Marie Claire Jujuy íntimo (Marie Claire Jujuy íntimo)

Lifestyle | Hoy 07:21

Jujuy íntimo: el nuevo lujo se vive entre cerros, vino y cocina de autor

Más allá de la postal infinita de la Quebrada de Humahuaca, de los cerros que mutan de color con la luz y de las tradiciones que atraviesan generaciones, el norte argentino está consolidando otra narrativa: la del turismo boutique. Experiencias pensadas al detalle, hospitalidad con identidad y una gastronomía que dialoga con el territorio desde el respeto y la creatividad.

En ese mapa íntimo y sofisticado hay tres paradas que funcionan como manifiesto: El Manantial del Silencio, en Purmamarca; El Nuevo Progreso, en Tilcara; y la Bodega Yacoraite, donde cocina Florencia Rodríguez. Tres espacios distintos, unidos por una misma idea: la excelencia no está reñida con la raíz.

El Manantial del Silencio: lujo sereno en el corazón de Purmamarca

A los pies del Cerro de los Siete Colores, casi como si hubiese sido tallado por la misma paleta mineral del paisaje, El Manantial del Silencio propone algo cada vez más difícil de encontrar: desconexión real.

El hotel, construido respetando la arquitectura andina con muros de adobe, galerías coloniales y patios interiores, no compite con el entorno. Lo acompaña. Sus habitaciones miran hacia los cerros o hacia jardines silenciosos donde el tiempo parece desacelerarse.

La experiencia no se limita al descanso. El proyecto familiar que lo gestiona entiende el viaje como una pausa consciente. Aquí el lujo es el espacio, el silencio, la posibilidad de escuchar el viento entre los cardones y volver a una conversación sin pantallas.

La propuesta gastronómica está a la altura del escenario. Con una cocina que combina producto regional y técnicas contemporáneas, el restaurante del hotel trabaja con ingredientes locales elevados a una experiencia de nivel internacional. Sabores andinos reinterpretados con sutileza, vinos seleccionados con criterio y un servicio que equilibra cercanía y precisión.

El Nuevo Progreso: cocina como identidad y manifiesto artístico

En Tilcara, Florencia Rodríguez fundó hace más de dos décadas un espacio que hoy es referencia obligada. El Nuevo Progreso no es solo un restaurante. Es una declaración de principios.

“Para mí la cocina no es solamente cocinar y que guste lo que hago. Es una expresión total”, explica Florencia. Formada en Ciencia Política antes de dedicarse profesionalmente a los fuegos, su mirada combina estructura intelectual y sensibilidad creativa.

El nombre del restaurante no fue una estrategia de marketing. Era el nombre del almacén de su bisabuelo, aunque ella no lo supiera en ese momento. La historia familiar se entrelazó con la quebrada casi sin premeditación. Lo que empezó como una decisión casi casual terminó convirtiéndose en su lugar fundacional.

En Nuevo Progreso la cocina es producto andino, sí, pero también es memoria migrante, aromas de infancia y aprendizajes que sus propios hijos incorporaron creciendo en Tilcara. “Siempre digo que la quebrada es un paisaje comestible. Lo que ves es lo que cocinás”, afirma.

El menú trabaja con ingredientes de cercanía, con productores locales y, sobre todo, con mujeres del territorio con quienes construyó redes desde el inicio. Mucho antes de que la palabra kilómetro cero se volviera tendencia, ella ya cocinaba con lo que la tierra ofrecía.

La experiencia va más allá del plato. Texturas, colores, vajilla, música, obras de arte en las paredes, hospitalidad medida al detalle. Nada es improvisado, aunque todo se sienta orgánico. “Queremos que la gente se vaya con algo más que una comida. Con un libro, con un vino, con una experiencia distinta a cualquier otra”, cierra Florencia.

Bodega Yacoraite: cuando el vino y la montaña dialogan

Frente a los cerros, casi como si el comedor tuviera un televisor natural que transmite montañas en vivo, Florencia también lidera la propuesta gastronómica de la bodega. Aquí el eje es otro: el diálogo entre cocina, territorio y vino.

“El terruño habla”, resume. Y en Yacoraite esa conversación es explícita.

El menú de pasos cambia de manera cíclica, siguiendo ritmos propios de la quebrada. No se trata de temporadas rígidas sino de respetar los tiempos del entorno. Hay ingredientes que permanecen todo el año y otros que aparecen según lo que la tierra permite.

La cocina es elaborada, profundamente trabajada, pero anclada en producto andino de cercanía. Kilómetro cero real. El equipo participa incluso en la creación de parte de la vajilla, hay una pequeña huerta y un cuidado obsesivo por el servicio.

Aquí el vino no acompaña. Integra. Cada plato está pensado para potenciar la identidad de la bodega y del paisaje que la rodea. El resultado es una experiencia gastronómica sofisticada sin perder autenticidad.

La gastronomía jujeña ha ganado reconocimiento en los últimos años, y Yacoraite es parte de esa consolidación. No por seguir tendencias globales, sino por afinar cada vez más su propia voz.

El turismo boutique en Jujuy no es una moda pasajera. Es la evolución natural de un territorio que entendió que el verdadero diferencial está en la identidad.

Dormir con vista a cerros milenarios, comer lo que el paisaje ofrece y brindar con vinos que nacen de esa misma tierra no son experiencias aisladas. Son parte de una misma narrativa: la del respeto por el territorio y la búsqueda de excelencia.

Entre el silencio de Purmamarca, la energía creativa de Tilcara y el carácter vitivinícola de Yacoraite, Jujuy propone algo más que un viaje. Propone una inmersión.

 

Fotos: Juan Jauregui / Nora Dorado

Producción: Los Garcia