está el humor.
Se habla mucho de esto: que reírse de algo no implica que vas a matar a nadie. Claro que no. Pero ese humor construye un espacio donde algunas personas se sienten justificadas, se sienten dueñas.
Lo de la suegra es tremendo. Por eso también pudo construirse esta idea de héroe: “Bueno, mató a la suegra, ¿quién no quiere matar a la suegra?”. Y yo me pregunto: ¿por qué todos quieren matar a la suegra?
Son algunos roles femeninos que han sido literalmente dañados y demonizados. Entonces, de alguna manera, se entiende cómo pudo construirse ese relato.
También estábamos en una época en la que no existía la figura del femicida. Era el famoso “crimen pasional”, “se volvió loco”.
Creo que la película se justifica también por eso. Lo único que vimos y lo que más conocemos es a Barreda, porque él se encargó de ser el único protagonista de esta historia. Y en la película se lo ve como era, y eso habla de lo que hizo.
Yo estuve muy atenta cuando sucedió el caso y creí durante años que le decían “Conchita”. Y aunque hubiera sido así, jamás me pareció que eso pudiera ser justificativo para hacer lo que hizo. Pero haciendo la película me enteré de que ni siquiera era cierto. Era una estrategia de la defensa. Pero, bueno, ¿por qué prendió? Porque la sociedad estaba festejando esas cosas. Un horror.
—¿Cuán importante fue que la directora fuera mujer?
—Fue muy importante que fuera mujer y que tuviera perspectiva de género, porque no necesariamente todas las mujeres la tienen.